Un tribunal de
Taipéi sentenció este jueves a 17 años de cárcel “por corrupción” a
Ko Wen Je, anterior alcalde de la capital taiwanesa. Ko logró hace dos años el 26,5 % de los votos en las elecciones presidenciales, como candidato del Partido Popular de Taiwán (PPT), que él mismo había fundado cinco años antes para terminar con décadas de bipartidismo. Por eso su condena sacudirá los equilibrios políticos de la República de China y, potencialmente, su relación con los Estados Unidos de América y la República Popular de China. Sobre todo porqué tanto su partido como el
Kuomintang -ambos en la oposición- acusan de “persecución política” al gobernante Partido Democrático Progresista (PDP). Sea como sea, los magistrados a cargo de su juicio han considerado probado que
Ko Wen Je aceptó 15 millones de dólares taiwaneses (más de 400.000 euros) por aumentar el suelo edificable del centro comercial
Core Pacific City, durante su etapa en la alcaldía (2014-2022). El presidente del grupo Core Pacific,
Shin Ching, ha sido condenado por su parte a diez años de cárcel, mientras que otros siete individuos han recibido penas de reclusión de entre un año y 15 años y medio. Asimismo,
Ko Wen Je se ha visto despojado de sus derechos políticos durante seis años, por lo que no podrá presentarse a las elecciones presidenciales de 2028. Un mazazo del que Ko, cirujano de profesión, de 67 años, difícilmente podrá reponerse. Lo mismo vale para su fuerza política centrista, que en las encuestas había descendido a un 10% de la intención de voto. La semana pasada, el citado PPT ya acordó coordinarse con el
Kuomintang de cara a las elecciones locales de noviembre. Tercero en las presidencialesKo Wen Je se presentó en su día como ajeno a la élite y sus corruptelasAmbos formaciones lograron arrebatarle a los “soberanistas” del PDP la mayoría en el
Yuan Legislativo (parlamento de Taiwán) en los comicios de enero de 2024. Seis meses después, el cerco se estrechó sobre ambas formaciones opositoras. Ko fue imputado por la presunta aceptación de sobornos y malversación de donaciones e ingresó en prisión preventiva. Salió al cabo de un año con grillete electrónico, tras pagar la fianza más abultada de la historia de Taiwán, de 1,9 millones de euros. Simultáneamente, el PDP intentó impugnar la mayoría de los escaños en manos de la oposición -con argumentos de “seguridad nacional”- mediante referendos en sus respectivas circunscripciones, que perdió en todos los casos. La purga sí ha surtido efecto en el caso de Ko, primer líder opositor encarcelado en estas tres décadas plenamente democráticas de Taiwán. El interesado, que se considera víctima de una caza de brujas, se negó en todo momento a responder a las acusaciones. La prueba de cargo era un archivo informático en el que se leía “Pequeño Shin 1500”, cosa que el fiscal interpretó como un apunte de 15 millones de comisión. Luego la fiscalía logró armar la acusación con confesiones, que han convencido a los magistrados. Partidarios del exlíder -hasta su imputación- del centrista Partido Popular de Taiwán (PPT)
Ko Wen Je, a la entrad del juzgado, este jueves RITCHIE B. TONGO / EFENo así a las docenas de simpatizantes de Ko que se congregaron frente al juzgado. Tampoco al 75% de los participantes en la encuesta de uno de los principales portales de Taiwán (udn.com) que consideran la sentencia “excesivamente severa”, “una persecución judicial” y “una “injerencia política”.
Ko Wen Je conquistó la alcaldía de
Taipéi como independiente, con un programa alejado de la pelea identitaria del
Kuomintang (nacionalista chino) y del PDP (con mejor sintonía con Washington y Tokio). Los jóvenes, en particular, premiaron su preocupación por el elevado precio de la vivienda o el escaso monto de los salarios. La mayor afinidad del PPT con el
Kuomintang -centro de gravedad de
Taipéi- ha ido creciendo con los años. Sus ocho diputados en el parlamento son los que decantan la balanza, ahora mismo, contra la aprobación de un presupuesto récord para armamento. Este mismo jueves, el “embajador” oficioso de EE.UU. en
Taipéi volvía a reclamarle al presidente Lai Ching Te que eleve de una vez el presupuesto de Defensa hasta el 5% del PIB. Sin embargo este -al que le bastó un 40% de los votos para proclamarse presidente- no puede hacerlo con la actual aritmética parlamentaria. Tampoco juega a favor de la persuasión estadounidense el estancamiento de su ofensiva contra Irán, el desplazamiento de recursos defensivos desde Asia hacia Oriente Medio por incapacidad industrial y la destrucción de muchos de sus sistemas defensivos y ofensivos. Peor aún, la agresión estadounidense ha resultado en el cierro del estrecho de Ormuz, como era previsible, poniendo contra las cuerdas a Taiwán. Uno de los territorios que más depende del gas licuado procedente de Qatar. La misma apuesta energética del PDP -que cerró las nucleares -el último reactor, hace once meses- está ahora en la picota. Washington y Pekín siguen de cerca los acontecimientos. De entrada, el final político de Ko y el desmoronamiento de su partido son una buena noticia para el “soberanista” Lai Ching Te, pero la concentración de voto en el
Kuomintang -partidario del diálogo entre chinos- podría terminar siendo un regalo envenenado. Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.