Una casa blanca sobre un acantilado, sin más ruidos que las hojas de los árboles mecidas por el viento y el despertar de los pájaros. A
Fernanda Trías (
Montevideo, 1976) le encantaría poder parar el tiempo y alargar su estancia en un lugar tan idílico como la residencia literaria Finestres, pero debe empezar su gira por
España, que empieza en
Barcelona, por su nuevo libro de relatos
Miembro fantasma (
Páginas de Espuma). Poco antes de marchar de tan idílico espacio, atiende a
La Vanguardia por teléfono, no sin dificultades en un primer momento por el tema de la cobertura. “Todo sea por poder aislarnos durante un tiempo del mundo y escribir con calma, como debería de ser”.Regresa al cuento, diez años después.Eso no quiere decir que no haya escrito relatos en todo este periodo. Siempre lo hice. Es más, yo soy mucho de trabajar con material viejo.¿Quiere decir que ya tenía avanzados gran parte de estos escritos?Muchos de ellos sí, pero los rehíce desde el principio. Otros han surgido en este tiempo, gran parte de ellos en 2020.¿La pandemia la ayudó a escribir?Más que escribir, a encontrar simbolismos. Como, por ejemplo, las ventanas, que en todas estas páginas aparecen mucho, ya que pasaron a ser esenciales y a revalorizarse en esta época.Hay muchos más elementos que se repiten en estos cuentos. Por ejemplo, casi todos sus personajes beben whisky o vodka. O los ventiladores… están por todos lados.Es un objeto que asocio mucho a la infancia. Además, no cualquier ventilador, sino uno muy sucio, con la rejilla repleta de pelusas. Es el que había en casa de mis padres cuando yo era niña y por supuesto no teníamos aire acondicionado.Otra cosa común en muchas de las protagonistas es su síndrome de la impostora. En el cuento Personaje en construcción, una escritora expresa que el tiempo juega en su contra, mientras sus colegas varones publican todo lo que escriben con gran seguridad interior. ¿Lo padece usted?Por supuesto. Y no solo me pasa a mí, constantemente veo escritoras y alumnas que pasan por ello. Me ha costado, y a veces todavía hoy me cuesta, decir en voz alta que soy escritora.Fernanda Trias siempre tiene presente la dictadura en sus escritos
Andrea Martínez / Propias¿Y eso? Acaba de ganar por segunda vez el premio
Sor Juana Inés de la Cruz, algo que solo había logrado hasta la fecha
Cristina Rivera Garza.No importa cuantos premios ganes. Cuando alguien te lee por primera vez sigues sintiendo inseguridad. Pero, para avanzar, uno tiene que aceptar sus vulnerabilidades.El
Miembro fantasma, como titula su libro y uno de sus cuentos, lo define como “la amputación que permanece como dolor y como presencia” ¿En qué momento aparece esta imagen?No recuerdo cuando surgió ni donde. Solo sé que, en el momento en el que lo hizo supe que tenía un libro, porque, de un modo u otro, todas las historias tenían ese dolor, ya sea físico, como el relato en el que la madre siente los dedos que ya no están porque fueron amputados por la diabetes; o metafórico, como los cuentos en los que se muestra que los dolores del pasado siguen estando presentes a día de hoy.Como la dictadura, siempre presente en sus obras. En este último libro, precisamente en el cuento que se titula
Miembro fantasma. Como uruguaya, ¿siente un compromiso hablar de lo que sucedióCompromiso no es la palabra porque hay muchos otros escritores que pueden hablar de ella mejor que yo. Pero si escribo sobre ello es porque es evidente que sigue habiendo una herida abierta en la memoria histórica y colectiva que necesita sanar. En mi caso concreto, pasé la infancia en dictadura y la adolescencia en la etapa justo posterior, y ambas fueron dolorosas. A los niños también nos marcan estas cosas.¿En su caso concreto, además de las evidentes muertes y represiones, cómo le marcó?En mi día a día por ejemplo, con el silencio familiar, siempre asfixiante. Yo era muy curiosa y sensible y entendía que algo malo sucedía, aunque no sabía qué era. Con el tiempo, entiendes que esa represión que se respire en el ambiente permea en todo y marca, no solo al desaparecido o asesinado, sino que, también, al resto de población.Tanto a los mayores como a los más chicos. Usted recuerda que, incluso en un lugar tan aparentemente inocente como la escuela, había los “lagartos verdes” con rifles atravesados en el pecho, vigilantes en la entradaLa escuela fue un lugar atroz y de extremada disciplina, donde faltaban las libertades. No volvería allí por nada del mundo, pero es cierto que me ha ayudado escribir para afrontar esos recuerdos de otro modo. Muchos deciden no hablar de las cosas, pero yo creo que es necesario seguir escribiendo.Esos años grises conforman también la escritora que es usted hoy.Desde luego, pero no me importaría cambiarme por otra autora a cambio de haberme saltado todo eso.
Fernanda Trías, durante su presentación en
Barcelona Àlex Garcia / Propias¿Hay una mirada compasiva hacia esas formas de fragilidad que surgen tanto en la vida como en sus relatos?Así es. Y, pese a todo, creo poder entender a todos los protagonistas, incluso a los más brutales. No los juzgo porque no creo que haya tanta diferencia entre cualquiera y yo. Todos estamos a un paso de hacer daño a la persona que más queremos o, incluso, a nosotros mismos.O a quien fue un mejor amigo, como sucede en el relato Ciclón. ¿Por qué se habla tan poco de los duelos de amistad?Porque son complejos y nos cuesta expresar lo complejo. Si lo hiciéramos, veríamos que es más común de lo que parece, y sufriríamos menos. O, tal vez lo mismo, pero, al menos, acompañados. Me fascina, para mal, que gente que ha sido importante en nuestra vida y que nos han ayudado a formarnos como la persona que somos pasen a ser ignorados, como si nunca hubieran existido.Lara Gómez (
Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.