HISTORIASHistoriasMientras
Gobierno y jerarqu�a eclesial negocian el convenio para regular sus indemnizaciones, cientos de v�ctimas asumen en paralelo procesos de restauraci�n que van m�s mucho m�s all� del dinero: "Los delitos prescriben, pero el sufrimiento no prescribe nunca"Fotograf�a de Antonio S�nchez, de ni�o, junto a su mano de adulto.Actualizado Lunes, 30 marzo 2026 - 16:47La primera vez que asomaron los demonios, Antonio ten�a 13 a�os. �Estaba como estamos nosotros ahora�, cuenta sentado alrededor de una mesa peque�a de madera cubierta con un mantel de hule. Apoyadas en el sof� hay un par de muletas y a ratos aparecen varios gatos haciendo funambulismo entre los cojines. �Aqu� estaba mi abuelo y aqu� estaba yo haciendo los deberes del colegio�, dice mientras va distribuyendo sus recuerdos sobre una mesa camilla imaginaria. �Y de repente not� por primera vez lo que notamos todos con la pubertad... Esa erecci�n imprevista fue mi primer contacto m�s o menos consciente con lo que me hab�a pasado a�os atr�s. El primer shock, el primer impacto traum�tico. Dice mi psic�loga que no es una an�cdota, que es un mecanismo de la memoria para no dejar de lado el dolor de un ni�o. Fue todo muy confuso, pero el caso es que ah� se empez� a abrir una caja que llevaba a�os completamente cerrada�.Cuando los monstruos aparecieron por segunda vez, Antonio circulaba en autob�s por el centro de
Madrid. Acababa de cumplir los 19. �Fue el segundo gran shock�. Hac�a unos meses que hab�a viajado desde
Villafranca de los Barros, en
Extremadura, hasta la capital en busca de trabajo con las ofertas del diario Ya bajo el brazo. �Me llamaron por un puesto de delineante y justo las oficinas estaban en la misma calle en la que estaba la entrada del hospital en el que hab�a ingresado de ni�o. Cuando el autob�s pas� por la puerta sent� una angustia y unas ganas de llorar tremendas. No pod�a respirar. De nuevo, de golpe, la ira, la impotencia, la rabia, el odio...�.Cuenta hoy Antonio que la toma de conciencia de su pasado en dos asaltos y con un par�ntesis de casi seis a�os le provoc� un dolor tan salvaje que ese mismo d�a se ratific� en una idea que acab� convertida en obsesi�n y condena: �No hablar�a de ello con nadie mientras vivieran mis padres�.El silencio dur� m�s de seis d�cadas.Para saber m�sAntonio S�nchez tiene hoy 76 a�os. En 1961, cuando apenas ten�a siete, un religioso abus� sexualmente de �l mientras estaba ingresado, enfermo de poliomielitis, en un hospital de
Madrid.�S� que ocurri� varias veces, pero no s� si fueron tres o 14, no lo recuerdo. Cuando pienso en aquello, soy capaz de ver en mis recuerdos al ni�o que fui caminando de la mano de aquel fraile hacia su habitaci�n, pero no puedo mirar la cara de mi yo ni�o. Me es imposible, me da much�simo miedo...�. El resto lo recuerda todo en blanco y negro: los tebeos de El Capit�n Trueno, la fila de camas, la entrada al cuarto, la mesita escritorio... �Hab�a una ventana con las cortinas corridas, una cama debajo de esa ventana y a la izquierda, sobre el cabecero, un crucifijo�.Nuevo protocolo del
Gobierno y la
Iglesia para la reparaci�n econ�mica de v�ctimas de abusosEL MUNDO (V�deo) / Javier Barbancho (Foto)En la �nica fotograf�a que guarda de aquella �poca, aparece el peque�o Antonio en color sepia, acostado en una vieja cama de hospital, escayolado hasta la cadera. A su lado, posa su madre vestida de negro. �Ella era muy creyente, no era practicante, pero cre�a mucho, rezaba much�simo y a m� me hac�a ir a misa todos los domingos. Creo que si se lo hubiera contado, o no me habr�a cre�do o la habr�a destrozado para siempre�.Poco antes del verano de 2022, tres a�os despu�s de la muerte de su madre, Antonio denunci� por primera vez su caso en las p�ginas de El Pa�s. Seg�n la base de datos del peri�dico, el n�mero de v�ctimas en el seno de la
