Gaudí murió hace cien años, pero no se marchó. Al menos, con eso juegan el guionista de cómic
Salva Rubio y el ilustrador
Agustín Comotto en Gaudí. La
Sagrada Família y el éxtasis (Comanegra, en castellano, catalán e inglés), un libro en formato híbrido cómic y texto ilustrado que arranca justo tras el fatal atropello del tranvía al genial arquitecto, y, en un homenaje al filme de
Wim Wenders El cielo sobre Berlín lo convierten en un ángel que sobrevolará su gran obra precisamente hasta este mismo 2026, con el templo ya acabado. Rubio añade que “la basílica está casi acabada, pero las historias sobre ella no han acabado, siempre habrá nuevas”. Antes, sin embargo, los autores han trazado una “biografía humana, porque el riesgo que tienen Gaudí y tantos artistas es que su obra los fagocita, pero él, ¿quién era? Se le recuerda como un abuelo sabio, delgadito y poco más, y hemos querido darle otra imagen, empezando porque era pelirrojo y tenía una mirada de ojos azules muy penetrantes”, dice Rubio. Comotto explica que lo que más lo ha sorprendido es, “dentro de la cuestión humana, la disfunción que tenía. A lo largo del libro descubrí que es una persona que tiene un antes y un después pero es un misterio saber qué le hizo cambiar tanto, pero hoy sería una persona diagnosticada con algún tipo de autismo o de genialidad autista o algo por el estilo. Encontré un dietario de
Opisso, que trabajó como ilustrador en el taller de Gaudí y hace unas descripciones en que dice que se pasaba muchísimas horas en silencio en la mesa mirando su dibujo, y hablaba y levantaba los ojos de loco azules que tenía, que perforaban. Intuyes un personaje muy torturado que vivía en una catacumba, literalmente”.El guionista
Salva Rubio y el ilustrador
Agustín Comotto, hojeando ejemplares de su libroToni Albir / EFECuando puede, Rubio cita las palabras textual de Gaudí porque “teníamos que hablar con su voz”, y aunque “él no dejó muchos textos escritos, los discípulos que vivían con él se daban cuenta de que tenía un talento para el aforismo y se esforzaron por apuntarlos, y son sentencias que hoy podrían triunfar en Twitter. Aun así, “podemos intentar comprenderlo y estudiar su obra, pero hay algo que no puedes atrapar, que sigue siendo misterioso y lo será siempre”, asegura.Rubio y Comotto recuerdan los duros inicios del joven arquitecto, hijo de un humilde calderero que prospera y trabajará para la burguesía, y también tratan los problemas que hoy causa el turismo en
Barcelona, pero mantienen que “cada ciudad tiene un trozo que de hecho no le pertenece porque es universal. Y es cierto que hay algunos problemas, como la masificación, pero también hay un intercambio cultural que nos aporta mucho, y gente que nos recuerda que si no miramos la basílica nos estamos perdiendo algo”. Los autores no evitan hablar tampoco de cuestiones como el fuerte sentimiento religioso de Gaudí –“busca la mortificación, la santidad a través del dolor, y entrega la vida y la salud en el templo, en una cuaresma permanente que puede tener que ver con una neurodivergencia”, recuerdan– o su catalanismo “desde fuera”, puesto que Rubio es madrileño pero hace años que vive aquí, aunque no tantos como Comotto, que es de origen argentino pero bisnieto de catalanes de Besalú. El guionista asume que Gaudí “tenía una relación extremadamente proactiva hacia la lengua, lo que incluso le causó problemas, y me era imposible obviarlo, porque es parte de su personalidad”.Disfrutó, parte del bosque místico de su Sagrada FamiliaAgustín Comotto / ComanegraGráficamente, además de jugar con el estilo gaudiniano, llegan a “convertirlo en catedral” y cumplir así su aspiración de fundirse con la naturaleza y con su obra. “Él es verdaderamente una arquitectura, soñaba en un bosque místico como cámara central de la Sagrada Familia”, concluye Comotto.Redactor de Cultura. Autor de 'Febre amb gel (Fonoll, 2023) y 'Roger Mas. La pell i l'os' (Satélite K, 2011). Licenciado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)