No hay nadie en
Catalunya que sepa tanto sobre autómatas como
Lluís Ribas. Él es conservador del único museo del país dedicado exclusivamente a estas máquinas que imitan la forma y los movimientos de payasos, saltimbanquis, pitonisas o demonios. Situado en la torre más antigua del
Tibidabo desde 1982, el espacio reúne una cuarentena de autómatas ajenos al paso de los siglos. “El más antiguo de la exposición es El payaso mandolinista, que data de 1880. Es anterior a la apertura del parque, que se inauguró en 1901”, desvela Ribas justo antes de ponerlo en marcha.Su mecanismo se activa pulsando un botón verde y, cuando cesa su movimiento, pide tiempo para funcionar de nuevo. Cinco, seis, siete minutos... La espera varía según el autómata. “El más especial quizás sea El payaso y la rana, de 1911. Forma parte de una producción muy limitada. Se cree que solo hay dos en todo el mundo”, detalla el experto. Por motivos de conservación, su uso está restringido, pero en el día que lo visitamos Ribas se anima a encenderlo. Los engranajes comienzan a moverse y se hace el silencio entre los presentes: el payaso cobra vida elevando su pierna lentamente hasta alcanzar su visera, que se retira con ayuda del pie para pedir monedas al espectador con descaro.Ribas participó en el 2005 en un concurso de autómatas en el marco de la Exposición Universal de AichiRibas no heredó su afición por los autómatas. Sus padres eran payeses en
Castellbisbal en una época en que las viñas conformaban la mayor parte del paisaje. Dejó de ser así cuando la industria fue tomando poco a poco los terrenos de cultivo, un fenómeno que vino acompañado de una precarización cada vez mayor del trabajo en el campo. Todo ello hizo que nuestro protagonista guiara sus pasos hacia la mecánica. Tras sacarse el título, quiso enseñar a otros lo que había aprendido y empezó a ejercer como profesor de formación profesional en el instituto
El Palau de Sant Andreu de la Barca. “Me di cuenta de que no había material didáctico para mostrar a mis alumnos y alumnas cómo funcionaban los engranajes de las máquinas. Y decidí hacerlos yo mismo”.La producción de este autómata fue muy limitada; se cree que solo hay dos en el mundoÀlex GarciaUna cosa llevó a la otra y de los instrumentos educativos para sus clases se pasó a los autómatas. Motivó este cambio una visita al museo del
Tibidabo ya mencionado. Pese a haberlo frecuentado prácticamente cada año durante su infancia, no fue hasta aquel momento, con 25 años, que pensó en construir máquinas como aquellas con sus propias manos. Rapiñaba todas las viejas piezas metálicas, maderas y herramientas que se repartían por la casa de payés de su familia, que combinaba con otras nuevas para sus creaciones. Un par de años después celebró su primera exposición de autómatas en
Castellbisbal coincidiendo con una muestra de teatro a la que asistieron algunos periodistas. Su hobby llamó la atención de unos reporteros de TV3, que regresaron otro día para grabar un reportaje centrado en él y las máquinas que había creado. “Tras la emisión del reportaje, que duraba apenas 45 segundos, comencé a recibir llamadas de personas que habían heredado autómatas o coleccionistas que necesitaban reparar alguna pieza. También de ayuntamientos que querían exponer mi colección en sus pueblos”, recuerda.El ‘Maravilloso taller mecánico’ es una reproducción de una manufactura con todos sus operarios y aparatos
Àlex Garcia‘Infierno’ imita un averno en que los demonios observan cómo los condenados son engullidos por las llamasÀlex GarciaNo pasó mucho tiempo hasta que un vendedor y amigo suyo del barcelonés mercado de los Encants le comentó que buscaban a un restaurador de autómatas en el parque de atracciones de Collserola. Se presentó a la solicitud y lo cogieron. Corría el año 2002. “Al principio tuve que reparar muchos mecanismos. En aquella época estaba todo muy dañado”, apunta. Lo hizo manteniendo la pureza de los artefactos, arreglando las piezas antiguas o fabricándolas desde cero. También contactó con artesanos para que repararan la indumentaria de algunas de las figuras. Cuando lo tuvo todo a punto, se quedó como conservador. De aquello hace un cuarto de siglo.Con 58 años, miro atrás y me doy cuenta de que mi vida ha sido un regaloLluís RibasTodo este tiempo, Ribas ha subido dos veces por semana a la montaña mágica para desarrollar sus tareas de conservación, compaginándolo con la docencia. Además, ha continuado construyendo sus propios autómatas, uno de los cuales se puede ver en el
Tibidabo. Con el nombre de Los hermanos Gaüs, representa el equilibrio entre las fuerzas del bien y el mal. “Lo hice en 2005 para la Exposición Universal de
Aichi, en Japón, después de que la pintora barcelonesa Marta Montcada me animara a participar en un concurso de autómatas que allí se celebraba”. Al certamen se presentaron mil personas, pero solo 36 llegaron a la final celebrada en el país nipón, entre ellas
Lluís Ribas. “No gané”, dice entre risas, pero el recuerdo de aquel viaje le hace brillar los ojos. “Entonces estas máquinas todavía eran valoradas por mucha gente. Pero las siguientes generaciones abandonaron las tecnologías más antiguas en favor de la electrónica y la informática”.'Los hermanos Gaüs', un autòmata fabricado por Ribas, representa el equilibrio entre las fuerzas del bien y el malÀlex GarciaEl resto de autómatas que ha fabricado a lo largo de los años se encuentran en su casa de
Castellbisbal, donde organiza visitas a familias y personas interesadas. Son una veintena y ocupan la antigua bodega de 35 m² donde sus padres conservaban las barricas de vino. “Ahora, con 58 años, miro atrás y me doy cuenta de que mi vida ha sido un regalo. No me hubiera imaginado nunca que sería así”, reconoce. Desde hace un tiempo, está formando a uno de sus exalumnos de mecánica para que coja su rol en el museo. Desde el parque le pidieron que preparara a una persona porque temían no encontrar a nadie con sus conocimientos tras su jubilación. Ribas parece ser el último custodio de los autómatas en
Catalunya. O al menos de momento. Pero se lo toma con calma. “Aún me quedan algunos años en el museo del
Tibidabo. Paralelamente, seguiré construyendo autómatas para mi colección personal vinculados a aspectos íntimos de mi vida”, afirma. Más adelante, saciará su hambre de mundo. “Hay mucho que explorar”.Periodista especializada en cultura y ocio. Máster en Humanidades por la UOC y graduada en Periodismo por la UIC