Amèlia López-Ferrer ha escrito su primer libro, “
Siete veranos en París”, con una segunda portada en el anverso titulada “La trastienda”. Porque la obra, que firma con el alias de
Manuela Esteller, la ha escrito con ayuda de la Inteligencia Artificial, un proceso que explica en la crónica del reverso.López-Ferrer señala que la
IA está omnipresente en los eslóganes comerciales, en escritos que nos llegan cada día e incluso en los discursos de los políticos. “Yo que la uso conozco sus tics. Y enseguida digo: esto lo ha hecho la
IA”.Periodista y empresaria especializada en comunicación pedagógica, López-Ferrer ha experimentado con diversas plataformas pero usa preferentemente
Chat GPT y asegura que tiene un estilo propio. “Aunque puedes pasarle escritos tuyos y pedirle que te copie el estilo, vuelve al suyo”. Uno de los rasgos más destacados es el uso de las antítesis: “No es una pena sino una vergüenza”, “no es que esté cansado, es que me aburro”. Y el uso enfático y repetitivo de la negación “sin” en frases como “sin pausas, sin dudas y sin mirar atrás”.El libro “
Siete veranos en París” está creado con el apoyo de la
IA y en el reverso López-Ferrer explica el proceso creativo
Xavi Jurio / PropiasTambién destaca su estilo ampuloso y grandilocuente, el abuso de los adverbios acabados en 'mente' y el uso de estructuras triples: escenas con tres personajes, capítulos con tres situaciones, tres frases en cada párrafo.“Le puedes dar órdenes, del tipo de ‘No uses la construcción ‘no es X sino Y’ o ‘escribe esto en un estilo coloquial, porque el personaje es un niño’, pero se le olvida y vuelve a su estilo” -advierte. Tratas de entrenarla pero al final no queda otra que reescribirla”.Los olvidos e incongruencias son otra marca de la
IA: “en un capítulo te describe a un personaje como celiaco y dos más allá escribe una escena en la que se como un donut”. Las incongruencias son especialmente notorias sobre el tiempo, asegura. “Al principio de una escena afirma que es de noche y luego el sol molesta al personaje y se pone una gorra”. Y también con el tiempo atmosférico. “Los personajes dan un paseo bajo la lluvia y unas páginas más tarde siguen su conversación tumbados en el césped”.Errores e incongruencias“Todo escritor mueve capítulos o escenas, o recorta párrafos y en ese proceso puede haber errores que den lugar a incongruencias. Pero las de la
IA son de otro nivel e inconfundibles”, asegura.López-Ferrer ha escrito ya tres novelas con la
IA, ambientadas en
París, Roma, Londres y Nueva York. “Son ciudades en las que he estado. En
París, la
IA situó una escena en una estación de tren cerrada hace años. Y en Londres diseñó para los personajes un itinerario entre edificios emblemáticos que era imposible hacer dando un paseo. Cuando se lo dije me dio la razón: siempre te la da. Siempre has de estar muy encima y saber de qué estás hablando, para corregir sus errores”.La
IA no es humana, no tiene experiencias. “Tiene muy poco repertorio para escenas románticas. En sexo es un mojigato, y cuando le pides que dé un paso más te dice que no puede escribirlo. Has de aportarle tú tus vivencias, tus sensaciones, y entonces sí que te ayuda a mejorar la expresión.”Le pides: ‘Escribe algo gracioso’ y te pone ‘Ja, ja. Cómo se reían’ Una de sus carencias más significativas es la ausencia de sentido del humor. “Le pides: ‘Escribe algo gracioso’ y te pone ‘Ja, ja. Como se reían’, o bien ‘Se hacían cosquillas unos a otros’”.“Seguro que la
IA mejorará – explica López-Ferrer. Pero es que el humor es especialmente difícil. Porque depende de expresiones coloquiales, que nosotros tenemos pero ella no, y de factores culturales: lo que es gracioso para un inglés no es lo mismo de lo que nos reímos nosotros”.La
IA trata de suplir su falta de vivencias aportando matices sensoriales, que va repitiendo, advierte, como “huele a humo, a madera quemada, a tierra mojada”. Y también repetidamente acude al silencio. “Lo pone siempre, incluso cuando no es pertinente, por ejemplo en una escena en una verbena”.Otro rasgo estilístico típico son las frases cortas y los capítulos breves. “Esto puede ser una ventaja para llegar a una audiencia joven que quizás no está habituada a la lectura”. Pero complica la vida a un escritor que quiere explicar una historia compleja. “En mi primera novela tenía sentido, porque eran un conjunto de episodios que pasaban en años diferentes, pero en otra, que era de misterio, la estructura es más compleja: hay varios misterios y se dan piezas de información, de manera fragmentada. Así que has de trabajar esa estructura con
Chat GPT y recordársela, advertirle que hay algo que el lector aún no sabe, porque a la
IA se le olvida”.López-Ferrer destaca el valor de la
IA para hacer accesible la experiencia creativa. “Personas que tienen historias interesantes pero que no sabrían ni cómo empezar, o que no tienen tiempo para escribir, con la
IA pueden hacerlo”. Hasta ahora solo lo podían hacer quienes recurrían a un ‘negro’, a la ayuda de un redactor auxiliar y a menudo anónimo.“La literatura tiene un valor terapéutico. Esto siempre ha atraído a muchas personas a los talleres de escritura, por ejemplo. Te ayuda a revivir experiencias impactantes o traumáticas, a exorcizarlas” y el uso de la
IA lo facilita. “Te estructura las ideas, y te propone textos que puedes revisar en el móvil, mientras miras la tele, y darle indicaciones para que los corrija”.López-Ferrer señala que la
IA habría de entenderse también como una oportunidad educativa. “Hoy no tiene sentido pedir a los estudiantes que hagan un trabajo sobre Hamlet, porque ya sabemos que lo hará
Chat GPT. Pero sí tiene sentido pedirles que escriban un Hamlet ambientado en su escuela. Aunque no tengan el hábito de escribir, la
IA les ayudará a hacerlo y cuando ves que es fácil te animas a poner más de ti”.A su juicio, “la Inteligencia Artificial ahora tiene un estigma, pero supongo que en unos años la normalizaremos como una herramienta más. Como el corrector ortográfico. Al principio si admitías que lo pasabas parecía que no sabías escribir y ahora todos asumimos que hay que hacerlo”.Periodista especializada en el sector Inmobiliario y en Salud. Premio del Col·legi d'Economistes de Catalunya 2020 a la mejor trayectoria personal en la difusión de la economía