“Muchas historias y textos antiguos nos hablan de la felicidad. Pero trenzada de tal modo con la desgracia y la vicisitud de la aventura humana que no es fácil distinguirla. Esas historias y esos textos han sido interpretados doctrinal o disciplinariamente, olvidando que contenían una enseñanza para ser felices en un mundo tortuoso. Contenían una ética para evitar el daño –ese dolor que nos hacemos nosotros mismos por no saber tratar con el dolor– y para obtener lo mejor de la vida”, arranca
Alejandro Gándara (
Santander, 1957) su nuevo libro, el ensayo Los textos robados a la felicidad (Galaxia Gutenberg), con el que ha ganado el IV
Premio Eugenio Trías. El que fuera ganador del
Premio Nadal con Ciegas esperanzas , profesor de Historia de las Ideas, regresa examinando textos, personajes y pensadores que van del Génesis y el Cantar de los cantares a
Epicuro,
Safo y
Platón, de Antígona y Agamenón a Job o el mito de Dionisio. Textos que, señala, han sido robados por la ideología, la religión o la academia y que esconden un tesoro de sabiduría para vivir sin miedo.A los 14 años Gándara ya leía a
Platón – “también las obras completas de
José Antonio Primo de Rivera y Astérix, esa es mi formación”, recuerda– y a la fascinación por los griegos le siguió otra “por los hebreos, por el pensamiento antiguo en general”. Pronto se dio cuenta “de que todas las fuentes estaban tergiversadas”, asegura, “de que eran traducidas de tal forma que ya estaban interpretadas de forma interesada”. Y se adentró en ese terreno comenzando por la Biblia, por el Génesis. “Con el tiempo me fui dando cuenta de que toda la literatura antigua trataba de mostrarnos la vida tal y como es y que de ahí obtuviéramos un aprendizaje, pero sin engañarnos acerca de su naturaleza, que era crueldad y dolor”.Pero, reflexiona, “con el cristianismo eso cambia completamente”. “Cambia por la religión del amor, y la literatura pasa a ser del deber ser, de cómo deberían ser las cosas”, dice. Y añade que “el ejemplo por excelencia es el propio amor. Tenemos una experiencia del amor que es muy dura. Eso yéndote bien. Yéndote mal es una catástrofe cósmica. Y sin embargo, nuestro relato sobre él sigue siendo el de una cosa maravillosa que te sucede una vez en la vida, o que no sucede, y todas las películas acaban cuando se enamoran, no sigue lo que viene después”.“Es una falsificación fundamental y tenía que entrar en ella a decir dos cosas: que hay una ética de la felicidad, pero que tiene más que ver con los antiguos que con el cristianismo, y que los textos estaban interpretados al traducirlos. Además, tengo hijas adolescentes y quería dejarles lo que he aprendido de estos textos para vivir. Pienso, como
Epicuro, que la filosofía tiene que ser para vivir mejor. Para hacer hermenéutica o semiología, que la Escuela de París se las meta por donde le quepa”.“La filosofía tiene que ser para vivir mejor. La hermenéutica, que la Escuela de París se la meta donde le quepa”Gándara explica algunas de las alteraciones. Cómo en las traducciones de la Ilíada “diosa” se convierte en “musa”, “que ya suena al Renacimiento, el Barroco, Cervantes, la musa de los artistas”, hurtando que esa cólera es de origen divino, no humano. “Pasa lo mismo con el Antiguo y el Nuevo Testamento. En el Antiguo hay básicamente incestos, traiciones de hermanos contra hermanos y asesinatos en masa, genocidios sobre los que no se ejerce ningún juicio moral. Y entonces llega una nueva doctrina, el Evangelio cristiano, que hace borrón y cuenta nueva y que, dice, está siguiendo las enseñanzas del Antiguo. Es imposible, porque uno es el deber ser, la religión del amor, todos nos amamos, experiencia que nadie ha tenido, y el otro es ten cuidado con esta vida, porque si quieres vivir vas a tener que aceptar un montón de cosas.Y hacer con las cosas que aceptas otro montón de cosas, que eso es Grecia, donde el dolor sirve para generar sentido con la tragedia, la filosofía o la poesía. La vida es una mierda, pero con eso hay que hacer algo”.“Si aceptamos la mortalidad, que vas a desaparecer, pero vas a dejar detrás de ti, va a venir otra gente, perteneces a una especie y ese sentido de pertenencia es más grande que tú, puedes comenzar a construirte como individuo. Pero hoy hay un sentimiento aterrador por la muerte. El quiero ganar dinero, tener poder, corro hacia delante, soy muy competitivo, es pánico a la muerte. Las formas en que dejamos de contar el tiempo”, subraya, y concluye que “hoy somos esclavos de nuestros ideales en esta sociedad de ideas. Vivimos exclusivamente en nuestra mente. Llamamos experiencia a lo que pasa en nuestra cabeza”.