La
Barcelona que conocemos y pisamos cada día fue en el siglo I a.C. una pequeña colonia romana llamada Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna
Barcino, o simplemente
Barcino. Fundada y liderada por el emperador
Octavio Augusto, dejó una huella eterna que hoy en día perdura entre sus calles y todavía se pueden visitar restos de la muralla, los dos acueductos, una torre de vigilancia, lo que queda de las columnas del templo de Augusto, unas termas y en el subsuelo de la plaza del Rei, yacimientos que correspondían a edificios y calles construidas entre los siglos I y VI a.C.En el mapa del
Imperio romano,
Barcino ocupó un papel secundario frente a grandes núcleos como
Tarraco, capital de la provincia, o
Emporiae, tal como explica
Arturo de la Oliva, conservador del
Museu Arqueològic de Catalunya, que recuerda que concentraba “el teatro, el circo, el anfiteatro… todo lo que debería tener una ciudad romana arquetípica”.
Barcino, en cambio, “no disponía de esos elementos”. Fundada como parte de la reorganización administrativa de
Hispania, la colonia buscaba reforzar el control imperial y explotar los recursos del territorio. En épocas de crisis, el refuerzo de su muralla fue clave para su supervivencia e incluso para superar a
Tarraco en el siglo V. Esta muralla, a la vez defensiva y simbólica, delimitaba una ciudad de apenas diez hectáreas y tuvo dos fases constructivas. “La primera era más ceremonial, de apariencia”, explica De la Oliva, mientras que la segunda, ya en época gótica, “se construyó sobre la anterior y se aprovechó”.Un fragmento del acueducto romano al lado de la plaza de la Catedral de BarcelonaMané EspinosaLo que queda de las murallas y buena parte de este patrimonio se conserva por iniciativas de centros como el
Barcelona" class="entity-link entity-organization" data-entity-id="69532" data-entity-type="organization">Museo de Historia de
Barcelona o el Museo Arqueológico de Catalunya. Son los dos espacios con una mayor colección romana y los que se ocupan de conservar y visibilizar el pasado imperial de la capital catalana. Gracias al
Barcino" class="entity-link entity-event" data-entity-id="69533" data-entity-type="event">Pla
Barcino del 2012, con el objetivo de fomentar la investigación de la ciudad y acercarla a la gente, los restos y objetos arqueológicos fueron restaurados y adaptados para el acceso al público. Así, hoy es posible visitarlos gracias a los itinerarios por la ciudad organizados por estos centros y divulgadores.El Museo de Historia ofrece una interesante ruta por el corazón de la antigua colonia. El recorrido puede hacerse en cualquier orden, aunque desde el propio museo recomiendan “empezar por la plaza del Rei, donde más información hay del origen de la colonia y se pueden ver algunas piezas de la época’’, indica Daniel Alcubierre, responsable de programas públicos del centro. En la planta subterránea se conserva el antiguo barrio artesanal romano, con talleres, factorías, restos de la muralla y calles que permiten hacerse una idea del funcionamiento de la colonia. Para Alcubierre, los imprescindibles de
Barcino serían “el subsuelo de la plaza del Rei; el templo de Augusto, un poco escondido, pero impresionante; y los restos de la muralla, para ver la dimensión de la colonia’’.Los imprescindibles de
Barcino a visitar serían la plaza del Rei; el templo de Augusto y la muralla, según AlcubierreFuera del museo, la ruta se completa con diferentes vestigios integrados en la
Barcelona actual. En la plaza Nova se conservan las torres semicirculares y uno de los accesos laterales de la antigua muralla, junto a la reconstrucción de uno de los acueductos que abastecían de agua la colonia. En la calle Duran i Bas se pueden ver los restos del segundo acueducto, hoy integrados en la pared de un edificio. Y en la plaza Traginers se mantiene en pie una torre circular que defendía el ángulo este de la muralla.Todos estos restos, hoy plenamente integrados en la
Barcelona moderna, forman parte de algunas de las paradas del recorrido del
Barcelona" class="entity-link entity-organization" data-entity-id="69532" data-entity-type="organization">Museo de Historia de
Barcelona, que invitan a adentrarse en el relato de la ciudad romana y a descubrir un pasado que, para muchos visitantes, sigue siendo una sorpresa. Según Alcubierre, el público local suele llegar con cierto conocimiento previo, mientras que para los turistas la experiencia resulta “una sorpresa que la visita se haga bajo tierra, sobre todo en la plaza del Rei, no se lo esperan”.Los dos mueseos reúnen obras de la época romana y tardo antigua Llibert Teixidó / PropiasTambién existen itinerarios creados por profesionales autónomos, como el del periodista especializado en investigación y divulgación histórica Carlos Mesa, que lleva más de una década mostrando los vestigios de la antigua
