El final de Noelia, de 25 años, se ha regido por el Manual de buenas prácticas en eutanasia, recogido en la
Ley Orgánica 3/2021 (de 24 de marzo), que regula el derecho a una muerte digna. Noelia ha muerto esta tarde en el centro sociosanitario del
Garraf en el que la joven recibía asistencia. En su habitación, “mi lugar de confort”, como dijo ella, y sin ningún familiar presente, como también ha decidido. Allí solo ha estado el equipo médico designado para esta muerte asistida.Todo lo que ha ocurrido en esa habitación está muy pautado por los protocolos de ese manual establecido por el
Ministerio de Sanidad. El equipo médico encargado de cumplir el deseo de Noelia a una muerte digna para dejar de sufrir ha sido elegido entre aquellos sanitarios que no sean objetores de conciencia a la eutanasia -es un derecho que asiste a estos profesionales- y, según el protocolo, lo primero que han debido confirmar es que la joven mantenía su deseo de morir y que su capacidad mental para dar ese paso no estaba alterada. Es el último trámite antes de iniciarse el proceso farmacológico.Los protocolos establecen dos posibilidades para la muerte digna: por vía intravenosa u oral. Lo normal es optar por la primera. “Se recomienda el uso preferente de la inyección intravenosa ya que facilita el proceso, tanto de preparación (por evitar las diluciones) como de administración al requerir un equipo más sencillo”, recoge ese manual.“Se recomienda el uso preferente de la inyección intravenosa ya que facilita el proceso”, recoge el protocoloSe suministra un cóctel de varios fármacos con una administración pautada con un orden establecido. El kit para una eutanasia se prepara con antelación y en versión doblada. El proceso es rápido; suele tener una duración entre 15 y 30 minutos. Aunque la pérdida de conciencia, con sedación, suele ser casi inmediata al suministrarse el primero de los medicamentos. El principal objetivo, como no podría ser de otra manera, es garantizar una muerte sin sufrimiento.El protocolo de ese Manual de buenas prácticas en eutanasia aconseja “una premedicación intravenosa para disminuir el nivel de consciencia previamente a la inducción del coma”. El medicamento recomendado es midazolam. La dosis la establece el equipo médico en función de cada persona. El efecto de ese fármaco en casi inmediato solo administrarse.El proceso es rápido; suele tener una duración entre 15 y 30 minutos, aunque la pérdida de conciencia, con sedación, suele ser casi inmediata“Tras la premedicación y el anestésico se administra el medicamento inductor del coma. El fármaco de elección es Propofol”, recoge ese manual. Superado ese trámite y antes de seguir con la administración de más fármacos, “el facultativo debe asegurarse de que el coma se ha inducido correctamente y en caso de no cumplir las características, debe administrar otros 500 mg de Propofol”Una vez se confirma que el paciente ha entrado en un coma profundo, llega la hora de administrar, establece el mismo protocolo, “el medicamento bloqueante neuromuscular”. Se administra siempre, “incluso si el paciente ha muerto tras la medicación de inducción del coma”. ¿Por qué se hace? “El bloqueante neuromuscular provocará -certifica ese manual- una parada respiratoria total en pocos minutos, seguida de una parada cardíaca”.En la parte final del proceso se administra un bloqueante neuromuscular, que provoca la parada respiratoria total en minutosEl protocolo pauta también los tiempos para cada paso que se da: “La medicación de inducción del coma se administra en no más de 5 minutos. La pérdida de conciencia se produce en 1-2 minutos tras su administración. Tras comprobar que el paciente está en un coma profundo se administra el bloqueante neuromuscular también de forma rápida”.La ley que regula la muerte digna contempla, por otro lado, la posibilidad de que la persona “se pueda auto administrar esos fármacos para causar su propia muerte”. Si la opción es administración oral, “es el paciente quien toma, él mismo, los medicamentos suministrados por el equipo asistencial”. Por vía intravenosa, “es el paciente el que abre la llave de la bomba de infusión del medicamento inductor del coma, siendo así el propio paciente el que inicia el proceso”.Sea cual sea el proceso el equipo médico no puede abandonar la habitación hasta que se certifica la muerte. Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 2000. Fue corresponsal en LLeida y Pirineos. Actualmente adscrito a la sección Sociedad. Autor del libro 'Acoso escolar' (RD Editores)