Una melod�a distrae mi atenci�n. Se corta. Encuentro el tel�fono y devuelvo la llamada. Es
Eme. "No, desaparecida no", aclaro. "Estaba en m�. Excavando", le digo. "Escarbando", matiza ella. JA, JA. Recupero mi risa de villana. Eso es. Y a continuaci�n confieso que este nuevo yo que habito no estaba tan instruido en el amor como esperaba. "�Te has enamorado?", pregunta
Eme asombrada. "�No, loca! �Eso no! Pero se me alarg� un cretino y, como era de esperar, me ha roto el coraz�n". "Venga ya,
Blue, nosotras no tenemos de eso". JA, JA. Ahora la risa perversa nos envuelve a las dos. "Seguro que no es para tanto. �L�rgalo todo!", ordena. Y sin demasiado entusiasmo le brindo un par de detalles sobre lo ocurrido y concluimos que lo que necesito es una noche de chicas. "Te voy a llevar a una marisquer�a de barrio que hay en
Olavide". Perfecto. Tiremos de patria. Y con el �nimo en alza nos despedimos. Aviso al resto. Ducha r�pida, brochazo, me lanzo unos vaqueros y llego 15 minutos tarde. ��C�mo puede ser?! (Prometo que un d�a ser� la primera). La noche comienza animada. Besos, risas, revoltijo de asientos, interrupciones... Un vino. Que sean dos. Una ca�a. Que sean tres. Carcajadas. Hace tiempo que no nos vemos y nos ten�amos ganas. El camarero se afana con las bebidas y nosotras con los temas a digerir. Nuestros tres grandes. Familia, trabajo y, c�mo no, hombres. Porque a eso hemos venido. A despellejar al g�nero opuesto. No nos enga�emos.En cuanto a lo gastron�mico, el primer mordisco hace match con el trabajo y los l�os familiares se esfuman con las zamburi�as. A continuaci�n, gambas de
Huelva y un vinito sacro para aliviar la amargura. Le pego un trago a la copa en busca de valor. Quiero abrirme en canal frente a todas. Es decir: "Creo que he conocido al tipo m�s miserable de..." y un aluvi�n de voces sepulta mi lamento. Jo-der. S� que est�bamos mal. �Qu� hac�amos aisladas en casa con la necesidad que hab�a de rajar? El historial de amantes fraudulentos hierve en cuesti�n de segundos y las gambas comienzan a sufrir las consecuencias. Menudo cuadro.
Enrique VIII hubiera tenido m�s tacto con aquellas cabezas. Qui�n sabe... Lo mismo hasta eran hembras. Las gambas, digo. Porque los mendrugos eran hombres. De eso no cab�a duda. Bienvenidas a la convenci�n del desamor.En cuesti�n de segundos, las presentes nos erigimos en verdugos profesionales. La pasi�n se hace con el poder de nuestras manos y comenzamos a extirpar cabezas a destajo. Crac, crac, crac. C�sar,
Jorge, Jos�... La violencia emocional se transforma en violencia f�sica. �Pero si eso no se puede! Pues ocurre. Pero lo peor no era eso... Lo peor es que mientras despedazamos aquellos seres, algunas los relamen como una onza de chocolate el primer d�a de regla. "�Orden!", digo, "estos tipos se van a la guillotina por bastardos. �Dejad de goz�roslos!". Se hace el silencio. "Una chupadita nada m�s", ruega Pi mientras se introduce la gamba entera hasta la garganta.Y he aqu� el problema, chicas. Nos entregamos demasiado. Tendemos a romantizar las relaciones y regalamos una chupadita m�s, cuando ya no hay futuro. Cuando la relaci�n est� muerta. Y no admitimos que en estos tiempos de amor expr�s, muchas veces, lo �nico que nos une al otro es el sexo. Proyectamos un anhelo irreal. Leemos entre l�neas una po�tica inexistente y al final ese exceso nos rompe. Por eso ha llegado el momento de venerar a Mae West, tan ic�nica e irreverente. Porque nuestra musa lo ten�a claro: "Los hombres son mi hobby", dec�a. Sin otorgarles a sus amantes m�s papel que el de puro entretenimiento. Pues bien, ratifiquemos este mandato. Y no me refiero a frivolizar nuestras relaciones. No, no. Hablo de utilizar esta filosof�a como bar�metro de continuidad. Es decir, que cuando la cosa deje de ser entretenida..., adi�s muy buenas. �No m�s chupaditas! Se acab�. C'est fini. Y no se trata de orgullo, se trata de dignidad. Esa que tantas veces llevamos a rastras. "�D�nde est�s, dignidad?", me pregunto los d�as impares.Pero hoy resulta que es par. As� que toca lo contrario: sernos fieles, querernos de verdad. Y, sobre todo, dejar de lamer cuerpos insulsos para disfrutar de lo que verdaderamente merece la pena. �Amigas?, �tiempo libre?, �viajar?, se me ocurren cientos de ideas... Bip. Bip. Mensaje del cretino. Toma ya. Espera que me releo mi discursito, que me huelo que con dos emojis me vuelvo a despistar... �Oh Mae, pos�
Eme! aunque sea por un segundo. �Protege mi dignidad!