De gira por Europa,
Jeongmin Seong se empeña en ofrecer una visión asiática a la convulsión sobre la economía global provocada por los aranceles de
Donald Trump y el conflicto en
Oriente Medio. Este socio sénior de
McKinsey Global Institute, experto en comercio global y dinámicas geopolíticas, insiste en la necesidad de pensar a largo plazo y no perder el optimismo. Ni la globalización ha acabado ni estamos peor que antes ni el nuevo conflicto pone en aprietos la economía mundial. Lo primero que hace es mostrar un informe de la propia McKinsey con un hallazgo inesperado: el comercio global alcanzó máximos históricos el año pasado, tras crecer un 6,5% pese a los aranceles.¿Qué ha ocurrido?Hemos visto unos aranceles que se dan una vez en un siglo, pero a pesar de ello el comercio mundial logró crecer más rápido que la trayectoria histórica.
China registró un superávit récord y las importaciones estadounidenses fueron el principal motor del crecimiento del comercio mundial.¿Cómo se explica esto?Es una cuestión que parece desconcertante, pero hay causas. El primer factor es la IA, que impulsó un tercio del crecimiento del comercio estadounidense en categorías relacionadas como semiconductores, tarjetas gráficas o equipos para centros de datos. En el caso de Estados Unidos, impulsó, además, dos tercios de su crecimiento. El año pasado el país construyó cerca de la mitad de la capacidad mundial de centros de datos.¿Qué otros factores hay?El segundo factor es
China. La conocemos como la fábrica del mundo, pero está pasando a convertirse en la fábrica de las fábricas. Si nos fijamos en la composición de sus exportaciones, las de bienes de consumo bajan cerca del 2%, pero las de bienes intermedios, las que sirven para montar fábricas, crecieron cerca del 9%. Otro factor es que en Estados Unidos hubo un efecto de anticipación ante los aranceles. Y el cuarto factor son las economías del
Sudeste Asiático, que actuaron como mediadoras de la cadena de suministro global para evitar que se desintegrara. Sus exportaciones crecieron alrededor de un 14%, el doble del ritmo del comercio mundial.¿Se ha quedado entonces corto el golpe arancelario?Nuestra tesis es que cada 20 o 30 años se produce un gran cambio de era. La última comenzó alrededor de 1990, con la caída de la
Unión Soviética y la apertura de
China, y se prolongó hasta aproximadamente el 2020. Ahora nos encontramos en una nueva era. En la anterior, el orden mundial giraba en torno a la globalización, el libre comercio y la eficiencia. Ahora las reglas se centran más en un mundo multipolar. No se trata de desglobalización o desacoplamiento, sino de una reconfiguración.¿Ni siquiera se aprecia un nearshoring ?La distancia geográfica del comercio, que mide la distancia media que recorren las mercancías, ha ido aumentando constantemente. Pese a los titulares sobre onshoring , reshoring o nearshoring , no está ocurriendo a escala global. Sin embargo, la distancia geopolítica ha disminuido en torno a un 7% desde el 2017, lo que significa que los países comercian más con socios geopolíticamente cercanos. Hay un fenómeno de friendshoring .En este punto de inflexión del comercio mundial, ¿qué países saldrán ganando y cuáles perdiendo?Las economías del
Sudeste Asiático están desempeñando un papel muy importante conectando a socios geopolíticamente distantes, por lo que se están beneficiando de esta reconfiguración.
China sigue manteniendo una posición muy sólida y ha diversificado sus socios comerciales, con un 50% correspondiente a economías emergentes. La cadena de suministro estadounidense se ha diversificado y han salido beneficiados el
Sudeste Asiático, India y las economías asiáticas avanzadas como Corea, Japón y Taiwán, especialmente en tecnología.¿Los países comercian más entre ellos al margen de Estados Unidos?Se está produciendo una reconfiguración en su órbita. Los terceros países están reforzando sus relaciones comerciales a la espera de un posible cierre, tratando de operar al margen de Estados Unidos.¿Cuál es la situación para Europa?Europa tuvo que hacer frente a una doble presión. Por un lado, el aumento de importaciones procedentes de
China y, por otro, los aranceles de Estados Unidos. Si se excluyen las exportaciones anticipadas, las exportaciones europeas a Estados Unidos no aumentaron. El sector del automóvil es un buen ejemplo de lo que está pasando: en Alemania, por primera vez se importaron más coches de
China de los que se exportaron a ese país.¿España puede tener algún papel interesante?Cuenta con base manufacturera, liderazgo en transición energética, talento y competitividad en costes, lo que permite aspirar a convertirse en un centro relevante de innovación y producción.
China es uno de los socios comerciales de España que más crece. España puede beneficiarse de la colaboración en sectores como automoción, vehículos eléctricos, baterías o energías renovables, en los que
China tiene una gran fortaleza. Al mismo tiempo,
China necesita aportaciones. El crecimiento de su clase media impulsa la demanda de productos de mayor calidad, especialmente agrícolas, lo que también favorece a España. Ante la posible reducción del mercado estadounidense,
China es una alternativa.¿Cómo afectará la subida de los precios de la energía?Es difícil preverlo. Depende de la duración y gravedad de la situación. Pero como ocurrió entre Ucrania y Rusia, los precios pueden dispararse a corto plazo y luego estabilizarse gradualmente gracias a la resiliencia del sistema global.
China guarda silencio en la guerra.Sus prioridades son reforzar la demanda interna, impulsar la innovación y avanzar en sostenibilidad energética. Busca equilibrar suministro, asequibilidad y seguridad energética, combinando combustibles fósiles con energías limpias y nuclear.
China está desarrollando su propia ruta, al margen de esta crisis a corto plazo, a la que nosotros llamamos una salpicadura.¿La guerra es una salpicadura?Se considera una perturbación a corto plazo, una salpicadura. Como cuando se lanza una piedra al agua, aparece y desaparece. A corto plazo se requiere agilidad y planificación de escenarios. A largo plazo, visión estratégica ante una reconfiguración estructural de las cadenas de suministro, valor y comercio. Estos acontecimientos refuerzan la idea de que estamos en una nueva era.No se le ve demasiado preocupado con la situación.Si la historia sirve de guía, el mundo ha superado grandes crisis como las guerras mundiales o la Gran Depresión. Vivimos mucho mejor que nuestros abuelos. El PIB per cápita se multiplicó por seis en el último siglo. Pese a los conflictos, el mundo sigue muy interconectado y las empresas resisten. Más que una mentalidad de suma cero y pesimismo, hay que adoptar una visión constructiva y optimista.Redactor de la sección de Economía y Empresas de La Vanguardia. Licenciado en Periodismo (UCM) y en Psicología (UNED). Ha trabajado en Europa Press y en Expansión