Llevamos cinco años viviendo con los suegros y en el último año hemos tenido un hijo. Todos en la misma habitación. Independizarse, con lo cara que está la vida y los sueldos bajos, es una odisea”. Así de contundentes se mostraron
Benjamín y
Esther, de 28 y 27 años, que hace dos años ganaron un sorteo de vivienda pública de alquiler, promovido por el
Incasòl en
Can Llong de
Sabadell. Hoy jueves, en las puertas de su nuevo piso, estaban contentos de poder, por fin, disponer de casa propia, pese a la frustración por ese año extra de espera.“Veíamos que la obra ya estaba acabada porque no había máquinas ni obreros, solo la valla, pero sufríamos por si alguien ocupaba estos pisos”, explican.
Esther trabaja de cajera,
Benjamín de mozo de almacén, con unos sueldos “muy justos” para emanciparse. “Nos ha sido imposible acceder a una hipoteca y tampoco nos daba para pagar un alquiler en
Els Merinals –periferia de
Sabadell– donde vivimos con mis padres. Apenas había oferta y la poca que salía no bajaba de 900 euros al mes por un pisito; un sueldo nuestro”, lamenta.“Veíamos que la obra ya estaba acabada y nos daba miedo que alguien ocupara las viviendas”El
Incasòl avisó, con un SMS, el 4 de marzo que les había tocado este piso y que podían visitarlo al cabo de unos días. El bloque, en la
ronda Europa 299, cuenta con 34 viviendas –dos se han reservado para casos que determine la mesa de emergencia social– con una superficie útil de unos 55 m2.Aunque hace un año que se sortearon entre unos 170 candidatos de hasta 35 años, las llaves se entregaron, finalmente, hoy en un acto presidido por la consellera de Territori i Habitatge,
Sílvia Paneque, y el teniente de alcaldía de Presidencia,
Eloi Cortés. El motivo del retraso, según la conselleria, fue “por un desacuerdo por los costes con la constructora”. El
Incasòl adjudicó los trabajos por 4,36 millones de euros en 2022. La promoción estaba finalizada el pasado otoño, aunque las vallas la han protegido hasta hace poco. Con todo terminado, la adjudicataria subió el importe final, una desviación del coste que Habitatge no quiso aceptar. “Hemos estado trabajando algunos aspectos económicos con la constructora. Las negociaciones se han alargado semanas y por eso se ha retrasado la entrega”, justificó Paneque. “Lamentamos el retraso, pero celebramos que hoy ya pueda ser una realidad, gracias, en parte, al compromiso del
Sabadell" class="entity-link entity-organization" data-entity-id="68433" data-entity-type="organization">Ayuntamiento de
Sabadell con la vivienda”.Esa tardanza ha dificultado muchísimo la vida de los nuevos inquilinos. Sílvia Pérez es enfermera en Terrassa y reconoce que lleva “un año pagando 1.200 euros de alquiler en el centro de
Sabadell, casi un sueldo”. Asegura que ha sido un ejercicio de subsistencia. “Me he tenido que sacrificar mucho pero este piso es un regalo, que me permitirá ahorrar”, aseguraba, feliz. Ana María y su hija Nazari vivirán en unos de los dos pisos de emergencia social. En la foto de grupo, la madre gritó un contundente: “¡Llevamos un año con todo empaquetado! ¡Ya era hora!”. Reconocen su fragilidad económica y vital –la madre, con un cáncer, la hija con un 60% de discapacidad intelectual y con 160 euros de ingresos por orfandad–y que podrán vivir “gracias a las ayudas... Las hemos pasado canutas para sobrevivir”, reconocen.
Eloi Cortés afirmó que, para el consistorio, la vivienda pública es “una de las máximas prioridades y agradecemos a la Generalitat por impulsar esta promoción”. Es la primera del
Incasòl en
Sabadell en los últimos siete años.