Aunque hace ya bastantes años que vivo en
Madrid, cada vez que llego en tren me sigo fijando en el edificio que se ve en la salida de
Atocha, antes de encarar
Paseo del Prado arriba. Uno de esos edificios neoclásicos del XIX, tampoco particularmente bonito, la verdad, aunque fuera declarado monumento de interés cultural en 1989. Justo bajo las tres carrozas aladas que sobresalen en lo alto de la fachada se puede leer perfectamente la inscripción grabada en piedra: “
Ministerio de Agricultura”.Este ministerio cambió de nombre, funciones y estructura más veces durante los primeros 50 años del siglo XX que en los 50 años de democracia. Supongo que algunos lo ven como un síntoma de estabilidad institucional. A mí me parece más bien un síntoma de resistencia al cambio estructural. Sobre todo, después de 1986, siendo la agricultura uno de los pocos sectores donde la UE centraliza las competencias. Y no digo, conste, que este ministerio no tenga sentido –puede ser que sí, ¡hablémoslo!–, pero me gustaría pensar que si conservamos intacta la inscripción en piedra es por ser fruto de una decisión y no de una inercia; ni de una falta de pensar en europeo . Xavier CerveraPodríamos hablar de otros casos. Las empresas del
Ibex han sufrido fusiones, concentraciones y han expandido mercados, pero siempre nacionales y no con sus homólogos europeos (con algunas excepciones como
Airbus). Nos vanagloriamos de la estabilidad y nuestro deseo explícito consiste en tener campeones nacionales. Así, hablamos más del juego de poder patrio en
Indra que de la conveniencia de una fusión con
Leonardo o
Thales.Por eso merece la pena que nos detengamos en la propuesta formal que ha hecho la
Comisión Europea hace unos días del EU Inc., conocida como Régimen 28.Se resuelve un problema real: muchas startups europeas se constituían en DelawareEuropa tiene una lista de deberes larguísima. Y atrasada. Hace décadas que venimos hablando de unión política, de unión bancaria, de deuda común, de incrementar el penoso presupuesto europeo, de completar el mercado único. Y exaspera la inacción. Celebremos, pues, cuando actúa y da pasos al frente. El Régimen 28, sugerido en el informe Letta, es mucho más que un trámite jurídico. Lleva detrás una idea sólida: que una emprendedora en Sevilla o un ingeniero en Varsovia puedan construir su empresa europea sin elegir entre su país y su proyecto.Propone un marco jurídico societario unificado: un conjunto armonizado de normas, con soluciones digitales por defecto, para fomentar el crecimiento y la competitividad de las empresas europeas. No sustituye los derechos nacionales, sino que se superpone como vía opcional. Y resuelve un problema real: muchas de nuestras mejores startups se han acabado constituyendo en
Delaware no porque sus fundadores no quieran ser europeos, sino porque serlo resultaba caro, lento y complicado. La propuesta permite fundar una empresa en 48 horas, por menos de cien euros y sin capital mínimo. Stock options armonizadas, gobernanza flexible, trámites digitales. Y una garantía que conviene subrayar: las legislaciones nacionales en materia social y laboral se aplican plenamente. Europa no puede competir siendo EE.UU. Puede competir siendo una Europa que innova con derechos.Me dirán que es insuficiente. Que llega tarde. Que la lista de deberes sigue siendo larga. Y tendrán razón. Pero desbloquear inercias nacionales en estos momentos geopolíticos feroces y destructivos no es baladí y merece nuestro apoyo y atención. ¿Se imaginan cualquier tertulia televisiva hablando de esto? Europa sigue siendo el mayor espacio de civilidad que existe y está en nuestras manos hacernos cargo de su destino si decidimos mirarnos menos el ombligo.Tuve la suerte de escuchar a Letta hace poco. Resumía el estado del mundo en dos números: 51 y 28. ¿Quién quería ser ahora el nuevo estado 51 de EE.UU.? Simple y llanamente nadie. Es más, tengo un buen amigo que apuesta por la independencia de Canafornia juntando California y Canadá… Sin embargo, ¿quién quiere ser el estado 28 de la UE? La lista es larga. El número 28 nos muestra que no estamos tan mal y que, sobre todo, la alternativa es mucho peor. Insistir y concentrarse en temas como este, más de acción que de declaración, más de codos que de spin doctors es, hoy, la posición más valiente. Y también la más decente.