Lo que más sorprende nada más llegar a la ciudad es ver a decenas de esquiadores caminando por el centro con los esquís en la mano. Snowboarders, familias con los trineos a cuestas y grupos de jóvenes con raquetas de nieve salen de autobuses y tranvías para volver a sus respectivos apartamentos y hoteles donde pasan el fin de semana.
Innsbruck es, sin lugar a duda, una de las reinas del esquí urbano en el continente. Y, para los más adeptos, tiene un secreto de valor incalculable: muy cerca de la ciudad hay pistas donde se puede esquiar (de momento) hasta en los meses de verano.En apenas 20 minutos se puede acceder desde casi cualquier punto del casco urbano hasta NordketteLo que diferencia a la capital del
Tirol de muchas otras mecas del esquí en
Europa es que en apenas 20 minutos se puede acceder desde casi cualquier punto del casco urbano hasta
Nordkette: la colosal cordillera montañosa que abraza
Innsbruck y desde la cual se tienen unas vistas espectaculares de la ciudad transalpina. Desde la estación de
Altstadt se puede coger el cremallera Hungerburgbahn hasta la estación de
Hungerburg. Una vez allí, hay que tomar un teleférico, el Nordkettenbahn, con una capacidad de hasta cien personas por cabina y una frecuencia de apenas 15 minutos entre una salida y la siguiente.Es allí donde visitantes con ropa y calzado de calle y auténticos locos de los deportes de invierno, equipados con sus mejores atuendos, se entremezclan nada más abrirse las puertas. Hay dos paradas: la primera es
Seegrube, a 1.900 metros de altura, donde está la estación de esquí. Panorámica de PatscherkofelLaia GilHay seis pistas de diferentes dificultades, el Skuline Park para practicar freestyle y la pista
Hafelekar, considerada una de las bajadas más exigentes de
Europa con hasta un 70% de inclinación. También se puede encontrar el Kids Area
Nordkette, para los más pequeños y principiantes, y un bar con vistas panorámicas. El precio del pase de día completo para adulto ronda los 56 euros.La segunda parada es el
Hafelekar, conocida como la cima de
Innsbruck, a 2.334 metros de altitud. Aquí el viento suele ser más violento y el frío se siente con mayor intensidad. Vale la pena subir, aunque sea poco rato, para contemplar las vistas de todo el valle. Si el día acompaña (cosa que no suele ser habitual), se puede ver
Alemania desde un lado de la cima e
Italia desde el otro.Lee tambiénOtra opción, también accesible en autobús o en vehículo privado desde el centro de la ciudad en menos de 20 minutos, es Patscherkofel (en este caso, el forfait tiene un precio de entre 45 y 50 euros). Facundo, profesor de origen chileno que lleva más de cinco años trabajando en la estación, destaca la enorme variedad de opciones y niveles que hay. “Ya sea para iniciación, fuera de pista o esquí de montaña, aquí tienes un abanico que no lo acabas. Hasta puedes bajar por una de las pistas que fueron olímpicas en el 76, y es relativamente fácil”.Esquiando en Patscherkofel, la montaña local de InnsbruckLaia GilHintertux: nieve los 365 días del añoEl glaciar de Hintertux, en el valle de Zillertal, permite esquiar durante los doce meses del año. “Puedes estar todos los días esquiando sin parar, si quieres”, destaca Facundo. A 3.200 metros de altura, hoy todavía es posible esquiar en verano, aunque el aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático amenaza seriamente su continuidad. En este caso, eso sí, hay que desplazarse en coche (se encuentra a 80 kilómetros de la ciudad, aproximadamente), y el precio del día de esquí asciende hasta los 79 euros.En el glaciar de Stubai Gletscher, la temporada también se extiende mucho más de lo habitual. Aunque no llega a los niveles de Hintertux, es posible esquiar desde otoño hasta el mes de junio (y con mucha y buena nieve, la mayoría de las veces).Bergisel: el salto olímpicoLa ciudad de
Innsbruck desde lo alto del trampolín de salto de BergiselLaia GilSituado al sur de la ciudad, y perfectamente accesible en tranvía (la parada es
Innsbruck Bergisel, a apenas 10 minutos andando de la entrada), se encuentra el Bergisel Ski Jump. Este mítico trampolín, que albergó los Juegos Olímpicos de Invierno en 1964 y 1976, fue rediseñado por la arquitecta Zaha Hadid y combina perfectamente la arquitectura vanguardista con detalles y estructuras originales que remiten a sesenta años atrás. Se puede acceder hasta la salida desde donde salen los esquiadores, experimentando una extraña sensación donde se mezcla el vértigo con el asombro más absoluto. Arriba hay un bar restaurante que, una vez más, brinda unas vistas de película.Recomendación imprescindible: hacerse con la
Innsbruck Welcome Card. Todos los alojamientos turísticos (con una estancia mínima de dos noches) están obligados a facilitarla, y con ella se tiene acceso al transporte público de la ciudad de forma gratuita y también a muchos descuentos y entradas reducidas para actividades culturales y de ocio.