En la plaza Maragall de
Bellaterra tres vecinos charlan bajo el sol del último jueves de marzo y opinan sobre el debate que tiene en vilo a esta urbanización de chalés, algunos vistosamente lujosos, de las afueras de
Barcelona. ¿Prefieren quedarse en
Cerdanyola del Vallès o pasar a ser un barrio de
Sant Cugat? “A mí me da lo mismo”, dice
Joan Garcia. “Pues a mí no me da igual porque he pasado más de 60 años siendo vecino de Cerdanyola y quiero seguir siéndolo, pese a que estoy enfadado”, replica
Josep Riart. El motivo de su enfado tiene que ver con el bloqueo administrativo que atranca el desarrollo de 150 viviendas nuevas. Es un proyecto urbanístico comunal ideado e impulsado por un grupo de residentes en la urbanización para facilitar, sobre el papel, pisos para jóvenes, que saldrían a la venta a un coste inferior al precio actual de mercado y con una reserva de varias unidades para ser de protección oficial. “Es que da igual de donde seamos, lo que hace falta es desbloquear esto para que los jóvenes puedan tener un sitio para quedarse a vivir aquí”, resume
Paco Bernal, tercer integrante del corro vecinal.Un piso de 90 metros cuadrados útiles, nuevo a estrenar y a media hora en ferrocarril o en coche del centro de
Barcelona por un precio de entre 310.000 o 320.000 euros. El chollo, si se atiende a los desembolsos que exige el mercado para un inmueble de estas características, se anuncia posible por la iniciativa de un grupo de vecinos de
Bellaterra que en 2023 se pusieron de acuerdo para constituir una comunidad de bienes y comprar, entre todos y con una aportación de 60.000 euros por cabeza, un pedazo de terreno urbanizable de 60.000 metros cuadrados con una misión clara: “garantizar vivienda para nuestros hijos y gente joven que se quiere quedar aquí, en lugar de que se terminen construyendo más chalés elitistas”, explica
Josep Riart, arquitecto y uno de los impulsores del proyecto. Argumentan que los costes se ajustan porque entre ellos se lo apañan casi todo, sin intermediarios. Falta, eso sí, el visto bueno de la administración, y ahí surgen los interrogantes y los nervios.“Es necesaria una modificación del plan urbanístico”, señala Eulàlia Mimó, concejal del
Ayuntamiento de Cerdanyola y responsable del área de licencias y planificación urbanística. El
PSC gobierna el Consistorio con mayoría absoluta y en su mano está introducir cambios en el plan urbanístico para que la tramitación de la obra eche a andar. “En otro momento es probable que la modificación ya estuviera aprobada, pero ahora se dan unas circunstancias concretas y diferentes de las que había en el momento en que arrancó este proyecto”, explica la edil. El contexto cambiante, admite, lo provoca el proceso de debate para decidir si
Bellaterra permanece en Cerdanyola o pasa a formar parte de
Sant Cugat. Mimó evita avanzar más concreciones porque, dice, este mes de abril hay programada una reunión con los miembros de la comunidad de bienes que quiere impulsar la obra.
Bellaterra es una zona acomodada, rodeada de bosque y muy bien comunicada con
Barcelona y con la autopista que da salida directa hacia Tarragona o Girona. En una de las mansiones de la urbanización se refugiaron la cantante Shakira y Gerard Piqué en los inicios de su idilio amoroso. En concreto, alquilaron una casa que era propiedad del exnadador David Meca. El expiloto de Fórmula 1 Marc Gené también ha tenido su residencia fijada en
Bellaterra y los vecinos cuentan que desde hace un tiempo se ve con frecuencia a la futbolista Alexia Putellas. La urbanización, con unos 3.000 residentes, está reconocida como entidad municipal descentralizada (EMD) pero pertenece a Cerdanyola, y hace de bisagra entre este municipio y
Sant Cugat. La fama de lugar elitista acompaña a
Sant Cugat, gobernado por un alcalde de Junts y con plaza fija en la lista de los municipios de Cataluña con mayor renta. La iniciativa para forzar el cambio de adscripción de
Bellaterra parte de una plataforma vecinal y pivota sobre la idea de que la autopista y el ferrocarril hacen de frontera física con Cerdanyola y diluye el vínculo de la urbanización con el núcleo urbano, pero no se esconde que el perfil sociodemográfico de los residentes encuentra más parecidos en
Sant Cugat que en Cerdanyola. El alcalde de Cerdanyola, Carlos Cordón, ha acusado al de
Sant Cugat, Josep Maria Vallès, de haber actuado con “deslealtad” en este asunto. La Generalitat tendrá la última palabra y fuentes del
Ayuntamiento de Cerdanyola señalan que, hasta que no se aclare el desenlace de la pugna vecinal, no corresponde activar una modificación del plan urbanístico en un barrio que, más pronto que tarde, puede acabar dependiendo de otro municipio. “Poder perder un barrio no es ninguna tontería”, alertan desde el
Ayuntamiento de Cerdanyola.Con los planos por delante, el arquitecto
Josep Riart, acompañado de
Joan Garcia, de
Paco Bernal y de otros vecinos de
Bellaterra que son copartícipes del pretendido plan de vivienda, detalla que su propuesta implica poder dar un salto de uno a tres. En una extensión de terreno donde, si se sigue con la dinámica urbanística que domina en
Bellaterra, se construirían 45 chalés, el boceto presentado al ayuntamiento ofrece el triple de viviendas, en bloques de un máximo de cuatro plantas. Además, defienden, se reservan 38 pisos para ser entregados como vivienda de protección oficial “al precio tasado por la ley, que rondará los 230.000 o 240.000 euros”, dice Riart.Marc Ventura tiene 25 años y es uno de los aspirantes a poder tener uno de los pisos si se llega a desencallar la promoción: “Qué joven puede quedarse en
Bellaterra pagando los precios que cuesta un chalé?”, pregunta, y lanza un vaticinio claro si la urbanización no gana vivienda a precio asequible: “o despoblación o se llena de viejos ricos”.