No hay nada noble en ser superior a tu prójimo; la verdadera nobleza es ser superior a tu yo anterior Ernest Hemingway----------------------------Me dice
Rubén Valcárcel (42):–A mi infancia le llamo el orfanato.–¿Era usted huérfano?–No, pero como si lo fuera. Apenas conocí a mi padre y mi madre era despreocupada. A mis diez años, estaba todo el día solo en casa. Yo le llamo orfanato, pero los del orfanato vivían mejor que yo, que tenía que ir a comer a casa del vecino.–¿Qué pasó con sus padres?–Mi padre se fue un día y ya no volvió. Y mi madre hizo lo que pudo. Trabajaba a partir de las once de la mañana y no volvía hasta la noche, muy tarde. Yo pasaba demasiado tiempo en la calle, me juntaba con la gente del barrio, robábamos motos y coches, tenía malas influencias.
Rubén Valcárcel, en el cuadrilátero de su academia, días atrás Mané Espinosa–Y eso, ¿hasta cuándo?–Me detuvieron a los doce años. Pasé la noche en el calabozo y al día siguiente mi madre me llevó al gimnasio para que estuviera entretenido. El gimnasio era el legendario
Esports Rogent. Y
Xavi Moya (DEP), el fundador, se convirtió en mi padre.–¿...?–Al no tener una figura paterna, adopté a Xavi. Le absorbí. Le miraba y le escuchaba y me decía: ‘Ojalá tener un padre como él’. Era fuerte y buena persona, no tenía maldad. Y siempre estaba ayudando a todos los que se lo pedían.–¿Y cómo pagaba usted aquello?–No pagaba, ¿cómo iba a hacerlo? Un verano, Xavi hacía reformas en el gimnasio y yo iba a ayudarle junto a
Rocky Nelson, otro boxeador amigo que habló en el funeral de Xavi (falleció en el 2023). Y en los fines de semana trabajaba en la pollería del barrio. Y cuando necesité un ordenador, Xavi me dejó el dinero. En el funeral salió ese tema y le dije a
Queralt, su viuda, que nunca le devolví la pasta a Xavi...Con 12 años pasé una noche en el calabozo; al día siguiente mi madre me llevó al gimnasio para tenerme entretenido”Rubén ValcárcelEx boxeador y empresario–Fíjese, y ahora ha creado usted esta academia, el
Royal Boxing Club, una escuela de boxeo en la zona alta de
Barcelona... –le observo.(El
Royal Boxing Club es una marca y un concepto: me habla de flow, estilo y elegancia al boxear. “El que camina lento llega lejos”, me dice).Y le echo un vistazo al lugar.Por los altavoces, suena jazz. Miles Davis, Duke Ellington...
Rubén Valcárcel es mitómano. En las paredes cuelga retratos de Muhamad Alí y
Rocky Marciano, o el legendario combate entre
Jack Johnson y
Arthur Cravan en La Monumental de
Barcelona, en 1916.–De bolsa, 50.000 pesetas. Una fortuna–me dice.(50.000 pesetas: 300 euros).De las esquinas cuelgan sacos y en el centro, presidiendo, se alza el cuadrilátero. El espacio, fundado en diciembre del año pasado, es correcto, ni grande ni pequeño, las dimensiones están estudiadas. No más de ocho boxeadores a la vez. Por ahí pasan empresarios, ejecutivos... la clase alta.Le pregunto:–¿Por qué, de repente, le gusta tanto el boxeo a la clase alta?–Quizá porque no necesita luchar físicamente. A veces, parece que el pijo no se sabe defender, ha vivido entre algodones y no ha comido mierda. Tal vez aquí encuentre la forma de trascender, encuentre el temple, la manera de defenderse. Aunque, en la calle, defenderse boxeando es mala cosa. Si tienes la licencia y te denuncian por pelear, llevas las de perder. Te tocará pagar la indemnización. Además, en la calle, defenderse a puñetazos no funciona. En una crisis, olvídate de la defensa personal. Es mejor entregar el reloj o el móvil. Tu vida vale mucho más que eso.Y ahora me habla del amor.Me habla de Ariane, su mujer, que era la recepcionista del gimnasio Holmes Place de la calle Balmes, donde nuestro protagonista trabajaba hace 17 años.–Al principio nos caímos mal, pero luego intimamos y empezamos a entrenarnos juntos. Boxeábamos en una esquina del gimnasio cuando nadie más lo hacía. Tuvimos éxito.–¿...?–Otros clientes empezaron a preguntarnos cosas, se interesaron, decidimos abrir el proyecto a más gimnasios. En el 2010, inauguré el boxeo en el Arsenal mixto. También lo llevé al David Lloyd, al Bonasport, al Soho House, al grupo Áccura...–Y su mujer, ¿aún boxea?–Por supuesto.–Y su hijo, Máximo, ¿boxeará?Aquí, se encoge de hombros mientras me despide con una sonrisa.Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'