De la roca a la mesa en apenas 24 horas. O en 48 si el mantel está puesto en Europa. De los acantilados de la costa atlántica coruñesa a cualquier punto y plato de la geografía peninsular y a buena parte de la europea, sin reparar en los kilómetros que haya por medio. Es el '
Glovo' del percebe. O el del bogavante, la nécora, la centolla o el buey de mar, que están entre los crustáceos más demandados para su distribución exprés y consumo a corto plazo. "El percebe es el rey. Gusta mucho, lo piden todo y se vende siempre", cuenta el responsable de uno de los negocios. "Al que le gusta el percebe, le gusta y lo paga al precio que esté. Hoy solo entró un rapaz al Coído (zona rocosa). Volvió con cinco kilos y ya están vendidos", resume. El precio en lonja en diciembre del 2025 alcanzó máximos de 370 euros cada kilo. Entre particulares, lo que hayan acordado en función del tamaño, que va de 4 a 12 centímetros. Todo condensado en una membrana negra y rugosa con base anaranjada que termina en una uña. "Es feo, caro y difícil de coger, pero sabe a todo el mar", resumen en la Cofradía de Ferrol. Un día con suerte, lo despachan en la rula entre los 17 y los 21 euros/kilo los de menor talla, pero hace tiempo que no pasa porque las alertas naranjas y rojas en el mar no dan tregua. ¿Llegan a toda Europa? No, por ahora los envíos desde esta cetárea se limitan a 15 países de la parte occidental: de
Suecia a
Finlandia, pasando por
Noruega,
Dinamarca,
Alemania,
Austria,
Bélgica,
Holanda,
Reino Unido, Mónaco, Luxemburgo, Irlanda, Francia, Italia y Portugal. Cuentan que fue por petición popular, a partir de los numerosos encargos recibidos desde el extranjero, lo que les animó a distribuir a clientes de otros países a través de su tienda online. De vieiras a ostras, hasta el kit completo de una mariscada para dos a miles de kilómetros de la costa. Nada más que agua del mar Sobre una de las mesas con vistas oceánicas espera una larga caja blanca de poliespan precintada que tiene vida propia. Algún crustáceo con pinzas rasca las paredes y el habitáculo se contonea solo. "Esto ya se lo llevan ahora. No me acuerdo de adónde, pero va para restaurantes y para muchos clientes particulares. De Cádiz, de Denia, de Barcelona… Llegamos a todas partes", cuenta. La cetárea-depuradora de Cobas está al pie del cabo Prior y mira hacia el este, hacia Santa Comba y Valdoviño, en
A Coruña. “Ni cloros ni químicos; solo agua de mar”, cuentan. Dos trabajadores regentan uno de los viveros de marisco en mar abierto más antiguos de la costa coruñesa. Una barra para despachar, una báscula y una puerta que se abre hacia un pasillo azul donde el olor del mar lo impregna todo; las nécoras se apilan unas sobre otras y las centollas viven a remojo en amplios cubículos hasta que alguien las cocine. Mientras el encargado habla, entra una clienta habitual para recoger un pedido extenso. Y otra se lleva varios kilos de mejillones recién arrancados con las “barbas” goteando salitre. “Vienen unos amigos de Zarautz con antojo”, bromea. Mucha borrasca y poca faena Ha sido un invierno largo y terrible para pescadores y mariscadores. Apenas un puñado de días de faena posible entre borrasca y borrasca, con unas condiciones suicidas. Máxime para los percebeiros, que se encaraman a pulso a los acantilados del cabo Prior, ataviados con un neopreno, un saco y una especie de rasqueta con mil nombres que llaman vispón o cavadoira, rematada en una palanca metálica. Hay que tener mucha destreza para moverse rápido y despegarlos de la roca entre ola y ola sin romperlos (y sin comprometer la reproducción de la especie). Cuanto más fría y batida sea la costa, más crece y mejor sabe el Pollicipes cornucopiae, el nombre en latín del percebe, que podría traducirse como el pulgar del pie en abundancia. El plan de explotación de la Xunta para 2025 al 2027 estableció un área para su extracción en Ferrol que va desde el faro de A Frouxeira (Valdoviño) hasta la punta de San Carlos, en la bocana de la ría de la ciudad, con 36 embarcaciones y 77 profesionales autorizados. De los 365 días del año, pueden ser de faena 160, en función de la climatología y las mareas en un colectivo que también tiene que enfrentar el furtivismo, que esquilma sus recursos y vende en el mercado negro sin pagar impuestos. De la roca a la mesa en apenas 24 horas. O en 48 si el mantel está puesto en Europa. De los acantilados de la costa atlántica coruñesa a cualquier punto y plato de la geografía peninsular y a buena parte de la europea, sin reparar en los kilómetros que haya por medio. Es el '
Glovo' del percebe. O el del bogavante, la nécora, la centolla o el buey de mar, que están entre los crustáceos más demandados para su distribución exprés y consumo a corto plazo. "El percebe es el rey. Gusta mucho, lo piden todo y se vende siempre", cuenta el responsable de uno de los negocios.