Iglesia espa�ola se elevaba entonces a 1.594. Hoy son casi 3.000.Durante las �ltimas semanas, el
Gobierno y la jerarqu�a eclesial han negociado un convenio regulador para hacer frente a las indemnizaciones a cada una de ellas bajo la supervisi�n del Defensor del Pueblo. En enero, la
Iglesia acept� asumir el coste de las reparaciones, pero en paralelo marchan otras v�as de restauraci�n que apenas se conocen. Detr�s de cada cifra se esconde una historia personal hecha a�icos, un trauma que no entiende de transferencias bancarias ni protocolos, pero que desintegra todas las parcelas de la vida de cada afectado como una bomba de racimo."Soy capaz de ver en mis recuerdos al ni�o que fui de la mano de aquel fraile caminando hacia su habitaci�n, pero no puedo mirar la cara de mi yo ni�o. Me da much�simo miedo"Antonio S�nchez�Muchas veces nos quedamos con la denuncia, con el esc�ndalo en el Vaticano y con lo malos que son los curas, pero... �qu� pasa con la vida de quienes han sufrido esos abusos siendo s�lo unos ni�os? �Qu� pasa con el estigma que rodea la vida de las v�ctimas que lo han sido siendo adultas? �C�mo se compensa ese da�o? �Cu�nto dinero vale? �C�mo se repara a una persona m�s all� de la indemnizaci�n econ�mica?�.Las preguntas las lanza Teresa Compte, presidenta de la Asociaci�n para la Acogida y el Acompa�amiento Betania, una organizaci�n que desde 2019 presta acogida, escucha, atenci�n psicol�gica y orientaci�n jur�dica a las v�ctimas y que facilita procesos de reparaci�n con un enfoque restaurativo que, a menudo, terminan en encuentros con la instituci�n. �Esto es algo que impacta en la vida al completo de cada persona: en su confianza, en su capacidad de comunicaci�n, sus relaciones, su vida espiritual, su fe, su vida sexual y afectiva... Y eso requiere una respuesta integral�, explica ella. �Los delitos prescriben, pero cuando el sentido de tu vida se quiebra, el sufrimiento no prescribe nunca�.Desde 2023, Betania ha facilitado alrededor de 40 procesos de reparaci�n, todos con contenido moral, material y econ�mico. Desde la asociaci�n explican que ellos no son �unos conseguidores de dinero�, pero las cifras son elocuentes. Los acuerdos econ�micos que han facilitado en los �ltimos a�os ascienden a 1.300.000 euros.Antonio S�nchez, 76 a�os.Antonio es una de las personas que ha participado en estos procesos. A los pocos d�as de salir en prensa, la instituci�n contact� con �l. �En la segunda reuni�n que mantuvimos, uno de los religiosos sac� un folio y me lo puso delante. Hab�a tres fotos, como en una rueda de reconocimiento. Nada m�s verla, dije: ‘Fue este’. [Y Antonio se�ala a la izquierda de un folio imaginario sobre el mantel de hule] No he olvidado su nombre. Me dijeron que en el libro de entradas y salidas del centro s�lo constaba que poco despu�s de coincidir con mi estancia hab�a sido trasladado para recibir tratamiento psicol�gico y psiqui�trico. Tambi�n que muri� en 1981�.�Alguna vez intent� usted contactar con �l durante todo este tiempo?No, no, nunca. Hoy s� ir�a a verle.