¿Un monasterio donde las abadesas podían predicar, nombrar curas e imponer castigos durante la Edad Media? La premisa de
El monasterio de la rosa negra (
Newton Compton) no nace de la imaginación de su autor,
Joan Barbero, sino que bebe de las fuentes de una historia que ha pasado inadvertida.El
Monasterio de las Huelgas Reales de Burgos es el escenario donde transcurre una novela negra histórica con psicópatas, asesinos en serie e ingentes dosis de intrigas palaciegas. Barbero también nos sumerge en otro hecho “olvidado” por la historia: las médicas, que pudieron estudiar en la
Escuela de Salerno, pero que lo tuvieron más complicado para ejercer una profesión que fue, durante siglos, coto masculino.El desavenido matrimonio real de
Alfonso VIII y su esposa,
Leonor Plantagenet, convive con personajes de ficción como la abadesa doña Elvira, Beatrice, una médica que oculta secretos de su pasado, o
María de Alarcón, una niña que se criará en el convento, en una trama de truculentas incógnitas y de mujeres que ostentaron parcelas de poder que la historia orilló.Las abadesas de las Huelgas Reales de Burgos no debían someterse a la autoridad del obispo, solo a la del
Papa. Además, confesaban, predicaban, nombraban a los curas de las parroquias o castigaban delincuentes. ¿Cómo lo lograron?Quiero aclarar que, aunque me documenté mucho para escribir la novela, soy escritor de ficción, no historiador. Un gran número de abadías fueron creadas por la nobleza con la intención de que funcionaran como una residencia para las mujeres solteras o viudas de su familia. Según la documentación que consulté, se les atribuye una función adicional: poner a resguardo de la rapiña del rey las riquezas que los fundadores les hubieran donado. Es decir, todo aquello que los nobles habían entregado a los monasterios no podía ser confiscado por la
Corona.Huelgas Reales de BurgosLourdes Cardenal / CC BY-SA 3.0¿Los conventos funcionaban como pequeños paraísos fiscales?Sí, y la reacción del soberano para acabar con esos “paraísos fiscales” consistía en fundar monasterios poderosos que se convirtieran en “cabeza y madre” de los menores para recuperar el control sobre ellos y sus bienes. Al frente de esas abadías principales, el rey nombraba superioras de su cuerda, generalmente, de su propia familia. Probablemente este sea el caso de las Huelgas.¿Por qué sabemos tan poco de unas instituciones en las que las abadesas tuvieron tanto poder?La única respuesta que encuentro a la pregunta de por qué no sabemos más de estas abadesas singulares es que, aunque fueron “toleradas” durante siglos, se las veía como una anomalía en una Iglesia dominada por hombres, y lo que incomoda se intenta que caiga en el olvido. En el siglo XIX, el
Papa Pío IX acabó con sus privilegios.Tal y como usted explica, Josemaría Escrivá de Balaguer estudió este fenómeno jurídico en su tesis doctoral. ¿Por qué cree que se interesó el fundador del Opus Dei por las mujeres más poderosas de la Iglesia medieval?En mi opinión le interesaba el estatus jurídico de estas abadesas por su similitud con la prelatura personal a la que aspiraba para su organización.El fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer, dialoga con un grupo de jóvenes REDACCIÓN / EFE¿Eran los conventos de la Edad Media espacios de libertad para las mujeres? ¿Qué ganaban y qué perdían?El concepto de libertad femenina en la Edad Media me temo que debía de ser bastante distinto de cómo lo entendemos en la actualidad. Sin embargo, me atrevería a decir que los conventos medievales podían convertirse en un refugio para las mujeres de la nobleza. Muchas viudas no dudaban en tomar los hábitos huyendo de un nuevo matrimonio no deseado. Aunque es cierto que las monjas vivían recluidas, las de origen aristocrático tenían criadas a su servicio, se permitían algún lujo en sus celdas y podían recibir visitas de familiares o amistades. La existencia de cartas amonestando a los monasterios por las entradas y salidas de las religiosas es un testimonio de la laxitud con la que se practicaba la clausura.Si usted hubiera sido mujer en la época medieval, ¿se hubiera metido en un convento?Depende. Para ser abadesa de las Huelgas, por supuesto. Para convertirme en criada de una monja caprichosa, lo dudo.Ahora, con el triunfo de la película Los Domingos en los Goya y de Lux, de Rosalía, parece que los conventos se han puesto de moda. ¿No eran tan aburridos como nos hicieron creer?Posiblemente, la vida dentro de los conventos no era tan aburrida, ni fuera de estos tan divertida. La vida de las