LA LECTURAEntrevistaEl periodista de
EL MUNDO se estrena en la novela con
Angie de las Torres Blancas (
Harper Collins), una vibrante historia de iniciaci�n, aspiraciones, decadencia y resurrecci�n alrededor del m�tico edificio de S�enz de OizaActualizado Lunes, 30 marzo 2026 - 00:04Camina por los pasillos de la redacci�n con una ligera inclinaci�n de nave. A veces se deja escuchar y otras desaparece por dentro de s� mismo sin necesidad de moverse.
Luis Alemany es uno de los redactores principales de la secci�n de Cultura de
EL MUNDO. Un ciudadano delicado, educado, extravagante, portador de una sofisticaci�n que asoma a primera vista, pero si tienes cuidado en la manera de aproximarte promete mucho m�s.
Luis Alemany naci� en
Las Palmas en 1977, hijo de arquitectos, alumno de colegio privado, inquilino de un edificio singular en un barrio pint�n y bohemio de la isla. Estas coordenadas vitales condicionaron su infancia, su lugar en
EL MUNDO y facilitaron la extra�eza de la que se siente due�o, juez y parte.
Luis Alemany es un hombre bien rematado y con un atractivo surtido de extra�ezas, de contradicciones. �Siento desde muy joven que estoy fuera de sitio, un poco como lo estuvo (o lo est�)
Torres Blancas�, dice.Sus dominios en el peri�dico acumulan distintos frentes de acci�n. Pero son dos disciplinas las que le dispensan m�s gozo como periodista, como escritor: la historia del siglo XX (secci�n nazismo y Segunda Guerra Mundial) y la arquitectura. Alemany sabe mucho de alzados, de construcci�n, de materiales, de escuelas y estilos, de sociolog�as alrededor de un edificio. Es un hombre inteligente, de silenciosa curiosidad y de ideas propias. Parec�a raro que no escribiese m�s all� del peri�dico o de algunas colaboraciones externas. Maneja una escritura caprichosa cuando suelta los textos por la p�gina. Una voluntad de juego, una imaginaci�n bien trabajada y una intenci�n de estilo propio. Por eso era extra�o, insisto, que no probase a inventar otras cosas. En silencio, casi con culpa a nadie sabe qu�, descre�do primero y obsesivo despu�s,
Luis Alemany, el del peri�dico, se lanz� a armar una novela y algo m�s de un a�o despu�s, casi en secreto, lo comunic� cuando ya no ten�a m�s remedio porque la editorial
Harper Collins estaba a d�as de enviarla a librer�as.La novela lleva por t�tulo
Angie de las Torres Blancas y es un artefacto capaz de asombrar y fijarte a la historia que cuenta porque en el fondo es Alemany danzando entre sus demonios, chocando sus ideas sobre este mundo y este tiempo y el pasado de anteayer y las cosas que mantienen su excepci�n y su hechizo, como le sucede al edificio m�tico proyectado por arquitecto Francisco Javier S�enz de Oiza en 1969, un s�mbolo del Madrid burgu�s de esp�ritu artista.�Ese lugar, su origen, su condici�n ic�nica y c�mo determina la existencia de quienes lo habitan me recuerda (aunque en la dimensi�n de una isla) a mi infancia y juventud en
Las Palmas. Me lleva a evocar la casa de mis padres, aquella promesa de optimismo y sofisticaci�n que no lleg� a cumplirse del todo, igual que sucedi� con el esp�ritu de
Torres Blancas. Habitar
Torres Blancas es un tesoro, pero tambi�n un reto por la amplitud de los pisos y la condici�n escult�rica de las viviendas. Eso lo hac�a todo dif�cil y, a la vez, atractivo. En ese espacio se vincul� aquella clase media que se afianzaba en la Espa�a de los �ltimos a�os de la dictadura de Franco y tomaron aquel lugar m�tico como un signo de distinci�n y de excepci�n�.Para saber m�sLa novela est� fijada en el verano de 1995 en casa de los padres de Angie, una adolescente que est� en pleno paso del ecuador de la adolescencia al escal�n siguiente. Y, a la vez, Alemany despoja al edificio de su fachada, como un 13 Rue del Percebe, y saca a la luz las existencias de sus inquilinos, cada cual con su se�a de identidad, cada cual con su mundo en marcha, cada cual con el peso de vivir en
Torres Blancas, un barrio que fue principal en La Movida por la sala Rock-Ola, donde la prostituci�n no se escond�a, donde la hero�na se hizo sitio... �Y en medio de ese territorio, un edificio que exige mucho amor por parte de quienes lo habitan. En los 90, la vida efervescente del primer
Torres Blancas estaba ya en una visible cuesta abajo�, explica. �Pero la realidad de una adolescente en ese entorno entre la nostalgia y la aspiraci�n me parec�a un buen contrapunto para la historia de un edificio que fue radical�.Angie vive los conflictos propios de la edad, los conflictos propios con sus padres, los conflictos (como espectadora) propios entre hermanos, los conflictos de no saber ya qu� a los 15 o 16 a�os. Y alrededor, una colmena de gente en un farall�n de la arquitectura postmoderna m�s significativa de Madrid. �Poner a una adolescente como protagonista es una manera de poner un velo para contar asuntos propios. Soy un novelista novato y sin mucha capacidad para separarme de la experiencia personal. La ficci�n pura s�lo es a�n una promesa futura... No dir� que Angie soy yo, pero siente algunas de las cosas que sent� yo en mi adolescencia... Ese edificio es una mezcla de pesimismo vital y de refinamiento art�stico que en su momento te causaba una cierta inseguridad, pero en la distancia lo ves con una mirada m�s po�tica y dulzura�. Entre los personajes que cruzan por las p�ginas de