�Y qu� le dir�a?Le contar�a lo que me ha hecho durante 60 y tantos a�os. Le contar�a todo lo que he llorado a solas y que nadie nunca me ha visto llorar. Mis silencios, mis disfunciones, la inestabilidad en mis relaciones... Le dir�a que el odio ya ha remitido, pero no la rabia, ni la ira, ni la tristeza, ni la impotencia que me provoca no haberme plantado nunca ante �l para decirle: 'No es solo el da�o que me hiciste cuando era un ni�o, es que me has hecho un da�o insoportable hasta el d�a que me muera'."Es imposible separar el abuso de la figura de Dios y la devastaci�n es brutal. Eso los agresores lo saben, son depredadores y saben que cuentan con el silencio de las v�ctimas"Teresa Compte, presidenta de BetaniaAntonio logr�, de la mano de Betania, que la instituci�n le pidiera perd�n. Al ni�o y al adolescente que fue y al adulto que es hoy. Tambi�n a toda su familia. �Cuando el Hermano Mayor estaba leyendo el documento y lleg� a mi nombre, yo empec� a emocionarme y baj� la mirada. Enseguida me di cuenta de que �l dejaba de hablar... Levant� la cabeza y estaba llorando. No me preguntes por qu�, pero mi mano se fue a la suya. Vi tal honestidad en ese religioso, tal dolor... Para m� la reparaci�n es eso y no el dinero�.Desde que abri� sus puertas hace siete a�os, Betania ha atendido a 185 personas; 23 de ellas mantienen hoy procesos abiertos con la
Iglesia. �El nivel de sufrimiento que nos trasladan es enorme�, explica Compte. �A la gente que viene a colaborar con nosotros siempre les digo lo mismo: ‘�T� est�s dispuesta a mirar el mal de frente? Porque si no est�s dispuesta, es mejor que te busques otro sitio'�.Silvia Mart�nez, 39 a�os.El 10 de mayo de 2023, Silvia Mart�nez abri� una cuenta de Instagram. El perfil se llama RecuerdasaJulio. El primer post es una foto en blanco y negro del patio de un colegio y el texto dice: �Si has le�do el nombre de esta cuenta y has tenido una mala sensaci�n o te han venido recuerdos desagradables, ponte en contacto conmigo�.El nombre de la cuenta hace referencia al fraile encargado del comedor y el recreo en aquel centro escolar cuando Silvia era una alumna de siete a�os. Abus� sexualmente de ella en un recoveco de aquel patio pr�cticamente todas las semanas hasta que Silvia cumpli� los nueve. �Mi padre y mi madre hab�an estudiado en ese colegio y mi hermano tambi�n antes que yo. Todo el mundo le conoc�a y muchos sab�an c�mo era. Los profesores, el director, el jefe de estudios... Todos lo sab�an, pero miraban para otro lado. Ese se�or abusaba de m� por la ma�ana y luego se pasaba las tardes charlando con mi padre�.Silvia est� a punto de cumplir los 40. Desde que era una ni�a ha sufrido trastornos de la alimentaci�n. �Ten�a v�mitos y diarrea. El rol en mi familia siempre fue ser la enferma�. A los nueve a�os, se asom� por primera vez al alf�izar de su ventana para lanzarse al vac�o. No ser�a a �ltima. �Mi adolescencia fue atroz. Una odisea. Era incapaz de poner l�mites, estaba disociada y acab� creyendo que era s�lo un cuerpo y que no val�a para nada m�s�. Hasta los 25 jam�s cont� lo que le hab�a pasado. �No lo hice sobre todo por verg�enza y por la culpa que iban a sentir mis padres�.�Qu� pas� cuando lo cont�?Primero hay una sensaci�n de alivio, pero luego se destapan otros problemas. Es como el juego ese de los parques de atracciones en el que vas dando con un martillo a un topo y t� le vas dando y dando, pero siempre aparece uno m�s por otro lado. Crees que has superado una etapa y otra, pero siempre sale algo m�s... �C�mo le afecta hoy?Tengo un trastorno de la conducta alimentaria muy heavy y vivo todav�a en estado de alerta. Tengo una hija de siete a�os y cuando supe que iba a ser ni�a, vomit� en la consulta de la ginec�loga. Deseaba con todas mis fuerzas que fuera un ni�o. Luego me negaba a ponerle falda porque la primera vez que abusaron de m�, yo llevaba una falda. Ahora cuando voy a un parque detecto enseguida qu� madres han sufrido abusos, porque sus hijas siempre llevan pantalones cortos debajo de la falda. �Y usted ha vuelto a llevar falda?Nunca. S�lo si s� que voy a estar con mi familia, en alg�n sitio seguro."Veo a un se�or por la calle que me recuerda a �l y me da ansiedad. Tengo pesadillas... Recuerdo hasta su olor. Me cruzaba por la calle con un sacerdote y ten�a que cambiar de acera"Silvia Mart�nezAntes de que Silvia cumpliera los 10, el fraile desapareci� del colegio. �S�lo recuerdo que ya no le vi m�s. S�lo en mis pesadillas. A�n tengo much�simas... Tiempo despu�s supe que hab�a recibido muchas denuncias y que se lo hab�an llevado a otro centro de ni�os, porque a �l s�lo le gustaban las ni�as. Creo que ya muri�.