ArteAgust�n Ibarrola fue el pionero en su lectura identitaria desde las filas del PCE en los a�os 60Volodymyr Zelensky y pedro S�nchez, ante el
Guernica, en noviembre de 2025.APActualizado Viernes, 27 marzo 2026 - 22:35�Las bombas para Gernika y el cuadro para
Madrid� es una frase especialmente c�ustica que, durante a�os, contest� al rechazo de los sucesivos ministerios de Cultura de Espa�a a las peticiones de pr�stamo del
Guernica Picasso al Museo de Bellas Artes de
Bilbao primero, al Guggenheim despu�s y a un idealizado museo nacional vasco en la villa de
Guernica, so�ado en alg�n momento de los a�os 70.
Guernica, gernikara, era la otra frase que expresaba el agravio: �El
Guernica, a Gernika�.En realidad, a nadie en se le ocurri� vincular al
Guernica de Picasso con la identidad vasca hasta los 60. El gusto est�tico del PNV, el partido �nico del nacionalismo hasta la explosi�n del 68, era tradicionalista, cat�lico y rural. �Por qu� iba a identificarse con una est�tica universalista y con un pintor comunista y andaluz? El lehendakari Jos� Antonio Aguirre visit� el Pabell�n de la Rep�blica Espa�ola en Par�s, el lugar para el que Picasso pint� su inmenso lienzo. Se hizo una foto delante y se fue. Durante los siguientes 25 a�os, el
Guernica habl� indiscutiblemente del mundo, no del Pa�s Vasco y ni siquiera de Espa�a. Encontr� su lugar en el MoMA de Nueva York, el museo m�s universal del planeta, y tuvo r�plicas que denunciaron las guerras de descolonizaci�n, de Vietnam a �frica. El mito del bombardeo, silenciado por la dictadura, creci� en el mundo, no en la Pen�nsula.Para saber m�sDe modo que la vasquidad del
Guernica naci� fuera del nacionalismo, en los c�rculos del Partido Comunista de Espa�a que en los a�os 60 empezaron a acercarse al lenguaje del nacionalismo. Dos artistas fueron los primeros en hacer una lectura identitaria del cuadro: Jos� Luis Zumeta (1939-2020) y Agust�n Ibarrola (1930-2023), el pintor que, con los a�os, habr�a de convertirse en uno de los enemigos m�s odiados del nacionalismo. En 1967, Zumeta pint� un nuevo
Guernica de tem�tica expl�citamente vasca.En esos a�os, Ibarrola compuso un mural que reproduc�a las figuras de Picasso y sobre el que escribi� un texto: �Gernika. Ma�ana todo Euskadi�. Hay algo importante que aclarar: igual que en el Pa�s Vasco, los pintores del resto de Espa�a hicieron suyo el cuadro en los a�os 60 y 70, lo convertieron en una cuesti�n identitaria, s�lo que espa�ola y no solo vasca. Impulsados por el PCE, las reproducciones del cuadro tambi�n entraron en las casas de miles de espa�oles.Ibarrola es la persona clave en esta historia. �Los vascos pedimos a todos los pueblos del estado espa�ol que contribuyan a que Euskadi pueda acoger junto al �rbol de
Guernica en el pueblo sagrado de los vascos al
Guernica de Picasso. [...] Los vascos no deseamos apoderarnos de este patrimonio de los pueblos de Espa�a. Creemos que el
Guernica situado en
Guernica, en Euskadi, fortalecer� la mejor relaci�n y entendimiento entre las gentes de nuestra plurinacional Espa�a democr�tica�, escribi� el pintor bilba�no. �Los vascos queremos montar el necesario museo nacional de Euskadi del arte y de la cultura vasca, el museo capaz de reunir, por fin, junto a las formas art�sticas y culturales que abarquen desde las cuevas de Santimami�e hasta la Euskadi industrial de hoy�.Su enemigo fue Santiago Carrillo, que calific� de �provincianas� sus ideas y medi� con la familia de Picasso para desbloquear la llegada del
Guernica a Espa�a. A
Madrid, s�. Carrillo quer�a el cuadro en el Prado.En junio de 1977, despu�s de las primera elecciones, Espa�a se sinti� legitimada para reclamar el regreso del cuadro desde Nueva York. El conservador jefe del MoMA, William Rubin, protest�: el
Guernica pertenec�a a la Rep�blica y la Rep�blica no gobernaba el Prado. Se qued� solo. El 15 de mayo de 1978, el Senado de Estados Unidos firm� su �de acuerdo�. El 10 septiembre de 1981, un avi�n de Iberia IB 952 aterriz� en Barajas con el lienzo. Ninguna aseguradora cubri� el viaje: la dificultad de mover el picasso es un hecho cierto. Su actual anfitri�n, el Museo Reina Sof�a, record� el jueves que su Departamento de Conservaci�n desaconseja cualquier traslado. La obra sigue siendo la pieza central de su colecci�n.