Josep es un actor de 72 años que permanece a la espera de que le ofrezcan la oportunidad de su vida, pero mientras sueña en alfombras rojas, utiliza sus artes escénicas para un roto y para un descosido. La aparición estelar de
Josep en dos programas radiofónicos, primero, como protagonista de la noticia difundida en el
Matina Codina, luego, en una entrevista concedida al
Versió Rac1 de
Toni Clapés, ha provocado un terremoto en el seno de
First Dates, programa que lleva diez años tratando de maridar seres humanos con el fin de encontrar su media naranja o su medio limón. Algunos son un amor a primera vista, otros, un odio visceral al primer intercambio de confidencias.De
First Dates sabíamos que el restaurante era un fake, y que en el plató colmado de mesas manteladas, cubertería de la fina y cristal de bohemia, se servía comida de cáterin. Un hecho que no debería sorprender a nadie y menos, a los miembros de una sociedad acostumbrada a engullir comida recalentada traída por un inmigrante mal pagado montado en una moto o una bicicleta reciclada. Pero lo que ha sorprendido a los oyentes, tras la aparición majestuosa de
Josep, es el hecho de que en
First Dates, no solamente es un fake el envoltorio, sino también el caramelo.
Josep, actor a la espera de que le ofrezcan el papel de su vida, tiene un agente y cuando los productores de
First Dates necesitan a un tipo para engatusar o dar carnaza a una mujer necesitada de amores, allí va él, tuneado para la ocasión. Si a la mujer le gustan los hombres con bigote, allí llega
Josep, ciudadano de
Cerdanyola del Vallès, convertido en un
Clark Gable dispuesto a regalarle a la Scarlata de turno una plantación de algodón.Si la comida es útil para ablandar las mentes más insensibles, nadie espera que lo servido en
First Dates sirva para crear puentes entre dos corazones rotos por el mal de amores vividos en el pasado y tan mal remendados para superar el presente. Si
First Dates tuviera como decorado un correccional, nada cambiaría. Imagen del programa '
First Dates'. ”MediasetLos programas que tienen en la gastronomía o en el rancho la miel para captar la gula voyerista de los espectadores, deben su fortaleza narrativa y visual al trabajo de los editores, verdaderos orfebres de los reality show. Una realidad que no debería sorprender a nadie. Si el secreto de la gran gastronomía, la popular y de vanguardia, está en el maridaje entre los sentidos, la sorpresa, el placer y la memoria, programas como
First Dates solo sirven para desear que los amantes hagan un sinpa. En
First Dates, incluso
Josep es un plato recalentado y bien conservado en un táper.Reconozco que son pocos los programas de televisión dedicados a la gastronomía que me despiertan el hambre o las ganas de ponerme a cocinar. De vez en cuando vuelvo a la cocina de Arguiñano y tras verle elaborar sus platos caseros, me quedo tranquilo pensando que esa merluza a la vasca será degustada tras el rodaje por el equipo de producción. “La comida no se tira”, me decía mi abuelo Evaristo, un hombre de hambre currada en la posguerra y del que aprendí a comer el plátano con pan. Ni la comida se tira, ni con la comida se juega. Otra frase que me repetía mi abuelo. En
First Dates, querido Evaristo, la comida es lo de menos y, por lo visto, también los comensales necesitados de amor. Lee tambiénLa proliferación de programas de cocina en los que la cocina es lo de menos, empieza a provocar hemorragias entre los espectadores con cierta sensibilidad culinaria. A
First Dates, lo que le sobra es, precisamente, el restaurante. Como también les sobra la cocina a programas como Pesadilla en la cocina o Batalla de restaurantes, a pesar de que su epígrafe nos lleve al engaño. Con la comida no se juega y la televisión está empezando a pervertir un arte, con el propósito de convertirlo en un mugriento espectáculo, dónde se valora más encontrar una oronda cucaracha que preparar un huevo poché.En cambio, me gustan programas culinarios como Supervivientes, cuya máxima es la ausencia de comida, y el hambre como generadora de conflictos entre vips de segunda mano. La mayoría de los platos que llenan las cartas de los grandes restaurantes del mundo tienen su origen en el hambre, y en Supervivientes, los participantes tienen todo a su disposición para hacer de la necesidad virtud. Aunque, tal como van las cosas, con Tele 5 hecha unos zorros, existe la posibilidad de que, en la nueva edición, José Manuel Soto se coma a Álex Guita o a Yvonne Reyes como si fueran un jamón cinco jotas. Con las carnes cortadas finitas como si fueran papel de fumar. Todo por el espectáculo. Todo por la pasta.