�Si estuviera vivo, querr�a hablar con �l?No, hablar no... Matarle s�.�Lo dice en serio?Lo pienso de verdad. Porque mi vida habr�a sido muy diferente sin �l. Hay gente que te dice que tienes que olvidar. �Te crees que no lo intento? Que tienes que pasar p�gina. �Crees que no me gustar�a? No puedes saber lo que es esto si no lo has vivido. Yo veo a un se�or por la calle que me recuerda a �l y me da ansiedad. Tengo pesadillas. Recuerdo hasta su olor. Me cruzaba por la calle con un sacerdote y ten�a que cambiar de acera. He lidiado desde los nueve a�os con la idea del suicidio, asomada al alf�izar, imaginando que me estampaba cualquier d�a con el coche. Llevo toda la vida medicada para soportar el dolor y la culpa. �Cu�l ha sido el peor momento en todos estos a�os?Lo m�s doloroso fue estar reci�n parida, con mi hija dormida a mi lado, y estar pensando en quitarme la vida. Si no lo hice, fue por no hacer m�s da�o a mis padres y por ella, por mi hija. Ya me han robado mucha vida, no iba a permitir que me robaran tambi�n mi deseo de ser madre. �C�mo est� usted ahora?Ahora he dejado de sobrevivir para empezar a vivir. Yo ya no aspiro a ser feliz porque tampoco s� qu� es la felicidad, pero al menos pido estar en paz. �Cree en Dios?No cre�a. Creo que de ni�a nunca cre�. Me he cagado much�simas veces en �l, pero ahora he vuelto a conectar con Dios. Le estoy ense�ando a mi hija a rezar. Hasta me he comprado un bel�n de Lego, yo que no hab�a tenido un bel�n en mi vida.�Cuando reza qu� le pide?No le pido nada. Simplemente le doy las gracias por otro d�a m�s.�Y si ahora se cruza con un sacerdote por la calle...?Ya no me afecta. Mira, te voy a contar una cosa que pas� hace unos d�as...La escena de la que habla Silvia ocurre en el luminoso sal�n de un hotel en el centro de
Madrid. S�bado, 10 de enero de 2026. Despu�s de tomar un caf� y unos dulces, se sientan en c�rculo 11 personas. Seis son v�ctimas de abusos sexuales en el seno de la
Iglesia espa�ola. Est� Silvia. Tambi�n est� Antonio. Hay una silla vac�a con el nombre de una s�ptima que finalmente no ha podido acudir. Las otras cinco son representantes de la instituci�n: cuatro sacerdotes y un religioso. S�lo uno de ellos viste alzacuello y est� colocado justo enfrente de donde se sienta Silvia. Asisten tambi�n cinco miembros de Betania, que se han encargado de organizar el encuentro y transcribir la conversaci�n.En el relato que deja la reuni�n, Silvia aparece como �v�ctima n�mero 2�.�Me robaron mi vida�, dice ella en un momento de la charla. �Yo he sobrevivido, pero no he vivido. No quer�a saber nada de la
Iglesia. Hasta hace unos meses ni siquiera pod�a ver a un cura. Cuando me cruzaba con uno por la calle, mi marido me avisaba. Ahora, por fin, estoy delante de uno y no pasa nada�.Y justo entonces, enfrente de ella, el �nico cura que viste h�bito en aquel sal�n luminoso de un hotel en el centro de
Madrid, se quita el alzacuello.�Se ha obrado el mal en nombre de Dios�, dice uno de los sacerdotes. �Escuchar a las v�ctimas ha marcado mi vida, me ha quitado el sue�o y ha llegado a poner en crisis mi vocaci�n�.El encuentro se prolonga durante alrededor de seis horas. Luego comen todos juntos. Antes de marcharse, otro de los representantes de la
