Nuevo terremoto en
Nepal, este sábado por la mañana, con la detención del cuatro veces primer ministro,
KP Sharma Oli. El dirigente comunisto dimitió en septiembre pasado, el día después de que la policía matara a 19 de los manifestantes que invadieron el recinto del parlamento. Oli, completamente de blanco, ha sido llevado en primer lugar a un hospital para someterse a una revisión, debido a sus problemas cardíacos. Su arresto es la espectacular primera medida del nuevo jefe de gobierno
Nepalí, el rapero
Balendra Shah, menos de 24 horas después de su toma de posesión, a lomos de la revuelta de la llamada Generación Z. En paralelo a KP Oli, ha sido detenido quien fuera su ministro del Interior,
Ramesh Lekhak. En cambio, no hay noticia del arresto del máximo jefe policial durante aquellas jornadas sangrientas,
Chandra Kuber Khapung, pese a que el informe de la comisión de investigación también recomienda su procesamiento. Este trabajo de 900 páginas, hecho público íntegramente esta semana, no fue entregado a la primera ministra interina, la jueza retirada
Shushila Karki, hasta el 5 de marzo -día de las elecciones anticipadas- para no interferir en estas.
Balendra Shah, que fue alcalde independiente de Katmandú hasta enero pasado, barrió en las urnas, tras afiliarse a un partido de ideología desconocida,
RSP, en un país cansado de retórica ultraizquierdista con escasa traducción práctica. El
RSP, a hombros de un rapero y de un DJ y del hambre de cambio, obtuvo una holgada mayoría absoluta. Muy por delante de los tres partidos de izquierda y centro-izquierda que han marcado la política
Nepalí desde la proclamación de la república, hace dos décadas.A saber, el
Partido del Congreso, la fuerza “marxista-leninista” de KP Oli y la refundación comunista del veterano exguerrillero
Prachanda. Este mal resultado de la vieja guardia puede haber precipitado los acontecimientos, aunque el partido de Oli ha prometido salir a la calle. El propio exmandatario, que se declara inocente y habla de “infiltrados” entre aquellos manifestantes, dice estar preparado para una larga batalla judicial. La comisión de investigación encabezada por
Gauri Bahadur Karki, recomendó investigar a los detenidos por presunta “negligencia criminal”, aunque no pudo probar que dieran la orden de disparar. Este exjuez se apellida igual que la primera ministra interina, Sushila Karki, y que el nuevo máximo responsable de la policía,
Dan Bahadur Karki (entonces número dos), en un guiño a la endogamia y el enquistamiento del sistema de castas en
Nepal. Todos ellos son chhetri (kshatriya), la casta “guerrera” que domina la oficialidad, tanto en el ejército de
Nepal como en el de India.El rapero ingeniero
Balendra Shah tampoco se quitó las gafas de sol este viernes durante la toma de posesión, de manos de la hasta ayer primer ministra interina, Sushila KarkiPRAKASH MATHEMA / AFPEl nuevo primer ministro,
Balendra Shah, no es uno de ellos, pero es un brahmán, la otra casta dominante, particularmente en el gobierno y la administración (lo que incluye a los jerarcas de los partidos comunistas, tanto en
Nepal como en India). Lo que redime las credenciales de “cambio” de Shah, favorito de las nuevas generaciones, es su condición de madhesi. Es decir, de
Nepalí de las llanuras, de lengua materna maithili, como decenas de millones en el estado indio de Bihar. Algo que Shah compensa llevando a todas horas un gorro
Nepalí, además de sus inevitables gafas de sol, que el viernes no se quitó ni para la ceremonia de investidura. Esta empezó a las 12.34 -la hora propicia según los astrólogos- con 108 monjes budistas y otros tantos hindúes, soplando conchas.
