Júlia de Paz estrenó en el 2021 su primer largometraje, Ama, una película sobre los tabús de la maternidad basado en el cortometraje homónimo que dirigió en el 2018. Ahora la directora catalana lleva a los cines a partir del 10 de abril La buena hija, película que también extiende la historia de su corto Harta, ganador del premio Gaudí, que exploraba las consecuencias de la violencia de género sobre los niños, exactamente sobre
Carmela, una menor de 12 años que es obligada a verse con su padre en un centro de encuentro familiar. “Cuando hicimos el corto ya sabíamos que queríamos hacer la película, pero queríamos saber si nos sentíamos cómodas a la hora de hablar de este tema porque, al ser mujeres, nos afecta este tipo de violencias. A partir del corto, con las presentaciones y los coloquios, la respuesta de las personas que nos regalaron su testimonio fue muy positiva y nos motivó a hacer la película y seguir explorando esas capas que con el corto no pudimos”, comenta De Paz, coguionista del relato al lado de Nuria Dunjó. El germen de esta historia que triunfó en el festival Black Nights de Tallin con tres galardones (Grand Prix a la mejor película, actriz para la debutante
Kiara Arancibia y el premio del público), participó en
Málaga y clausuró el sábado pasado el D'A, parte de una amiga de la directora, que trabaja en un punto de encuentro familiar. “Empezamos a descubrir estos espacios y las dinámicas que surgen con las familias”, afirma Dunjó. Ambas se han volcado en una escritura fruto de un largo periodo de investigación en el que hablaron con supervivientes de la violencia machista. “Y empezamos a ver que los hijos de estas madres no son considerados víctimas y es algo que nos abre los ojos y nos interesaba contar”. La actriz
Kiara Arancibia, la guionista Núria Dunjó y la directora y coguionista
Júlia de Paz el viernes en el CCCBMane EspinosaEn La buena hija,
Carmela es adolescente y se muda con su madre (
Janet Novás) a casa de su abuela (
Petra Martínez). La joven tiene muy buena relación con su padre, un artista plástico que la trata como una colega, y desea pasar más tiempo con él. Sin embargo, poco a poco irá observando conductas inapropiadas que le afectarán, pese a que es incapaz de verbalizarlo. Un personaje que vuelve a encarnar
Julián Villagrán tras el corto y que crearon a partir de entrevistas con expertos en violencia doméstica y vicaria y con reclusos de
Quatre Camins. “Buscamos entender, sin justificar, de dónde venía esta manera de gestionar el miedo al abandono, los celos, el desplazamiento, el concepto de amor y desamor. Todo este viaje que nos regaló la investigación nos permitió construir estas capas de grises que conlleva esta violencia, sobre todo la psicológica, que es la más difícil de detectar y demostrar a nivel judicial”, añade De Paz, para quien era importante “que el espectador hiciese el mismo viaje que hace
Carmela, de amor a desamor con el padre”. Era importante que el espectador hiciese el mismo viaje que hace
Carmela, de amor a desamor con el padreJúlia de PazDirectora y guionista”Lo que aprendimos con este proceso-continúa Dunjó- es que la violencia es un círculo. Un maltratador no va a estar haciéndote daño todo el rato. Te tiene que seducir para que te sigas quedando. Por eso no es tan fácil salir de este tipo de relaciones y es algo que intentamos plasmar. Que el viaje de
Carmela fuera el mismo por el que había pasado su madre en su día”. De hecho, la estructura del guion está basado en lo que se conoce como el ciclo de la violencia de Lenore Walker, que se divide en tres fases: acumulación de la ira, explosión y luna de miel. El filme muestra la tensa relación entre
Carmela y su madre, que se reúne en casa con otras mujeres que han pasado por su misma situación. “Este tipo de relación se repetía en las conversaciones que tuvimos con madres y niños. Los padres se ponen al mismo nivel que sus hijos y las madres son las que tienen que asumir esa responsabilidad y eso genera fricciones”. “Y también mucha culpa de no cumplir con la maternidad -añade De Paz- porque cuando se habla de violencia machista se centra mucho el conflicto en el concepto de mujer, pero se deja a un lado el concepto de madre. La película de lo que habla es del amor y del amor incondicional, y eso se personifica sobre todo en el personaje de la madre que encarna Janet.” Fotograma del filme, que se estrena el 10 de abrilAvalonLa película, además, refleja una sororidad silenciosa entre esas tres generaciones de mujeres. “Partíamos de un conflicto del que no se habla y queríamos buscar los diálogos desde el silencio. El papel de la abuela está construido desde el punto de qué puedo hacer ahora que no pude hacer con mi hija en su momento. Y nos interesaba mucho cómo atravesaba esta culpa a las tres generaciones y la idea de que con un buen acompañamiento hay posibilidad de resiliencia y de no reproducir ciertos patrones”. Todo el peso de la película recae en la joven debutante
Kiara Arancibia, de 17 años, que ha disfrutado mucho del proceso tanto en el casting como durante el rodaje. “Me lo tomaba como un juego”, dice esta adolescente que siempre ha querido ser directora y guionista y conectó de inmediato con
Júlia de Paz. “Me leí el guion solo una vez y Júlia no quería que memorizara nada. Trabajamos mucho el tema emocional con Tamara Casellas -la protagonista de Ama-, porque al tratar con emociones muy fuertes ya que había mucha rabia, intensidad y ansiedad, tanto Tamara como Júlia se preocuparon de que no me afectara. Y me hicieron hacer ejercicio físico”, comenta con una amplia sonrisa. Para esta joven, hacer de
Carmela “ha sido un orgullo. Me ha encantado”. Y protagoniza una escena en la que su padre en la ficción le rapa el pelo a lo Emma Stone en Bugonia. “Me moría de ganas porque siempre pensaba que quería raparme al menos una vez en mi vida. Fue increíble”. Arancibia, Dunjó y De Paz posan para 'La Vanguardia' en el CCCBMane EspinosaSu personaje de
Carmela busca refugio sobre todo en sus amigas, la cámara captura sus conversaciones sobre chicos, cosas banales y también sobre la relación con los padres. Hay un momento en el que incluso la protagonista pregunta a su madre si será como su progenitor y heredará sus pautas de comportamiento. “Durante el proceso de investigación nos encontramos con que los jóvenes convivían con este estigma, que si uno es hijo de un maltratador también lo será en el futuro y lo que socialmente está entendido tiene que marcar su identidad futura”. Ninguna de las guionistas optó por centrarse en dar respuesta alguna y se sienten felices de que la proyección del filme en los distintos pases “genera conversaciones, preguntas, y es algo muy emocionante”. Licenciada en Periodismo por la UAB. Redactora en la sección de Cultura especializada en cine