Desde que empezó el proceso independentista hasta febrero del 2019 se habían publicado unos 500 títulos dedicados al tema. En junio del 2022 ya eran cerca de 900. El mercado fabricó tantos que se convirtieron en un género, casi como la literatura fantástica o infantil. El economista
Eugeni Giral se encargó de hacer una lista y reunirlos, y para inicios de 2023 se previó una exposición en el
Palau Robert, que finalmente se abortó. Y es una suerte porque la gran mayoría no contenía ni una idea original. Desde entonces el interés por el nuevo género cayó en picado y ha derivado en un subgénero, las novelas sobre el procés. No tiene que extrañar, pues, que los editores de
Josep M. Muñoz (
Barcelona, 1959) se lo miraran estupefactos cuando les planteó otro libro. Así lo admite él mismo, aunque el impulso para hacerlo se lo dio
Borja de Riquer.La contracubierta de Una recança infinita dice que “és un intent de repensar la política catalana recent, per a la qual proposa una interpretació diferent a l’habitual”. Eso no es exacto. Lo que hace el ensayo, que lleva por subtítulo ‘Mig segle de política catalana, 1975-2025’, es recorrer estos cincuenta años y explicar los diferentes fracasos del catalanismo —para reconfigurar
España o para separarse. Eso no se hace desde una interpretación diferente, sino a grandes rasgos la canónica. Pero con la esperanza, siguiendo la cita de Samuel Beckett con que empieza y cierra el volumen, que la próxima vez “fracassarem millor”.⁄ Las últimas páginas plantean dos cuestiones interesantes: la idea de la voluntad de ser y el lema de “un solo pueblo”Durante 240 páginas Muñoz, que ha dirigido L’Avenç más de veinte años y a través de la revista ha seguido el pulso de los debates surgidos mes a mes, hace un resumen de la historia reciente de
Catalunya con interpretaciones historiográficas en que los lectores o historiadores estarán más o menos de acuerdo, pero que no trata de hacer una interpretación de larga duración y predeterminada como la que hacía, por ejemplo,
Jordi Amat en El llarg procés: Cultura i política a la
Catalunya contemporània (1937-2014) (2015, tuvo su versión actualizada en castellano en 2018). Muñoz es historiador. Y, además, le sabe mal, y no se esconde, que el proceso haya fracasado, aunque desde el inicio se lo mirara con distancia y prevención. Pese a señalar los puntos débiles del movimiento, no hace una crítica desmesurada a sus líderes. “Sempre he pensat —dice— que els polítics del Procés no van voler ‘mentir-nos’: simplement es van autoenganyar, però això no millora les coses”.Hasta aquí, el volumen es un compendio de hechos, pero no propiamente unas memorias o la defensa de una tesis innovadora. Las últimas cuarenta páginas son las más interesantes. Sobre todo porque plantea dos cuestiones que el proceso ha puesto encima de la mesa de forma descarnada. La una es la idea de que los catalanes (¿los catalanistas?) tienen, como decía Vicens Vives, voluntad de ser. Y eso es lo que ha mantenido ese nosequé que es el hecho diferencial catalán durante más de un siglo. Un planteamiento al que Muñoz no es ajeno porque su tesis doctoral era una biografía del historiador. El autor se coge a esta idea, retomada después por Josep Fontana en La formació d’una identitat (2014), para mantener la esperanza sobre el futuro de la sociedad catalana.El otro tema, vinculado al anterior, lo provoca el rechazo por un artículo en este diario del periodista Jaume V. Aroca en que planteaba el 26 de octubre del 2019 que el independentismo, con el procés, había puesto en peligro el planteamiento de Josep Benet que
Catalunya era “un sol poble” y había puesto al descubierto “la precariedad de los consensos internos del país”. Muñoz entra en discusión con este planteamiento, pero leído el artículo y el libro —que acaba reclamando volver a “fer país”— es difícil ver la diferencia entre uno y otro.El lema “un sol poble” funciona aquí y en la isla de Pascua cuando no hay conflictos en la sociedad que se lo aplica. Es un eslogan útil hasta que hay que verificar su existencia. Pero ni
Catalunya, ni
España , ni Francia , ni Irlanda, ni EE.UU. , ni ningún estado o territorio ha sido nunca un solo pueblo. Todo lo qué ha habido son sociedades que ante enemigos externos se cohesionan. El debate que plantea Muñoz es interesante y habría que plantearlo en algún marco donde se pudiera reflexionar con rigor y sin reproches. Sacaríamos más provecho porque el procés se ha acabado, pero los retos continúan.----------------------------
Josep M. Muñoz. Una recança infinita. Mig segle de política catalana, 1975-2025. Arcàdia. 272 páginas. 22 euros