El arte puede activar recuerdos que luchan contra una enfermedad neurodegenerativa que los intenta dejar atrás: el Alzheimer. Con este objetivo,
Ace Alzheimer Center Barcelona impulsa, junto a la
Fundació Privada Amics del MNAC, el programa ‘Parlem d’Art – Càpsules de Diàleg al voltant de l’art’, una iniciativa que traslada la estimulación cognitiva al Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) y convierte el diálogo ante obras en una herramienta terapéutica.La propuesta se basa en la reminiscencia, una intervención no farmacológica que apela a recuerdos autobiográficos asociados a emociones. En los procesos de demencia, la memoria reciente suele deteriorarse antes que la memoria antigua y emocional. Por eso, una imagen puede funcionar como detonante de historias personales. Un recorrido por las etapas vitalesEl itinerario está concebido como un viaje simbólico por la vida. La sesión comienza ante el Frontal d’Avià (c. 1200), donde la escena del nacimiento invita a hablar de celebraciones, tradiciones y familia. Continúa con El minuet (1756), de
Giandomenico Tiepolo, que evoca juventud, música y baile. Y culmina con Un casamiento (1921), de
Olga Sacharoff, una escena que remite al compromiso y a la vida compartida.Una grupo de visitantes conversa frente a 'El minuet', de Tiepolo Mané EspinosaNo se trata de evaluar conocimientos artísticos ni de situar estilos en el tiempo. La clave está en la conversación. Las educadoras aplican la metodología Visual Thinking Strategies (VTS), basada en preguntas abiertas: ¿qué ves?, ¿qué te hace pensar eso?, ¿qué más puedes encontrar? No hay respuestas correctas o incorrectas, solo argumentación y escucha.“Si yo contemplo la obra y no pregunto, estoy ante una actitud muda”, explica la neuróloga
Mercè Boada, cofundadora de Ace. “Lo importante es inducir respuesta y fomentar el lenguaje”. Recordar para reforzar identidadSegún Boada, ante una imagen significativa se reactiva la memoria antigua, aquella que forma parte de la historia personal. “Con una sola imagen puedo reconstruir su historia”, señala. A partir de una escena de boda o de un nacimiento pueden emerger recuerdos del propio matrimonio, del día en que nació un hijo o de celebraciones familiares.Se trata de que salgan de casa, conversen, se relacionen y se sientan tratados como cualquier otro visitanteDurante la visita, la evocación no es lineal ni perfecta. A veces aparece una palabra: “minuet”; otras un destino asociado a un recuerdo compartido: “Venecia”. No importa si son capaces de demostrar exactitud histórica, sino la posibilidad de poder expresarse, buscar palabras, sostener una idea.Lee tambiénTras comentar la obra, la guía les pidió que se pusieran en pie, que se buscaran las manos y que bailaran brevemente un minueto juntos. Se levantaron y, durante unos segundos, el cuadro dejó de ser solo una imagen para convertirse en movimiento. Al terminar, algunos comenzaron a hablar entre ellos. Uno explicó que había escrito crónicas; otra comentó que había estudiado arte cuando era joven.Boada define la reminiscencia como “ir al pasado para tener presente”. No es un ejercicio de nostalgia, sino una forma de mantener activa la identidad cuando otros elementos de la memoria se debilitan.Un museo para todosLa decisión de realizar la actividad en el MNAC no es secundaria. Para Ace, el entorno cultural tiene un valor añadido: no es un espacio asistencial, sino un lugar compartido con estudiantes, visitantes y turistas. “Salen de casa, se ponen guapos. Hoy es una fiesta”, resume la neuróloga.Ese componente simbólico forma parte del enfoque terapéutico. No se trata únicamente de estimular funciones cognitivas, sino de favorecer la inclusión y participación social. “Son iguales y han de tener las mismas oportunidades que cualquiera de nosotros”, insiste Boada. Una guía del museo hace un recorrido para mostrar etapas del arte en diferentes salas.Mané Espinosa / PropiasDesde el punto de vista clínico, la reminiscencia puede estimular memoria, atención y lenguaje. Desde el plano emocional, favorece autoestima y reduce aislamiento. Pero Boada sitúa el éxito del programa en algo más sencillo: la experiencia compartida.“Lo que más me interesa es que hoy hayan sonreído”Así lo plantea
Mercè Boada al cerrar la visita. Para la neuróloga, el objetivo no es comprobar cuánto recuerdan ni medir resultados formales, sino que la actividad tenga un efecto real en su día a día. Que salgan de casa, que conversen, que se relacionen y que se sientan tratados como cualquier otro visitante.El arte no frena el avance del Alzheimer. Pero sí ofrece un marco donde pueden ejercitar lenguaje, percepción y memoria emocional sin sentirse evaluados. En ese contexto —un museo, no un centro de día; una conversación, no una prueba— la enfermedad no desaparece, pero deja de ocuparlo todo.