Iglesia se dirige por �ltima vez a las v�ctimas: �Ten�is una dignidad que no ha sido ni siquiera salpicada por las bestias. Despu�s de escuchar a las v�ctimas he tenido una sensaci�n de profunda suciedad. El cuerpo me pide silencio tras escuchar las salvajadas que ha cometido la instituci�n�.Y aqu� es cuando la v�ctima n�mero 4 le corrige: �No se debe permanecer en silencio cuando se escucha a una v�ctima. El silencio es donde hemos estado sepultados durante a�os�.La v�ctima n�mero 4 se llama Fernando Carrascal. �El mayor da�o en mi caso es que he ocultado a mis hijos qui�n soy�, se confiesa delante de los dem�s. �Y encima tienes que escuchar de tu abusador que pensaba que t� tambi�n lo deseabas. Qu� horror... Te hacen sentir un monstruo, que el malo eres t�. Nos han destrozado la vida. Yo vivo estigmatizado en el silencio y en la culpa, en el silencio y en la verg�enza, en el silencio y en el dolor, en el silencio y en la p�rdida de la fe. Yo ya no creo�.Y la representante de Betania anota entre par�ntesis que, justo cuando dice �ya no creo�, a la v�ctima n�mero 4 se le saltan las l�grimas.Fernando Carrascal, 70 a�os.Fernando tiene 70 a�os, es un tipo grande y aparentemente fr�gil. Semanas despu�s de aquel encuentro con representantes de la
Iglesia, accede a contar su historia y dar la cara por primera vez. �Mi tarea diaria durante toda mi vida ha sido ocultar qui�n soy�, admite. �Me levantaba cada d�a para seguir enga�ando. Ya soy un experto en mentir�.Fernando ha sido v�ctima de abusos sexuales en varias ocasiones. En distintas ciudades. Dentro y fuera de la
Iglesia. Dentro y fuera de su familia.�El mayor factor de riesgo para ser v�ctima es haberlo sido antes�, aclara Teresa Compte durante nuestra charla con �l. �Esto es dif�cil de explicar, pero hay una indefensi�n aprendida, hay factores de riesgo espec�ficos que favorecen la comisi�n del abuso en un entorno eclesial. Antes no hab�a control, cero fiscalizaci�n y un ambiente cerrado, un entorno familiar de confianza. Adem�s est� en juego la dignidad de la persona, pero tambi�n el nombre de Dios. Es imposible separar el abuso de la figura de Dios y la devastaci�n es brutal. Eso los agresores lo saben, se sienten muy seguros, son depredadores y saben que cuentan con el silencio de las v�ctimas�.El silencio de Fernando dur� casi medio siglo.Entre los tres y los siete a�os sufri� abusos por parte de un vecino en el barrio en el que viv�a en la periferia de Valladolid. Siendo a�n un cr�o le mandaron a Salamanca a lo que entonces se llamaba un aspirantado, un seminario menor para ayudar a los alumnos a discernir si Dios les llama o no a la vida consagrada. El centro funcionaba tambi�n como internado para menores. �Entonces era la �nica manera que ten�a una familia humilde para dar estudios a su hijo�, explica Fernando. �La
Iglesia le iba a formar divinamente, iba a convertir a su hijo en un hombre de bien�.Tres a�os despu�s de ingresar, Fernando se escap� una noche del centro con otro chaval. La Guardia Civil les encontr� d�as despu�s y les devolvi� al colegio. Luego repiti� curso. Para encauzarle, un t�o suyo, sacerdote, decidi� trasladar al ni�o a un colegio religioso en Valencia. All� sufri� abusos por parte de un profesor seglar con la complicidad de su propio t�o. �Me llev� all� como si yo fuera su sobrino predilecto, pero me meti� en un nido de v�boras�.Cada vez que regresaba a Valladolid de vacaciones, otro hermano de su madre, cura tambi�n, abusaba nuevamente de �l.