mujeres en casa, sometidas a la autoridad de un padre, un marido o un hermano, no debía de ser una fiesta para una gran mayoría de ellas. La vida monacal les permitía disfrutar de una vida cultural más rica, que incluía la lectura y la música, especialmente, en grandes instituciones religiosas como Las Huelgas.Joan BarberoCedidas por la editorial Newton ComptonLa Escuela Médica de Salerno fue una de las más avanzadas a su tiempo, y permitió la entrada de mujeres como alumnas. ¿Por qué sabemos tan poco de las médicas en la época medieval?Porque la gran mayoría de las médicas se dedicaban a atender problemas de salud de otras mujeres. Eran ginecólogas o parteras, un área que para la cultura dominante resultaba poco prestigiosa. Sus conocimientos se transmitían oralmente y, por tanto, dejaron pocas evidencias de su saber. Trota di Ruggiero es una excepción. Esta doctora de Salerno escribió en el siglo XII tres tratados que se utilizaron en las facultades de medicina de toda Europa hasta el siglo XVI, a pesar de que, en aquella época, las mujeres tenían vetado el acceso a la universidad.El Hospital del Rey, en Burgos, era, según describe, un lugar avanzado para su época: dietas específicas, diagnóstico por orina, atención en varios idiomas. ¿Cómo percibía aquella sociedad católica, marcada por la superchería, los avances médicos?En el siglo XIII, los enfermos acudían a la iglesia para curarse y al hospital para morir. Sospecho que los enfermos creían más en el poder sanador de una poderosa reliquia que en la alquimia de los médicos. Todo lo que chocara con la tradición, como, por ejemplo, la higiene, sería visto al principio con desconfianza, aunque, si les garantizaba techo, cama, comida y asistencia espiritual, lo tolerarían como un mal menor.El Hospital del Rey según una ilustración realizada a comienzos del siglo XXDominio públicoLa maternidad duele a las protagonistas de su novela, que, en la mayoría de los casos, no pueden criar a sus hijos. ¿Hubieran sido más felices algunas mujeres en la Edad Media si no se hubiera esperado de ellas que fueran madres?Las reinas, por supuesto, sabían que su rol social era dar un heredero al reino. De ello dependía su bienestar e, incluso, en algunos casos, su propia vida. Por supuesto, muchas de estas mujeres habrían deseado no ser víctimas de esa presión para ser madres, exactamente como en la actualidad.En la novela muestra la convivencia entre judíos, árabes y cristianos. ¿Cuál era la clave que perdimos con el paso de los siglos, que tanta falta nos haría ahora?En la Edad Media existía convivencia entre las tres culturas, aunque eso no implica que fuera idílica. Para empezar, los practicantes de una religión no dominante estaban obligados a pagar un impuesto especial, tanto en los reinos cristianos como en los musulmanes, y en todos se permitía la esclavitud de quienes no compartían sus creencias. Por otro lado, en Castilla, los judíos eran protegidos por la
Corona únicamente porque pagaban sus impuestos directamente al rey. Sin embargo, en Francia, Felipe II, contemporáneo de
Alfonso VIII, expulsó a los judíos de su reino mucho antes de que lo hicieran los Reyes Católicos. Por desgracia, los conflictos entre las distintas culturas han sido una constante a lo largo de la historia.Las mujeres de su novela son personajes con muchas aristas. ¿Tenían que tener las poderosas un lado muy oscuro para poder sobrevivir?Estoy convencido de que, para desempeñar un rol activo en la sociedad, estaban obligadas a jugar sus cartas con la misma astucia, mezquindad y arrogancia que los hombres. Las muestras de debilidad les penalizaban más a ellas, y, por ese motivo, debían sobreactuar mostrándose fuertes en todo momento.Si tuviera que tomar partido, ¿sería del “team”
Alfonso VIII o del de
Leonor Plantagenet?Yo llevaría una camiseta que dijera “Amo odiar a doña Elvira”, pero como no existe esa tercera opción me decanto por el “team” más afín a la abadesa:
Alfonso VIII.
Alfonso VIII en una miniatura medievalDominio públicoAl final del libro afirma: “Se dice que la historia la escriben los vencedores. Y yo añadiría que el olvido lo crean los hombres”. ¿Qué quiere reivindicar con esta frase?Conocemos las biografías de los personajes históricos gracias a los cronistas de su época y a los patrocinadores que financiaban sus obras. Desgraciadamente, hay pocos testimonios escritos de la vida de ellas. ¿Es porque no hubo mujeres singulares o porque quienes podían relatar su paso por la vida, todos hombres, renunciaron a hacerlo? Creo que se debe más bien a lo segundo.