Balendra Shah ha demostrado con creces su capacidad de conectar con un país donde la mitad de la población tiene menos de 25 años. También ha exagerado su aversión a la India (su hermana vive cerca de Bangalore, donde él mismo estudió Ingeniería de Estructuras, especializándose en terremotos).Durante su etapa como alcalde independiente de Katmandú, Shah se enfrentó a prácticas corruptas de la administración central y también demostró mano dura con vendedores ambulantes y okupas de terrenos municipales, valiéndose de su mano derecha en la policía, ahora diputado. De hecho, su partido supuestamente contestatario ha promocionado a varios policías de alta graduación, cinco de los cuales han logrado escaño en sus listas. En las listas de la Gen ZEl partido contestatario ha convertido en diputados a varios responsables policialesDe hecho, el próximo terremoto podría darse dentro del propio partido, ya que su fundador, Rabi Lamichhane (que ha renunciado a su pasaporte estadounidense) es mucho menos popular que el advenedizo Shah, que se afilió en enero. Eso sí, Lamichhane logró que la misma turba que destruyó más de cien comisarías de policía en dos días de septiembre, también le sacara de la cárcel, donde cumplía pena por defraudador, junto a otros catorce mil presos comunes, de 28 prisiones, que se dieron a la fuga. Que un movimiento presuntamente indignado con la corrupción vaciará las cárceles de ladrones es una más de las contradicciones de una revuelta espoleada en las redes, con poco en común con las revoluciones del siglo XX (la última de las cuales acaso fuera, con retraso, la que tumbó a la monarquía en
Nepal). No menos inquietante es el nombramiento como ministro del Interior de Sudan Gurung, un DJ y empresario humanitario cuya ONG, Hami
Nepal, fue la espoleta de la Generación Z (a la que por edad no pertenece). Desde EE.UU., Coca Cola y Estudiantes Por un Tibet Libre se cuentan abiertamente entre los patrocinadores de Hami
Nepal, que sus detractores consideran además que tiene línea directa con el National Endowment for Democracy, con sede en Washington. De forma llamativa, el informe sobre las matanzas y desmanes de septiembre pide que, por motivos de seguridad nacional, se supervise la actividad de monasterios budistas, mezquitas e iglesias. No en vano, algunas fuentes detectaron una presencia desproporcionada del exilio tibetano durante las jornadas revolucionarias. Cabe recordar asimismo que su estallido coincidió con el retorno de KP Oli de Pekín, donde asistió al desfile militar junto a Xi Jinping, Vladimir Putin o Kim Jong Un. Los incendiarios de septiembre tampoco respetaron el ministerio de Sanidad, en Katmandú, obra del célebre arquitecto estadounidense Louis KahncedidaLa gasolina la puso el mismo KP Oli al anunciar la ilegalización de las redes sociales que incumplieran la obligación de registrarse en el país. TikTok lo hizo, pero no Facebook, Whatsapp, Instagram y tantas otras. “Nadie está por encima de la ley”, ha escrito hoy
Balendra Shah, no en referencia a las grandes tecnológicas estadounidenses, sino a sus adversarios políticos. “Hemos puesto bajo custodia al ex primer ministro
KP Sharma Oli y al exministro del Interior
Ramesh Lekhak”, reza su última publicación, precisamente en su página de Facebook.Cabe recordar que la dimisión de Oli, tras las primera muertes, no aplacó los ánimos y una multitud aún mayor prendió fuego, horas después, al parlamento, al histórico palacio de gobierno, al Tribunal Supremo y a varios ministerios y hoteles, así como a redacciones de periódicos, a las sedes de partidos de izquierdas y a los domicilios de sus máximos dirigentes, que en muchos casos tuvieron que ser rescatados por el ejército. Ese día el balance de víctimas escaló hasta más de setenta muertos -tres de los cuales eran policías- varios de ellos, civiles quemados vivos por los desmanes de la muchedumbre. El jefe de la policía municipal, que tuvo que responder por el retraso generalizado de los bomberos, es hoy diputado, como se ha dicho. Hay hambre de cambio y prisa, que podría convertirse en desesperación si la situación en el Pérsico, donde trabajan tantos
Nepalíes, sigue deteriorándose. El cambio, en cualquier caso, no puede ser un vuelco, porque en la Cámara Alta el objeto electoral no identificado que es el Rastriya Swatantra Party (
RSP) no cuenta con ningún diputado y en 2027 apenas se renovará un tercio de los escaños.
Nepal, ex tapón rojoSi vuelve a ser pasarela entre el Tíbet y la corte del Dalái Lama, China moverá fichaChina ya ha felicitado al nuevo primer ministro,
Balendra Shah, alias Balen, aun sabiendo que es la gran perdedora del dramático pulso político de los últimos meses. Muchos proyectos de ferrocarriles integrados en las Nuevas Rutas de la Seda podrían ser abandonados. Asimismo, la nueva generación de energía hidroeléctrica podría ir hacia el sur y no hacia el norte. Si es que los proyectos llegan a construirse. Pero la verdadera línea roja la marcará el Tíbet. Su válvula de escape natural es
Nepal. Pero el abrazo de sucesivos gobiernos democráticos en Katmandú a la política de “una sola China” se ha convertido en un tapón infranqueable para la disidencia tibetana identificada con el actual Dalái Lama. El progreso material ha hecho el resto.Así que la diferencia no la marcará el flujo de agua o kilovatios. Será la reanudación -o no- del flujo de exiliados tibetanos en dirección sur, hasta la corte de los milagros de Dharamsala, en India. Este será el oráculo que aclare cuánto tuvieron de revolución espontánea y cuánto de intriga, aquellos días de septiembre. Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.