En el cole nos enseñaron que meridianos y paralelos son líneas imaginarias que solo aparecen en los mapas. No obstante, algunas de esas largas rectas ficticias se materializan, aunque sea en un corto tramo. Así ocurre en el distrito londinense de
Greenwich, población que acoge desde el siglo XVII el
Real Observatorio de Astronomía cuya máxima atracción para los visitantes es buscar el trazado del famoso meridiano 0 sobre los adoquines del suelo para hacerse una foto con un pie en Oriente y otro en Occidente.Pero el más renombrado de los meridianos es algo más que una foto para redes. Desde 1884, es el punto de partida para marcar los grados de longitud de cada punto del globo terrestre. Hasta entonces los países elegían sus propias anclas cartográficas, como en
España, donde el referente era el meridiano de
Cádiz. Pero el mundo estaba cambiando, sin ser conscientes, a finales del siglo XIX se puso rumbo a la globalización, así que debían uniformizar los atlas.En 1884 una reunión internacional estableció un meridiano 0 que regiría a los mapamundis. El elegido fue GreenwichDe ahí que se celebrase en aquel 1884 una reunión internacional al más alto nivel para establecer un meridiano 0 que rigiera los mapamundis. Y el elegido fue el de
Greenwich, pese a la oposición francesa que deseaba que su meridiano de
París marcara el paso o, en su defecto, el de la isla de
El Hierro que desde tiempos del griego
Ptolomeo guiaba muchos mapas. Si bien el dominio marítimo del imperio británico se impuso. Aunque más allá de una elección geopolítica, la clave fue cimentar una geografía universal. No solo para mapas y cartas de navegación, también para marcar el tiempo con precisión.Durante milenios, el reloj vital había sido el Sol con su amanecer, cenit y ocaso. Pero esa naturalidad no bastaba para una red ferroviaria cada vez más compleja ni para el incipiente tejido industrial. La exactitud horaria era necesaria y también en eso el meridiano de
Greenwich marcó el camino. Sirvió para establecer la GMT (
Greenwich Mean Time) como hora 0 a partir de la cual se adelanta o atrasa el reloj en los diferentes husos horarios.Al visitar
Greenwich es ineludible acercarse hasta el Royal ObservatoryGetty ImagesSe puede decir que nuestra cotidianeidad está mucho más ligada de lo que imaginamos a esta barriada londinense. Algo de lo que definitivamente se toma conciencia al descubrir el interior del Royal Observatory situado en la parte más alta de la población y rodeado de un parque con vistas al moderno distrito de Canary Wharf y a la isla de los Perros situada frente a
Greenwich.Es obligada la visita al enclave y a la institución que difunde
Greenwich por todo el planeta. Sin embargo, desde su emplazamiento elevado y hasta las mismas orillas del Támesis, hay mucho más que ver. Y todo lo que aguarda recuerda a cuando Londres era el centro del mundo y los barcos ingleses navegaban por los siete mares recalando siempre en puertos propios.Lee tambiénEso se plasma a la perfección en el Museo Marítimo Nacional que se halla a las puertas del parque que rodea el observatorio. En sus salas abundan maquetas de barcos, cartas marinas y todo tipo de objetos navales de ese pasado glorioso. Los apasionados a la náutica están aquí como pez en el agua, pero los menos simpatizantes tampoco se lo deben perder, aunque lo vean a velocidad de crucero. Al fin y al cabo, es gratis, como buen museo nacional británico.También es gratuita la vecina Queen’s House, cuya arquitectura se remonta al siglo XVII. Es una de las primeras obras proyectada por el arquitecto Iñigo Jones en Inglaterra tras regresar maravillado de un viaje por Italia. Y con todo ese bagaje de arte clásico ideó un precioso edificio en el que llama la atención tanto el embaldosado blanco y negro del gran salón como una escalera de caracol cuyas formas sugieren un gigantesco tulipán.Icónica escalera de caracol de Queen's House, en GreenwichANUTRNo es extraño que en esta área de
Greenwich esté la elegante Casa de la Reina. De hecho, antes hubo un gran palacio real en el que por ejemplo vino al mundo en 1591 el futuro Enrique VIII. Pero aquella residencia se demolió y en su lugar hoy aparece un conjunto tanto o más monumental. Es el Old Royal Naval College. Un complejo de arquitectura barroca a base de simetrías, claroscuros, columnatas y cúpulas ideado por Christopher Wren, el autor de la grandiosa catedral de San Pablo aguas arriba del Támesis.En origen la obra de Wren se destinó a hospital para los marinos británicos. Pero en 1869 pasó a ser un centro de formación naval, mientras que ahora alberga la Universidad de
Greenwich. Pero más allá de usos, lo mejor es descubrir sus joyas. En especial dos. Los recitales de órgano que resuenan los domingos en la capilla de St. Peter y St. Paul. Y tampoco hay que perderse los casi 4.000 metros cuadrados de frescos en Painted Hall. Unas pinturas que James Thornhill realizó entre 1707 y 1726 para inmortalizar la gloria marítima de Gran Bretaña.El 'Cutty Sark', varado en
Greenwich navegaba en su día cargado de té de China hasta InglaterraGetty ImagesNo terminan aún las referencias al poderío en ultramar. Ya en la ribera del Támesis permanece varado el Cutty Sark, un clíper de 1869 que con su velamen desplegado realizaba más rápido que nadie la travesía desde China hasta Inglaterra cargado de té. Pero el progreso acabó con ese tipo de navegación y hoy está en el dique seco transformado en un espectacular museo junto a las aguas del río por el que antaño navegó.También los visitantes suelen llegar navegando por el Támesis hasta
Greenwich. Lo hacen en barcos turísticos que zarpan desde Westminster Pier a los pies del Big Ben. Y el recorrido es espectacular ya que el río propicia una perspectiva bien distinta de iconos como
London Eye, Millenium Bridge, el aire medieval de la Torre de Londres o la posmodernidad de la City.Todo ello se vuelve a contemplar retornando al bullicio de la capital, pero antes es posible dar un último paseo por
Greenwich. Por ejemplo, para adentrarse en su mercado vintage o perderse en callejas que son un viaje en el tiempo como Turnpin Lane. Sin olvidar tomarse una pinta en Trafalgar Tavern, donde acudió más de una vez Charles Dickens, quién siendo un joven escritor, más cercano al periodismo que a la novela, escribió un relato dedicado a la Feria de
Greenwich. Unas páginas donde se nombran sitios que todavía se visitan como
Greenwich Park, el viejo hospital para marinos o el Real Observatorio, que ayer y hoy se mantiene como el punto más alto y emblemático del barrio.El apunteGreenwich y los cambios de horaEn la población de
Greenwich y el resto de Gran Bretaña, la hora 0 solo se cumple durante seis meses al año. Al comienzo de la primavera el reloj se adelanta para pasar al horario de verano y paradójicamente en
Greenwich tienen la hora GMT+1. Y hasta septiembre se mantendrán así. Pero no es más que una de las muchas divergencias que hay entre meridianos y husos horarios. Sin ir más lejos, la
España peninsular está atravesada por el meridiano 0 y tenemos un horario diferente. O en la gigantesca China es la misma hora en todos sus rincones, la hora que marca Pekín. Mientras que en el océano Pacífico hay archipiélagos en idéntica longitud, como por ejemplo la isla Navidad o las Cook donde tienen la hora, pero el día es diferente. En Navidad optan por ser hoy y a unas millas de navegación viven en ayer.