Una colcha de lino, un almohadón de alpaca, una alfombra de lana cruda, un chal de cashmere o una estola de seda. Todos ellos elaborados a mano, con fibras naturales, mimo y tiempo. Es la única manera en que quiere hacerlo la firma Ábbatte. Entre sus objetos textiles, hay también una manta de butaca confeccionada con lana merina y seda natural, como la que los
Reyes de España regalaron al papa
León XIV en la audiencia que mantuvieron el pasado 20 de marzo en la
Ciudad del Vaticano. La recién nacida
Alianza por la Lana, dedicada a proyectar el valor de la fibra española como patrimonio vivo y a impulsar el desarrollo rural, cobraba protagonismo a través de la pieza elaborada por la firma de textiles artesanales ubicada en
Segovia, escogida por los reyes
Felipe y
Letizia para la ocasión.Los
Reyes de España y
León XIV al que le regalaron una manta merina de la firma Ábbatte Simone Risoluti / EFELa historia de Ábbatte se enraíza en un lugar mágico y terrenal: las ruinas cistercienses del monasterio de
Santa María de la Sierra, en la ladera segoviana de la sierra de Guadarrama, en la localidad de
Collado Hermoso. Hoy en día, sede de Ábbatte y también su emblema. Y es que, en su cronología, primero fue el espacio y después el negocio, que nació asido a la maestría, la permanencia en el tiempo y el arraigo al territorio. A unos valores que no son los de ahora.“El monasterio vino a nosotros en 2005, aunque en nuestros planes de vida no estaba comprar una ruina cisterciense. Teníamos una casa muy cerca del monasterio e íbamos a pasear por allí muchas veces. Nos habíamos enterado de que iban a construir un hotel de 60 habitaciones y la ruina iba a quedar dentro de un edificio moderno, no se iba a ver. Todo esto iba a tener un impacto brutal en el entorno. Al cabo de dos años, nos avisaron de que el proyecto no iba a salir adelante, así que decidimos hacer una oferta. Mi marido tenía muy claro que, si teníamos algo, era para darle un uso, porque una ruina no podía ser como un florero en medio del monte”, cuenta
Elena Goded, fundadora de Ábbatte.El monasterio cisterciense de
Santa María de la Sierra, en
Collado Hermoso (
Segovia), data del siglo XIII y es la sede de ÁbbattePaco MarínEl bienestar del tactoLa idea que nació entonces fue crear una caricia para la piel, también una forma de bienestar en nuestro hogar o refugio. Era necesaria una vuelta a los orígenes, a la práctica de la artesanía, a la calma en este mundo industrial y atropellado. Todas las piezas de Ábbatte se elaboran íntegramente a mano, desde el tintado y el tejido en telares manuales hasta las terminaciones más minuciosas.“Creo firmemente en el valor del textil para el ser humano: es nuestra segunda piel, nos envuelve. El sentido del tacto es esencial en la vida del hombre desde que nace. Es nuestro sentido más primigenio, el único sin el cual no podemos vivir porque, sin él, no hay alerta de daño. Un simple roce con alguien por la calle hace que nos volvamos. Es el cuerpo entero el que tiene el sentido del tacto y creo que nos dimos cuenta de su valor con la covid, cuando no nos podíamos tocar. El tacto está íntimamente ligado a los textiles y por eso en Ábbatte damos importancia a una vida rodeada de materiales nobles, porque creemos que tienen un valor grande y, a día de hoy, más. Estamos todo el día en las pantallas y en los plásticos”, lamenta la fundadora de la firma.Creo firmemente en el valor del textil para el ser humano: es nuestra segunda piel, nos envuelve”Elena GodedBióloga de formación y profesora titular de la Uned de Artesanía Textil durante 20 años, sin saberlo,
Elena Goded ya tenía desarrollada la filosofía de su negocio. “Me había dedicado, entre otras cosas, a enseñar cosas de tintes naturales y tejeduría en un programa de estancias en toda
España, así que el proyecto suponía empezar a hacer lo que llevaba haciendo durante todo ese tiempo, pero de forma práctica. Yo era funcionaria pública, doctora, y me daba mucho vértigo el paso a hacer algo para que se vendiera. Tuve la suerte de que, en ese momento, mi hija mayor (Camila Lanzas, actual directora creativa de Ábbatte) venía de Londres, donde había estudiado Historia del Arte y Diseño. Le pedí que me ayudara”.Un taller en los vestigiosComenzó entonces la hazaña múltiple de diseñar el espacio con un arquitecto. De buscar tejedoras de la zona y, a la cabeza de todas ellas, a una experta en tejer y teñir que las formó; con ella sigue
Elena Goded empujando su aventura desde entonces. De comprar telares, de localizar proveedores de fibras y tintes naturales. “Mi hija aprendió a tejer y fue centrándose en el diseño y en los telares. Yo me he dedicado más a los talleres y las conferencias, al jardín etnobotánico, a todo lo cultural que hacemos”.
