El exministro socialista
Carlos Westendorp y Cabeza ha muerto este lunes a los 89 años. El europeísmo de Westendorp y Cabeza, madrileño, nacido el 7 de enero de 1937, en plena Guerra Civil, le venía desde su ADN, por su abuelo neerlandés, banquero en Ámsterdam que, a finales del siglo XIX, recaló en Málaga. Licenciado en Derecho, se encaminó hacia la carrera diplomática, en la que ingresó antes de cumplir los 30 años. Una trayectoria inmensa e intensa con hitos muy por encima de lo que puede vivir un diplomático, por exitosa y plena que haya sido su carrera.Cuando el presidente del Gobierno
Felipe González le nombra ministro de Asuntos Exteriores entre 1995 y 1996, para sustituir a
Javier Solana, nombrado secretario general de la OTAN, Westendorp había tenido un recorrido profesional en la diplomacia de gran trascendencia. En ese 1996, el PSOE pierde las elecciones y, con el gobierno del PP, el presidente
José María Aznar entrega la cartera de Westendorp al empresario balear
Abel Matutes.Cuatro décadas antes, el diplomático, recién salido de la escuela, fue nombrado cónsul adjunto en
São Paulo, donde estuvo hasta 1969. Enseguida entró de lleno en la política europea, de la que la dictadura había mantenido alejada a España. Tras la muerte del dictador Franco en 1975, fue enviado a
La Haya en un primer acercamiento de España a las estructuras europeas. Su primer cargo fue el de consejero de Asuntos Europeos.Los gobiernos de UCD y, plenamente desde 1982, los de
Felipe González, fueron conscientes de que Europa era el destino natural y la solución para una España que ansiaba la normalidad tras la muerte de Franco. Entre 1986 y 1991 el diplomático fue nombrado embajador de España ante la Comunidad Económica Europea; tras ese puesto encadenó las más altas responsabilidades en el ámbito europeo. Fue secretario de Estado para las Comunidades Europeas entre 1991 y 1995, en sustitución de
Pedro Solbes, y de ahí pasó a ser ministro de Asuntos Exteriores.Su carácter afable, tranquilo, con profundo conocimiento de los equilibrios internacionales, de la transacción imprescindible, de tener en cuenta los intereses de los demás sin olvidar los propios, fueron características ya muy ensalzadas del diplomático y político Carlos Westendorp. Todas ellas alcanzaron su máxima potencialidad en el puesto encomendado por Naciones Unidas: Alto Representante para Bosnia y Herzegovina. A ello se dedicó entre 1997 y 1999. Con él estuvo un joven socialista,
Pedro Sánchez Pérez-Castejón, presidente del Gobierno de España desde 2018, al que había conocido como asistente parlamentario y técnico en Bruselas.Su misión fue la de mantener, no solo supervisar, los llamados Acuerdos de Paz de Dayton, que cerraron la encarnizada y sangrienta guerra de los Balcanes. La negociación y la transacción en un país destrozado y dividido entre facciones irreconciliables de entrada fue la tarea de Westendorp durante su mandato. Todos los testimonios de quienes conocieron y vivieron esa trayectoria, y sus resultados, le erigen como negociador infatigable, empático, hábilmente político y con rostro humano. Indispensable en un contexto de enfrentamiento en el que nadie podía quedar como ganador absoluto. También firmeza, extremada firmeza, con formas alejadas de toda estridencia o apariencia de inflexibilidad. A él se le atribuye la recomendación de tener “culo de hierro” para afrontar negociaciones aparentemente imposibles, expresión muy propia también en el mundo sindical: no hay que levantarse nunca de la negociación.Carlos Westendorp promete su cargo ante Juan Carlos I como ministro de Asuntos Exteriores en el Salón de Audiencias del Palacio de la Zarzuela, el 19 de diciembre de 1995. JOSÉ MARÍA PASTOR (EFE)
Felipe González conversa con los ex ministro de Exteriores y Justicia e Interior, Carlos Westendorp y Juan Alberto Belloch respectivamente durante la ceremonia de clausura de la Cumbre hispano-marroquí en Rabat, el 6 de febrero de 1996. HUESCA (EFE)El ex ministro de Asuntos Exteriores y mediador internacional para Bosnia, Carlos Westendorp es recibido por el Jefe del contingente español en Mostar, general Palacios, a su llegada a la ciudad, durante su gira de cuatro días por Croacia, Bosnia y Serbia, el 13 de febrero de 1996. OSCAR MORENO (EFE)
Felipe González en su escaño intercambiando impresiones con Carlos Westendorp y Juan Alberto Belloch durante la investidura de
José María Aznar, el 4 de mayo de 1996. Ricardo GutierrezEl antiguo coordinador de Paz de Occidente de la Unión Europea, Carlos Westendorp, se reúne con el presidente del Gobierno
José María Aznar, en los sillones rojos de la Moncloa, el 13 de octubre de 1998. Miguel GenerJavier Solana y Carlos Westendorp durante un seminario sobre la OTAN en el Congreso, el 16 de agosto de 1999. GORKA LEJARCEGIFelipe VI conversa con el antiguo alcalde de Washington D.C., Anthony Williams y el embajador español, Carlos Westendorp, en un momento de su visita a la antigua residencia de la embajada española de esta ciudad, para ser informado del proyecto de su rehabilitación y transformación en un Centro de Cooperación Cultural de España y Washington, el 5 de octubre de 2006. Ballesteros (EFE)Los frutos nacieron y Westendorp fue capaz de romper los bloqueos y hasta convencer a todos de la creación de su nueva moneda, himno y bandera. Esa bandera que salió del mandato del diplomático español es la que continúa en Bosnia y Herzegovina. Para la historia queda la presentación de la enseña por primera vez en 1998 en los Juegos de Invierno de Nagano, en Japón.De Sarajevo al Parlamento Europeo en las candidaturas socialistas en las elecciones de 1999 hasta 2003. Nada le era ajeno a Westendorp en las discusiones y tareas en Bruselas y Estrasburgo. Le respetaban en todos los grupos y él respetaba, según testimonios de quienes compartieron con él legislatura.Una excepción en su trayectoria fue su elección como diputado autonómico madrileño en 2003, pero un año después fue nombrado embajador de España en Estados Unidos, cargo que ocupó hasta 2008. Desde su salida de Washington, su compromiso y actividad se centraron en la reflexión sobre los desafíos de Europa, a través de organismos públicos como el Consejo de Europa o foros, como el de Madrid, sin incardinación oficial.Su condición de diplomático, político y jurista, con una experiencia probada en grandes desafíos para la paz y la estabilidad europea, le han convertido en un personaje de la máxima relevancia en la construcción europea. Ser ministro pudo ser lo más vistoso; en absoluto lo más relevante de su paso por la política y el servicio público.