�Yo s�lo hac�a lo que cre�a que ten�a que hacer entonces: aceptar y callar. Y eso me instal� en un estado de malestar permanente, un tormento�, relata. �He vivido con una sensaci�n constante de miedo, desasosiego, incertidumbre, verg�enza, de falta de seguridad, de autoestima... S�lo quer�a huir, que esto se acabe cuanto antes�."Soy una persona con un dolor inmenso, con una culpa que me corroe, que ha mentido siempre. Inseguro, miedoso. Soy una v�ctima y no puedo dejar de ser algo que es perenne"Fernando CarrascalEl infierno se prolong� hasta que Fernando cumpli� los 14. �Es una pregunta que yo tambi�n me he hecho toda la vida: �Qu� he hecho yo para merecerme esto, cojones? �Por qu� todo el mundo ha estado pendiente de m� para hacerme estas aver�as?�.Nunca cont� nada. �Nunca, nunca, nunca, nunca, nunca. Con 13 a�os se lo cont� a un sacerdote en confesi�n y me cambiaron de casa, de colegio y de ciudad. Nunca m�s dije nada. Mis padres no lo habr�an aceptado. Me habr�an culpado a m��.La historia de Fernando habla de una crisis de fe descomunal, de mil y un fracasos amorosos, enfermedades y adicciones, de much�sima soledad, dos matrimonios, cinco hijos de dos mujeres diferentes y una �nica constante: la angustia. �Me he pasado la vida intentando ser normal pero nunca si�ndolo. Meando fuera de tiesto y con los pies fuera de las alforjas. Pero he tenido la suerte de que he sido capaz de desenvolverme sin que nadie pensara en mi entorno que mi problema era el que era�.En 2010, con 55 a�os, Fernando busc� por primera vez ayuda psicol�gica a trav�s de C�ritas en C�rdoba y revel� su caso. Despu�s se lo cont� a su mujer y a sus hijos. �Ya no pod�a seguir sosteniendo la mentira�, asegura. �Necesitaba que se reconociera que yo no era la persona que hab�an cre�do que era, que si hab�a sido un mal padre era porque nunca supieron qu� padre ten�an ni lo que hab�a detr�s. Nunca he tenido una sensaci�n de afecto y nadie ha sabido qui�n soy�.�Y qui�n es usted?Pues una persona con un dolor inmenso, con un sentimiento de culpa que me corroe, que ha estado mintiendo permanentemente. Inseguro, miedoso. Soy una v�ctima y no puedo dejar de ser algo que es perenne. �Ha vuelto a creer en Dios?�C�mo va a conseguir la
Iglesia que yo recupere la fe? �C�mo va a compensar mi condici�n de persona condenada al infierno?Fernando denuncia que la
Iglesia ha pasado �de puntillas� por su caso. Hasta ahora no ha recibido la reparaci�n que persigue desde hace d�cadas. �A m� que me pidan perd�n no me sirve de nada�, admite. �Entre otras cosas porque yo no busco dar perdones�.�Qu� busca?La restituci�n de mi imagen y mi dignidad. Que se sepa la verdad de mi vida, que se valide mi historia.�Eso c�mo se consigue?Pues doctores tiene la
Iglesia, �no? Si han sabido ocultarlo durante tantos a�os, seguro que se las apa�an para hacerlo p�blico.Poco despu�s de contactar con Betania e iniciar su proceso de reparaci�n, Fernando supo a trav�s de la prensa que el profesor que abus� de �l en un centro religioso segu�a vivo. �Le localic� y le llam�, recuerda. �El t�o me acept� la llamada. Le dije que s�lo quer�a que supiera que le hab�a localizado, que sab�a que estaba bien, que quer�a que supiera que yo tambi�n lo estaba y que le iba a denunciar�.�Qu� respondi� �l?Colg�. �Por qu� ha decidido contar p�blicamente su caso?Porque creo que ya no debo ocultar m�s mi realidad. Habr� gente que me conoce que se sorprender�, pero bueno... Que me escriban un whatsapp. Yo ya no tengo miedo ni verg�enza.�Es usted feliz?No. �Lo ha sido alguna vez?Tampoco. �Qu� tendr�a que pasar para que lo fuera, para que se levantara una ma�ana y pensara: hoy, por fin, soy feliz?No lo s�... A lo mejor lo sabr�a porque vuelvo a creer en Dios. Y a Fernando, la v�ctima n�mero 4, se le vuelven a saltar las l�grimas.