Pocos meses después de ser reconocido como el mejor cine de Europa por la ANAC (Associazione Nazionale Autori Cinematografici) en el
Festival de Venecia de 2025, el
Phenomena cerraba sus puertas para acometer la reforma. Aquel galardón no invitó a sus responsables a caer en la complacencia. Por el contrario, los empujó a afrontar la renovación para preservar su esencia. La distinción de la ANAC no premiaba la tecnología, aunque sea esencial, ni el lujo ni el tamaño. Reconocía ante todo el empeño de la muy barcelonesa sala de la calle
Sant Antoni Maria Claret en sostener la dimensión colectiva del cine mediante una programación coherente, culturalmente relevante para varias generaciones, y hacerlo además en las mejores condiciones.El pequeño museo con objetos de coleccionista en la entrada del PhenomenaXavi Jurio¿Qué es el
Phenomena entonces? Desde luego no es un refugio del pasado glorioso sino, si acaso, un atisbo del porvenir del cine (si quiere sobrevivir). Un espacio singular, con identidad propia. Definido por una programación personal e intransferible. Ajena en buena medida –aunque no del todo– a la lógica de los estrenos. En su pantalla no se proyecta contenido sino decisiones. Una sucesión de películas significativas que, por el mero hecho de estar ahí, renuevan su aura singular. La sala, ahora reconfigurada, no está sola en su empeño. Otros cines europeos —el
Troisi en
Roma, el
Prince Charles en Londres, el
Louxor en París— conciben también el cine como experiencia colectiva. Y, en menor escala –por su menor capacidad de inversión y, por lo tanto, con una renovación técnica más lenta– lo hacen el Maldà, el Girona y otras tantas salas barcelonesas. Allí donde el cine se ama con profundidad, las películas no se consumen. Cada sesión nace con voluntad de acontecimiento, como si fuera un festival permanente.El
Phenomena no es un refugio del pasado glorioso sino un atisbo del porvenirEl cine ha estado siempre ligado a la renovación técnica. En un momento en que la UE exige la eliminación de las lámparas de mercurio, muchos proyectores han quedado obsoletos. El láser impone su ley. Esta tecnología mejora el rendimiento respecto a los sistemas tradicionales y permite proyectar todos los formatos, mejorando su brillo, contraste y gama cromática hasta límites impensables. Con el láser todo cambia para que, paradójicamente, todo siga igual: esencialmente el cine sigue siendo luz proyectada en una pantalla. Aunque eso también podría cambiar.La incertidumbre rodea el futuro de la proyección si se acaban por imponer las nuevas pantallas LED —como la instalada en el Odeón Sambil— porque entonces ya no habrá proyección, ni proyector ni cabina. La sala madrileña donde funciona esta pantalla como experiencia piloto, pionera en Europa, tiene una capacidad para poco más de cien espectadores. De momento la tecnología no da para más. Aunque todo apunta a que la (no) proyección del futuro podría avanzar en esa dirección.La sala de cine cuenta con pantalla y butacas nuevasXavi JurioMuchos cineastas consideran, sin embargo, que la imagen LED resulta demasiado televisiva y de escasa profundidad: poco cinematográfica. Christopher Nolan, entre los grandes, no oculta su rechazo. El director de la inminente Odisea defiende la proyección tradicional en 70 mm e IMAX sobre todos los formatos. Denis Villeneuve, el director de Dune , menos fetichista, reivindica con igual vehemencia la experiencia colectiva, lo mismo que Spielberg. En España, Almodóvar, Bayona o Sorogoyen se han manifestado en el mismo sentido: el cine no es solo una colección de parámetros técnicos, por importantes que estos sean. Es, ante todo, una experiencia. El cine no está en casa, aseguran todos ellos.Efectivamente, en el ámbito doméstico la película se pausa, se interrumpe, se fragmenta; convive con otras pantallas y otras distracciones. En la sala, en cambio, no hay pausa ni distracción posible. Debemos, previa desconexión del móvil, someternos a su tiempo. Es precisamente en esa pérdida de control donde el cine encuentra su sentido original. No como consumo sino como experiencia. Una extraña y singular celebración de la soledad en compañía. El
Phenomena, además, convierte esa experiencia en acontecimiento. Antes y después de la reforma.