Elena Goded, fundadora de Ábbatte, y Camila Lanzas, su hija y directora creativa de la firma, trabajan en la cabaña de madera que utilizan para teñirPaco MarínLo primero fue conservar los vestigios del monasterio y, siempre que fuera posible, integrarlos en la arquitectura de la sede de Ábbatte. “Por un lado, consolidamos la iglesia, la basílica, que se estaba viniendo abajo, gracias al proyecto de un catedrático de la Escuela de Arquitectura de Madrid. Por otro lado, quedaba lo que se llamaba la portería, por donde se entraba al claustro, que tenía cuatro puertas, y a día de hoy eso está dentro de la estancia, que llamamos. Los dos edificios modernos que primero hicimos fueron un espacio para tejer y teñir, un taller, y un segundo espacio abierto para conferencias y cursos, que es lo que llamamos estancia y donde está totalmente integrada esa portería con el suelo original del año 1200. También está consolidado lo poquito que queda del claustro. Cuando fuimos creciendo, tuvimos que hacer una cabaña para los tintes, sin cimientos, y ahora el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico nos ha ayudado a hacer otras dos cabañitas anexas, similares a esta de madera y levantadas del suelo, como móviles. Una va a ser un lavadero, porque necesitamos lavar piezas muy grandes, y la otra una sala expositiva o showroom”. Y es que Ábbatte tiene dos patas: la producción y la difusión del mundo textil para promover su valor.La naturaleza de las fibras naturales que la firma utiliza en sus confecciones era un fundamento de su propia esencia. “El proceso de tejer cualquier pieza es muy lento, delicado y costoso. Nuestros productos no se hacen en la India con mano semiesclava, por lo que el coste de producción es alto. Por eso no utilizamos algodón, que me apasiona, porque no hay un equilibrio entre el coste de hacer y la materia prima. En Ábbatte utilizamos lino, lino con seda, alpaca, alpaca con seda, lana merina, lana merina con seda… También lana castellana, que es más basta, para hacer alfombras, cabeceros de cama o tapices”.Uno de los 10 tapices realizados por Ábbatte para las habitaciones de Abadía RetuertaPaco MarínPrecisamente, entre sus colaboraciones más celebradas –antes fue Seda, la lámpara de seda y cristal que crearon junto a Mayice Studio– están los 10 tapices que Ábbatte ha creado para Abadía Retuerta y que ya decoran la pared de sus habitaciones. Todos ellos teñidos con rubia tinctorum, una de las plantas emblemáticas del su excepcional jardín etnobotánico, ubicado en el antiguo huerto de los monjes del monasterio.Plantas que dan colorEn el que es uno de los pocos jardines etnobotánicos dedicados a la tintorería con este nivel de envergadura, tanto dentro como fuera de
España,
Elena Goded cultiva alrededor de setenta especies distintas de plantas tintóreas. La rubia o granza es una de sus plantas emblemáticas, cuya raíz proporciona un intenso rojo teja que se utiliza desde civilizaciones ancestrales. Castilla fue uno de los principales proveedores de rubia, pero este oficio terminó perdiéndose y Ábbatte intenta recuperarlo. La raíz de la Rubia Tinctorum, una de las plantas emblemáticas del jardín etnobotánico de Ábbatte, proporciona un intenso rojo teja que se utiliza desde civilizaciones ancestralesPaco MarínEl objetivo de este jardín peculiar no es tanto obtener colorantes para sus tejidos, para lo que necesitaría muchas hectáreas para cada pigmento, como dar a conocer este uso específico y tan poco conocido de las plantas. Un pensamiento que va de la mano de su filosofía intacta.“Nunca vamos a construir más naves, ni vamos a crear una industria manual, porque no tiene nada que ver con lo que pretendemos y lo que nos gusta, con nuestra esencia. Podríamos crecer un poco, que hubiera cabida para tres o cuatro tejedores más, pero eso sería todo”, asegura
Elena Goded.