El
Ayuntamiento de València prevé aprobar en el pleno ordinario de este martes un total de 27 alegaciones contra el informe emitido por la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) el pasado 27 de febrero de 2026, en el que la institución normativa rechazaba el cambio del topónimo oficial de la ciudad hacia la forma bilingüe Valéncia /
Valencia. Este nuevo capítulo en el debate lingüístico refleja no solo una discrepancia técnica, sino también un conflicto más amplio de carácter identitario, histórico y social en torno al valenciano.El origen de la controversia se sitúa en la iniciativa del consistorio para modificar la denominación oficial de la ciudad, incorporando la grafía “Valéncia”, con acento cerrado, junto a la forma castellana. Esta propuesta se sustentaba en un estudio técnico elaborado por el filólogo Abelard Saragossà, también miembro de la propia AVL. Sin embargo, el informe posterior de la Acadèmia concluyó que la forma “
València”, con acento abierto, es “la correcta, adecuada e históricamente justificada”, descartando la alternativa planteada por el Ayuntamiento. En caso de adoptarse una forma bilingüe, la AVL únicamente consideraba admisible la fórmula “
València /
Valencia”.Frente a esta posición, el Ayuntamiento ha encargado al propio Saragossà la elaboración de un documento de alegaciones que rebate de manera pormenorizada los argumentos de la AVL. El texto que se someterá a votación sostiene en reiteradas ocasiones que el informe académico carece de base científica sólida y presenta deficiencias metodológicas.Uno de los ejes centrales de las alegaciones es la cuestión fonética. Saragossà defiende que la pronunciación de “Valéncia” no depende de la etimología latina del topónimo, sino de la evolución histórica de las vocales abiertas y cerradas en valenciano. Según se argumenta, autores como
Sanchis Guarner o
Gulsoy ya demostraron que la distribución de estas vocales en valenciano responde a procesos propios de la lengua y no a una simple herencia etimológica. De hecho, se sostiene que en la Edad Media la forma predominante habría sido “Valéncia”, lo que contradiría la tesis de la AVL.Además, el documento municipal critica que el informe de la Acadèmia incurre en contradicciones internas, ya que por un lado rechaza considerar la evolución de las vocales y, por otro, utiliza argumentos etimológicos que dependen precisamente de dicha evolución. También se cuestiona la selección y uso de fuentes, señalando que la AVL habría ignorado aportaciones relevantes o las habría interpretado de forma sesgada.Otro punto destacado es la acusación de manipulación terminológica. En una de las alegaciones se denuncia que la AVL atribuye al estudio de Saragossà la idea de que “Valéncia” sería propia de todo el catalán occidental, cuando en realidad el trabajo se refiere exclusivamente al valenciano. Este matiz no es menor, ya que conecta con el debate más amplio sobre la identidad lingüística del valenciano y su relación con el catalán. Según el documento, resulta “inaudito” que un informe oficial utilice una terminología que pueda interpretarse como una subordinación del valenciano dentro del catalán.En el ámbito de la toponimia, las alegaciones defienden que el criterio fundamental debe ser la pronunciación de los habitantes. Se citan ejemplos como l’Énova o Dénia, donde la forma oficial responde a la pronunciación local y a la tradición histórica, independientemente de la etimología. En este sentido, Saragossà sostiene que “Valéncia” se encuentra en una situación comparable, por lo que la AVL estaría aplicando un criterio desigual.El documento también cuestiona la apelación a la “tradición ortográfica” utilizada por la Acadèmia. Según las alegaciones, dicha tradición se habría construido sin una investigación exhaustiva sobre la evolución del topónimo y, además, estaría influida por procesos históricos como la presión del modelo lingüístico catalán durante el siglo XX. En este contexto, se argumenta que la generalización de “
València” no respondería únicamente a criterios lingüísticos, sino también a factores sociopolíticos.Precisamente, la dimensión social ocupa un lugar relevante en el texto. Saragossà acusa a la AVL de no contribuir a superar la llamada “fractura social valenciana”, sino de alinearse con una de las partes del conflicto. Según el documento, el informe académico no busca el consenso ni la cohesión, sino que refuerza una determinada visión, lo que podría dificultar la normalización y el uso del valenciano.Asimismo, se pone en duda el argumento de la AVL sobre el supuesto rechazo social a la forma “Valéncia”, basado en las 922 alegaciones recibidas en contra del cambio. El Ayuntamiento señala que la mayoría de estas alegaciones no eran individuales, sino formularios estandarizados, y que no abordaban el contenido técnico de la propuesta.En el plano político, también se cuestiona la idea de consenso institucional en torno a la forma “
València”. Aunque el cambio de 2016 se aprobó formalmente por unanimidad, las alegaciones recuerdan que existieron irregularidades en el procedimiento y que el apoyo real correspondía a una mayoría ajustada. En contraste, el actual intento de modificación contaría con un respaldo político similar en términos de representación.En definitiva, el pleno municipal de
València se prepara para aprobar un documento que no solo rebate técnicamente el informe de la AVL, sino que también plantea una crítica más amplia sobre su enfoque, su metodología y su papel en la sociedad valenciana. El conflicto sobre el topónimo de la ciudad trasciende así el ámbito lingüístico para convertirse en un reflejo de tensiones históricas, identitarias y políticas que siguen presentes en la Comunitat Valenciana.Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en
València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991