“¿Si no lo recuperamos nosotros quién lo va a hacer? Aromes del
Montserrat es y ha sido siempre historia de Cataluña, un licor que está en el mundo desde el siglo XIX, muy vinculado a la tierra. Se nos iba y no había manera de hacerlo continuar”. Son palabras de
Tamara Guillén, abogada y consultora estratégica, que junto a su padre,
Antonio Guillén, ha asumido el reto de recuperar y volver a producir este licor histórico ligado a los monjes de
Montserrat desde el siglo XIX.Durante décadas, este licor de hierbas —el más emblemático de una pequeña familia de espirituosos vinculados a la tradición catalana— se había producido bajo el paraguas de
Anís del Mono. Pero cuando la producción se trasladó fuera de Catalunya, concretamente a
El Puerto de Santa María, en
Cádiz, surgió un problema insalvable. La receta pertenece a los monjes, y su condición era clara: podía elaborarse y comercializarse, pero nunca fuera de Cataluña.Ahí es donde empieza todo.
Antonio Guillén, ya prejubilado, había sido director gerente de
Anís del Mono y conocía bien el producto. Además, mantenía una muy buena relación personal con la comunidad de
Montserrat, tras muchos años de trabajo en equipo. Cuando se hizo evidente que nadie iba a asumir el proyecto en Cataluña, padre e hija decidieron dar un paso que inicialmente no estaba en sus planes. “Nuestra idea era encontrar a alguien que pudiera asumir las riendas, pero fue más complicado de lo que creíamos”, explica Tamara, que se dedica a la consultoría y trabaja con empresas del sector vitivinícola que, a priori, podrían estar interesadas. “Pero no es un producto sencillo: hay historia, hay marca, hay identidad. No es solo fabricar un licor, sino asegurar que se preserva una tradición muy ligada al territorio”. Lee tambiénAlambiques de la fabrica centenaria en San Quintí de Mediona.Antonio GuillénFue así como decidieron asumir las riendas del proyecto y mantener vivo un legado cuyo registro más antiguo se sitúa en 1896, aunque consta que existía mucho antes. La solución fue empezar de cero. Padre e hija adquirieron una antigua fábrica centenaria en
Sant Quintí de Mediona, en el
Penedès, actualmente en desuso. Esta ha sido rehabilitada con una voluntad clara: no convertirla en una nave industrial más, sino recuperar también el relato. “Queríamos volver a los orígenes. Cuando empezamos a trabajar aparecieron muros originales y alambiques de cobre antiguos”, señala Tamara. Esta apuesta por reindustrializar un espacio rural el desuso forma parte de la historia de esta nueva etapa. “Hubiese sido más fácil ir a un polígono, pero creemos que el proyecto solo tiene sentido aquí”.La producción ya está en marcha y, si todo sigue según lo previsto, las primeras botellas llegarán al mercado en abril. Para este 2026 prevén elaborar entre 36.500 y 40.000 litros, con un equipo inicial de tres personas que crecerá a medida que el proyecto avance.Pero Aromes del
Montserrat no llega solo. Forma parte de una gama de cinco licores arraigados al territorio: crema catalana, licor de avellanas, licor de hierbas, ratafía y el propio Aromes. Pero es este último el que concentra el peso simbólico del proyecto. Se elabora con doce hierbas de la zona, cuya combinación exacta sigue siendo secreta — “fuera de la Abadia de
Montserrat solo conocemos la receta mi padre yo, y así seguirá siendo durante mucho tiempo”, señala Tamara– y se distingue, además, por un proceso de envejecimiento en barrica de roble que lo diferencia del resto de licores tradicionales.En palabras de
Tamara Guillén:“Fuera de la Abadia de
Montserrat solo conocemos la receta mi padre yo, y así seguirá siendo durante mucho tiempo”Más allá de la receta, lo que está en juego es otra cosa. “Es un producto que sabe a aquí”, resume Guillén. Una idea que aparece de forma recurrente en el discurso de quienes trabajan con patrimonio gastronómico: no se trata solo de recuperar un sabor, sino de mantener viva una parte de la cultura.El plan estratégico contempla abrir la fábrica a visitas y desarrollar un proyecto de enoturismo vinculado al territorio, en colaboración con el municipio. Con el tiempo, la idea es convertir el espacio en algo más que un centro de producción: un lugar donde entender el producto, su origen y su evolución.Mientras tanto, el mercado inmediato sigue siendo Cataluña, tal como establecen las condiciones de los monjes. Pero la mirada va más allá. Tamara, que trabaja habitualmente con clientes internacionales, ya ha testado el producto fuera. “A los asiáticos les fascinan”, explica, de manera que los Guillén tienen este continente en el punto de mira como posible vía de expansión futura.Chimenea de la fabrica adquirida por la familia Guillén.Antonio GuillénPadre e hija aseguran haberse lanzado a la piscina por cierta responsabilidad moral con un proyecto que Antonio había sentido cercano durante toda su carrera. Pero con el tiempo, ambos aseguran estar “absolutamente entusiasmados” con una iniciativa que consiste, en definitiva, en embotellar parte de la historia de Cataluña y poder mostrarla al mundo.“Estamos en esto por romanticismo”, asegura Tamara, que poco a poco ha ido descubriendo los retos que supone esta nueva etapa profesional. Para empezar, “en el sector de los espirituosos, las mujeres representamos apenas entre un 11% y un 15% de las posiciones de liderazgo”, apunta, feliz de sumar una nueva voz femenina al frente de un proyecto singular. Uno que nace, en parte, de una intuición sencilla: que hay productos que no pueden desaparecer sin más.