La primavera nos trae más luz, más actividad y más estímulos, pero no todo el mundo la vive como un impulso positivo. Para muchas personas, este cambio de estación trae consigo una sensibilidad emocional inesperada que se traduce en cansancio , irritabilidad, falta de motivación o una especie de nostalgia difícil de explicar. En un momento del año que parece exigir alegría, es muy fácil sentirse fuera de lugar. Por eso hablamos con una experta que nos ayuda a entender por qué ocurre y cómo recuperar el equilibrio emocional cuando el cuerpo y la mente se sienten más vulnerables. La famosa astenia primaveral ¿Por qué nos sentimos más cansados y desmotivados al llegar la primavera? La psiquiatra
Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad , ha explicado en declaraciones Mujer.es que " Nuestro organismo tiene una intensa conexión con las condiciones climáticas, es, en cierta medida, una especie de barómetro. Esta vinculación se debe principalmente al efecto de la luz natural sobre ciertas zonas del cerebro, principalmente el hipotálamo y en concreto el núcleo supraquiasmático (situado justo en la región en la que se cruzan los nervios ópticos) que a su vez modifican los niveles de mensajeros como la serotonina, la melatonina, el cortisol y las betaendorfinas" . La experta nos comenta que junto a los cambios neurofisiológicos inducidos por las condiciones climáticas pueden sumarse a las causas de las astenias estacionales y en concreto de la vinculada a la primavera: dormimos menos y más tarde, comemos de forma más desordenada y habitualmente menos sana, y nuestro nivel de actividad aumenta. Esta interrelación entre el organismo y los ciclos de luz, asegura, explica que los cambios de estación, principalmente aquellos con mayor incidencia en la fuerza y la duración de la luminosidad, pueden afectar el funcionamiento de ciertas personas , se dice que más a las
Mujeres. Las personas afectadas por estas transiciones experimentan sobre todo cansancio físico, falta de claridad y eficacia en los procesos cognitivos y estados emocionales negativos que oscilan entre la irritabilidad y la tristeza. Cambios en primavera La psiquiatra señala que la disminución de la serotonina y de la melatonina que acompaña la llegada de la primavera constituye un factor biológico indiscutible. La alteración de los ciclos de sueño y la sensación de cansancio físico y psíquico contribuyen a que nuestro estado de bienestar emocional se resienta y nos haga sentirnos a disgusto (irritabilidad) o francamente tristes si evaluamos negativamente nuestra dificultad para hacer frente a la adaptación estacional o incluso la asociamos a carencias o errores personales más que a una situación de cambio que nos exige un sobreesfuerzo. ¿Hay personas más sensibles a estos cambios? " Parece claro que la astenia primaveral no afecta a todos los individuos. Lo que se conoce es que son más vulnerables las personas con problemas de salud previos, enfermedades crónicas, alergias, niños y personas de edad avanzada, sujetos sometidos a un ritmo de vida muy exigente y elevados niveles de estrés ". También existen datos, afirma, que apuntan a que las
Mujeres de mediana edad resultan también más sensibles a estas molestias adaptativas en el cambio de estación. Quienes ya tienen antecedentes de ansiedad, depresión o mayor sensibilidad al estrés son más vulnerables porque el esfuerzo de adaptación y los síntomas característicos de la astenia se suman a los que ya afectan de por sí a los propios de la ansiedad y de la depresión, aunque su origen, significación y abordaje sea diferente. Recomendaciones para proteger el equilibrio emocional en primavera La psiquiatra
Ana Isabel Sanz nos comenta que las épocas de cambio estacional son las más idóneas para cuidar las rutinas y los hábitos sanos. Y recomienda una serie de hábitos saludables: Cuidar la higiene del sueño: acostarse a horas no tardías ni irregulares, evitar el uso nocturno de los dispositivos electrónicos, disminuir gradualmente la actividad antes de acostarse. Mantener una vida activa, incluyendo diariamente ejercicio físico acorde a nuestro estado de forma. Parte de estos ejercicios convendría practicarlos en horas matutinas y en el exterior para beneficiarse de los efectos de la luz natural. Tratar de dedicar cierto tiempo a actividades que favorezcan la concentración en el presente, la liberación de pensamientos rumiativos (escribir, pintar, ayuda a desconectar de esos contenidos dañinos) y el disfrute de estímulos enriquecedores como la música, la lectura o el dibujo, que compensen el exceso de contenidos virtuales en nuestras rutinas. Planificar una dieta en la que además del orden estén presentes los alimentos frescos, las vitaminas y los minerales, conteniendo el deseo de productos procesados y con exceso de azúcares. Complementar si es necesario la dieta con vitaminas clave como las de tipo B, la C y la D y minerales como el magnesio, el hierro, el calcio, el potasio, el zinc, el cobre o el manganeso. Muchos de ellos se concentran en alimentos naturales como la jalea real y el propóleo purificado, que nos evitarán multitud de “frasquitos” por su riqueza nutritiva.