Berghain, la aventura sonora entre la solemnidad operística y la música electrónica de
Rosalía, resonó la noche del viernes en varios de los suntuosos salones del
Cercle del Liceu de
Barcelona. Una pista evidente de que la
Lliga Jove celebraba una de sus galas más vistosas. La mascarada del Liceu es una antigua tradición centenaria para la institución que desde hace más o menos una década se ha recuperado en diferentes formatos y diferentes épocas del año a voluntad de las juventudes del club privado que comparte edificio con el
Gran Teatre del Liceu.La cita del viernes restauró su esencia al celebrarse a puerta cerrada en las estancias del selecto club, a la que asistieron unos 140 socios y amigos de socios. Fue una de esas raras ocasiones, en una
Barcelona cada vez más informal, en la que revive la elegancia de épocas pasadas. Para ello, los caballeros no tan habituales de estos salones agotan los esmóquines de alquiler en las sastrerías de toda la ciudad. Y las damas, siempre más originales con versiones actuales del cut-out y estampados y brillos atrevidos, lucen todas vestidos largos.El baile de máscaras del
Cercle del Liceu la noche del viernes.Cercle del LiceuEl presidente de la
Lliga Jove,
Eric Antràs: “Somos muchos socios, pero siempre interesa más gente joven”El flamante presidente del comité joven,
Eric Antràs, que acudió junto a su esposa, la publicista
Marina Lara, explica que, con la organización de estas fiestas y otras citas de lo más diversas, se ha rejuvenecido el club. Entre los miembros jóvenes –se considera hasta los 40 años– hay quien lo es por tradición familiar: “Lo más habitual antes era que vinieras referido por tus padres, pero eso está cambiando. El interés por la ópera hace que cada vez más personas llamen a la puerta. Estamos muy contentos de poder decir que somos socios suficientes, pero siempre nos interesa más gente joven para el relevo generacional”.El presidente del comité joven,
Eric Antràs, durante su discurso.Cercle del LiceuLa entrada al edificio se realiza alrededor de las siete y media de la noche por una puerta lateral, la del Cercle, y una vez dentro es imposible ignorar la solemnidad del lugar. Techos artesonados, marquetería y tallas nobles, vidrieras wagnerianas, mármoles e intrincadas baldosas hidráulicas y paredes revestidas de sedas y terciopelos de lo más variado.El concurso de máscaras lo ganó en la categoría femenina
Eugenia Álvarez-Cuevas, con un diseño propio de perlas ecológicas, y
Hugo van Dijk fue el ganador del mejor antifaz masculino. La música de la noche corrió a cargo del dúo Sociedad del Ático. Y entre los socios asiduos y más comprometidos con el club que no se perdieron la cita estuvieron Bartolomé Martí, Arantxa Cordón, Albert Garriga, Marta Parent, Guillermo Sebasti, Pablo Álvarez-Cuevas, Marc Mayral, Sergi Grau y Sara Rodero Redrado.Asistentes al baile en la sala la Rotonda del
Cercle del Liceu.Cercle del LiceuEl
Cercle del Liceu se inauguró en 1847, pero su fisonomía actual se debe en gran parte a la reforma modernista emprendida entre 1899 y 1901. Esa remodelación marcó el carácter definitivo de unos salones concebidos no solo como un lugar de reunión, sino también como una declaración estética de la élite cultural barcelonesa de la época. Los salones sobrevivieron prácticamente intactos al incendio del Liceu que en 1994 devastó gran parte del teatro, lo que refuerza aún más el aura de cápsula del tiempo de este club privado. Un testimonio muy vivo del pasado burgués catalán que estos jóvenes quieren conservar.