Lara Gómez RuizBarcelona 31/03/2026 06:00 Actualizado a 01/04/2026 13:39
Selva Almada (
Villa Elisa,
Argentina, 1973) se acuerda a menudo de los paseos que daba con sus tías cuando visitaban a su abuelo en su casa de campo. Cada pocos metros, se topaban con viviendas deshabitadas y jugaban a imaginar quiénes podían haber vivido allí. No lo sabía entonces, pero ahí empezó a gestarse su última novela Una casa sola (
Random House), aunque pasarían varias décadas hasta darse cuenta.“Fue durante una residencia para escritores, a finales de 2022, en la que al fin tuve un poco de tiempo para pensar y leer más, cuando surgió esa idea. Recordé estos paseos y los uní con otra potente imagen que me inquieta, que son las diversas pantallas que hay en los aeropuertos argentinos donde aparecen rostros de personas desaparecidas. Pero no son desapariciones de tiempo dictadura, sino de ahora, en democracia. De vez en cuando, en prensa se habla de alguno, pero hay otros tantos miles que nos perdemos. ¿Dónde fueron a parar? ¿Porqué nadie sabe de ellos ni de su paradero?”, reflexiona la autora durante su visita a
Barcelona.Así surgió la última trama de la finalista del
Premio Booker Internacional, una fábula sensible e inquietante sobre las casas que habitamos y dejamos atrás. Una de las narradoras es precisamente una casa que hace años que está deshabitada. Los vecinos no saben qué fue de Lucero, su mujer y sus cuatro hijos. De la noche a la mañana, se fueron sin dejar rastro, aunque la mayoría sospecha que esa marcha fue de todo menos voluntaria. La casa es de las pocas que saben la verdad y, junto con otras voces de espectros que se escuchan en el monte, trata de arrojar luz al lector, que termina siendo partícipe de esta búsqueda.Mientras todo ocurre, la naturaleza se adueña del lugar. Las raíces irradian los cimientos y árbol y muros se van volviendo un mismo monte. Por no hablar de los bichos que se cuelan en su interior, así como las gallinas, que picotean los restos de las alacenas, y los perros, que se enroscan en unas sábanas que todavía huelen a sus dueños, pese al paso del tiempo.
Selva Almada presenta en
Barcelona la novela 'Una casa sola' Miquel Gonzalez/Shooting“Yo, que durante muchos años he vivido de alquiler en diversas casas, me pregunto a menudo si estas conservan la esencia de las personas que han vivido antes. Los animales parece que sí la perciben, pero, ¿se acuerda el propio espacio? ¿Cuánto de los inquilinos queda en las casas?”. La autora quiere pensar que su memoria no queda en vano, seguramente por eso toda su vida se esmeró en saber más sobre esos dueños ausentes. “Todavía hoy pienso en ellos cuando subo al coche y viajo hacia las provincias. ¿De quiénes son esos hogares abandonados y a quiénes pertenecerán a partir de ahora?”La escena le parece paradójica en un momento en el que muchos jóvenes (y adultos) no pueden pagar una vivienda en
Argentina, y en gran parte del mundo. “Muchas gente migró hacia las ciudades y quedaron allí. Tal vez ahora sea el momento de hacer la ruta inversa”.Lara Gómez (
Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.