Angie de las Torres Blancas est�n algunos inquilinos ciertos del inmueble: Marisa Paredes, Alejo Stivel, Bernardo Bonezzi... �Ese perfil de artistas sumaba tambi�n su punto al entorno�, dice Alemany.La novela habla al lector desde el nosotros. �Es una manera de apelar que tiene su raz�n en dos libros importantes para m�: Las cosas, de Georges Perec y Los cachorros, de Mario Vargas Llosa. La elecci�n del nosotros me permite hacer virtud de la indecisi�n entre la primera y la tercera persona. Tambi�n me permite ir directo a un asunto que le doy muchas vueltas, el conflicto entre el yo y el nosotros. Soy alguien que desde ni�o intenta encajar en el grupo, pero nunca le sale bien. Cada d�a salgo de casa con en anhelo de ser encantador y encajar por fin, pero... As� que ese conflicto es central en mi vida y en la de todos. Sentimos el nosotros como algo invasivo que te dice c�mo vestir, c�mo amar... Y, a la vez, sin el nosotros la vida es peor sin duda. Este libro, de alg�n modo, est� en ese asunto. En las relaciones personales creo funcionar bien y en los grupos no tan bien, y cu�nto me gustar�a tener grupo...�.Porque
Angie de las Torres Blancas es una novela de iniciaci�n, hasta cierto punto levemente loca y suavemente cifrada en lo confesional, y altamente bien escrita y extra�amente h�brida entre la vida de los otros, el voyeur que los observa y un edificio tot�mico que determina la manera de mirar hacia afuera y hacia adentro. Otra de las buj�as de la novela es esta: ��Hasta qu� punto vivir en una buena arquitectura, no complaciente, puede cambiar la vida de sus inquilinos?�. Porque vivir en una obra de arte condiciona tambi�n tu relaci�n con lo de afuera. Tal es el poder de los espacios que habitamos. Tal es la manera en que habitamos los espacios."�Hasta qu� punto vivir en una buena arquitectura, no complaciente, puede cambiar la vida de sus inquilinos?"En la escritura de
Luis Alemany se despliega tambi�n, por norma, por vocaci�n y por destino, una cauta iron�a infiltrada que carga un poco de elegante maldad y de fina humanidad la historia de los muchos personajes que se cruzan en esta colmena de hormig�n que en la d�cada de los 2000 recuper� de alguna manera aquel esp�ritu originario de ser un edificio para otra manera de soportar y aceptar la ciudad. �Si echo la vista atr�s, los 90 fueron unos a�os interesantes. O, al menos, as� los recuerdo. A�os de posibilidad. A�os de algo por hacer. Y a�os del final de una alegr�a del mundo. El est�mulo para hacer esta novela nace, mucho tiempo despu�s, de un reportaje que publiqu� en el peri�dico sobre un piso que hab�an rehabilitado manteniendo las l�neas y formas de origen. Un trabajo interesante. Ah� entend� que todo lo que el edificio tiene de aspereza, de brutal, de violento hormig�n, se nos ha vuelto a hacer muy valioso. Madrid es hoy una ciudad predecible y
Torres Blancas no lo es. Ha recobrado su esplendor y nos permite cambiar de opini�n. Los ricos educados han vuelto a ser los inquilinos del lugar�.Dir�a que
Angie de las Torres Blancas es una novela osada, sin beater�a hacia la literatura pero escrita con un pulso fuerte. Imaginativa y donde la realidad de algo tan singular como una arquitectura rotunda est� captada con un mimo de notario. Lo que sucede dentro es vida y conflicto, como es normal. Personajes a los que las vidas les tropiezan y que a veces son tragados por la fabulosa garganta de un edificio en una ciudad como testigos melanc�licos de un mundo hecho todav�a a mano. Al fin y al cabo algo de esta misma historia que conoci�, en otras latitudes,
Luis Alemany. Y que dio contorno a su biograf�a. Esta es una novela llena de gente: algunos rotos, otros invisibles, otros resistentes; y Angie empezando a vivir. Hay aqu� algo hipn�tico en la manera de narrar. Tambi�n algunos gui�os prescindibles en la manera de cebar la atenci�n de quien lee. Pero sobre todo asoma un sujeto que ha confeccionado una mirada de �ngulo propio para hablar de lo que le sucede a mujeres y hombres encofrados en un coloso.
Luis Alemany se estrena en la narrativa, a veces se extrav�a y al poco se encuentra de nuevo antes de cumplir con el rito del naufragio. No es esta una novela sobre la arquitectura, ni para los arquitectos. Tambi�n tiene su semilla en la revelaci�n de lo que fue la Factory de Warhol o el piso teatralizado de C�sar Gonz�lez-Ruano en la calle R�os Rosas de Madrid. As� de raro es todo. As� de rico. Esta historia pone a prueba a quien se acerca porque a veces uno no puede evitar buscarse dentro.