Barcino a los más curiosos. Mesa explica que su interés surgió al detectar “la continuidad del trazado”, ya que al observar el barrio Gótico, “el Decumanus Maximus y el Cardo Maximus siguen siendo las arterias donde hoy la gente se toma un café o compra ropa”, con la antigua ciudad romana todavía “perimetrada y concentrada en un mismo lugar, con sus torres”. Su ruta, de unas dos horas y media, apuesta por ir más allá de la observación superficial: “En mis tours siempre se ahonda en la historia y contamos mil anécdotas relacionadas con los antiguos misterios que todavía tiene la Antigua Roma”.A diferencia del Museu d’Història, Mesa inicia el recorrido en la necrópolis romana de la plaza de la Vila de Madrid y guía a los asistentes por murallas visibles y ocultas, las columnas del templo de Augusto, las termas romanas del actual Centro Cívico Pati Llimona y otros enclaves, hasta terminar en la domus romana de Avinyó. Su objetivo, afirma, es que “la gente no vea piedras, sino que se imagine cómo era esa época” y que sienta “que caminan sobre la antigua
Barcino”, una experiencia que culmina con “un audiovisual a pantalla grande en el que se proyecta la reconstrucción virtual de la antigua
Barcino en formato 3D”.El periodista Carlos Mesa propone una ruta para ir más allá de lo superficial e indagar en los misterios de la Antigua RomaDurante la ruta, los participantes acceden incluso al interior de torres romanas, una de ellas convertida en la actualidad en capilla, donde Mesa explica “cómo se pasó del culto a Hermes, dios de los viajeros y los comerciantes, al de San Cristóbal”, como ejemplo del sincretismo religioso.Para el divulgador, el impacto es mayor cuando el visitante comprende que “si caminas por la calle de la Llibreteria, estás pisando exactamente el mismo eje que pisaba un legionario jubilado hace 1.900 años”. O cuando descubre, casi por sorpresa, las columnas del templo de Augusto, “de nueve metros de altura, que te obligan a mirar hacia arriba y sentirte diminuto”. Mesa sostiene que, sin una explicación previa, “el ciudadano medio no ve lo que tiene delante”, ya que “
Barcelona posee una identidad gótica y modernista tan potente que lo romano queda relegado a un segundo plano visual”. Por eso, defiende una divulgación que despierte curiosidad y pensamiento crítico: “No me gusta quedarme en lo que se puede encontrar en los libros, quiero que al finalizar la ruta el asistente tenga ganas de ir a una biblioteca para saber más”.La exposición comisariada por
Arturo de la Oliva y Mario Cervera 'IMPERIVM. Històries romanes' se estrena el 17 de mayo'Llibert TeixidóSi nos alejamos del perímetro de las antiguas murallas, en Montjuïc, en el Museu Arqueologic de Catalunya actualmente se puede visitar la exposición IMPERIVM. Històries romanes , comisariada por el mencionado
Arturo de la Oliva y Mario Cervera. La muestra presenta al público una gran colección de piezas de este periodo de ocupación romana en la ciudad, algunas de ellas expuestas por primera vez. Tal y como cuenta De la Oliva: “No es una exposición centrada solo en
Barcino, sino que también explica el
Imperio romano a través de historias humanas’’. Y en este relato la ciudad “aparece integrada dentro de una estructura imperial mucho más amplia”.El comisario subraya que muchas de las piezas expuestas permiten conectar directamente con la vida cotidiana: “Hablamos de objetos que nos explican cómo vivían, cómo comían, cómo se relacionaban”, lo que ayuda a situar
Barcino más allá de los grandes monumentos. En este sentido, destaca que la muestra busca ir más allá de lo visible: “Paseando por
Barcelona vemos estructuras, pero aquí podemos entender el contexto, el porqué y el para qué de esos restos”.La muestra ‘IMPERIVM’ recoge objetos originales que profundizan en la historia de la colonia y del imperio romanoAun así, la exposición establece un diálogo directo entre las piezas arqueológicas y los restos visibles en la capital catalana. Entre ellas destaca “un friso de lo que habría sido el templo de Augusto”, vinculado a las columnas conservadas en la calle Paradís, así como “la inscripción dedicada a Caius Coelius, que es una pieza muy importante de la
Barcino romana, porque son los primeros registros escritos o resultados epigráficos”. Esta inscripción documenta que “Caius Coelius levantó los muros de la muralla, las torres y las puertas”, y remite a la primera fase defensiva de la colonia.La exposición 'IMPERIVM'Llibert TeixidóMás allá de los restos urbanos, IMPERIVM aporta una mirada que no puede obtenerse paseando por
Barcelona. “Ofrece una panorámica de la idea de Roma”, dice el comisario. Así, se propone un recorrido por “la religión, la ciudad misma, cómo se situaba el ocio o el negocio”, ofreciendo “una visión generalista que abarca la gran mayoría de claves de lo que sería la situación romana” y que permite contextualizar
Barcino dentro de un marco imperial mucho más amplio.Lejos de estar cerrada, la historia romana de
Barcelona sigue ampliándose. Este verano, a raíz de las obras de la Via Laietana, se encontró una tumba intacta; en Montjuïc aparecieron hace poco unas antiguas canteras romanas, el Museo de Historia ya ha iniciado los trabajos de restauración de una nueva domus, la villa de Antoni Maura; y, más recientemente, bajo la histórica Casa Requesens se ha hallado un pavimento de losas de piedra correspondiente al foro romano, y que revelaría, según algunos, su alineación con el mar y no con la montaña, aunque no está claro y genera controversia. Sea como sea, estos nuevos hallazgos, en un futuro no muy lejano, serán probablemente paradas de los itinerarios mencionados y prueban, dice Alcubierre, que “la historia de
Barcino se sigue escribiendo”.