Seas o no seas fan de
Rosalía , no podemos negar que es la gran protagonista de los últimos días, y es que la noche del pasado lunes 30 de marzo la artista catalana por fin llegó a
Madrid con los conciertos de su gira LUX para superar todas las expectativas de aquellos que habían tenido la suerte de conseguir las entradas y servir un espectáculo con muchas referencias artísticas. La estética sacra que ha rodeado la experiencia LUX desde que se estrenase el álbum se completa en un espectáculo de 24 canciones, estructurado en cuatro actos donde la estética y el vestuario creado por
Ann Demeulemeester forma parte fundamental de la narración del show. Lejos de ser un simple acompañamiento estético, la ropa que viste sobre el escenario actúa como un lenguaje propio. Cada cambio de look responde a una evolución narrativa que acompaña al concierto, concebido como una obra dividida en actos donde lo visual y lo sonoro se entrelazan constantemente. De una bailarina en una caja... Uno de los primeros estilismos del espectáculo remite directamente al mundo del ballet.
Rosalía aparece con un tutú vaporoso, evocando figuras clásicas. Esta imagen no se queda en lo decorativo: simboliza la disciplina, la exigencia y la idea del cuerpo como herramienta artística , elementos que atraviesan toda su propuesta escénica. Su primera aparición al abrirse las cortinas que dan inicio al show lo hace con este vestuario y saliendo de una caja donde encontramos la primera referencia, simulando la escultura del artista francés
Edgar Degas , titulada ‘La Pequeña Bailarina de Catorce Años’ , que se encuentra en la
Galería Nacional de Arte de París. Con este look, la catalana interpreta 'Sexo, Violencia y Llantas', 'Divinize' y 'Reliquia'. ...a un aquelarre A partir de ahí, el vestuario evoluciona. La estética delicada da paso a imágenes más oscuras, con referencias que recuerdan tanto a pinturas clásicas como a imaginarios más contemporáneos. En ese tránsito, la artista construye una narrativa que oscila entre lo sagrado y lo terrenal, uno de los ejes conceptuales de esta gira. En el segundo acto la artista encarna al diablo con un vestido negro con escote central que deja ver la lencería: en la cadera una sobre falda que se completan con medias de encaje y botas altas. Las referencias de este vestuario se encuentran en El Aquelarre , de
Francisco de Goya . Se trata de una obra dentro de la serie Asuntos de Brujas y con esta estética
Rosalía interpreta 'Berghain', 'LA COMBI VERSACE' y 'De Madrugá'. De Da Vinci a Milo El infierno da paso a la luz, y la catalana no hace vestida con un vestido lencero y botas blancas. En cuanto a la escenografía, aparece detrás de un cuadro simulando ser la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci mientras sus bailares la fotografían, como lo hacen cientos y cientos de visitantes cada día en el Louvre. Con este estilismo la barcelonesa interpreta 'I Can’t Take My Eyes Off of You'. 'La Perla' es una de las canciones más esperadas del show, y para la ocasión la cantante deja caer el vestido para convertirlo en una falda drapeada que luce con un brassiere blanco. Cubre sus brazos con guantes negros en contraste con el blanco de los bailarines simulando ser la Venus de Milo y evocando a la feminidad libre. Más allá de las tendencias, el vestuario del Lux Tour demuestra cómo la moda puede convertirse en una herramienta narrativa. Cada prenda está pensada para reforzar un mensaje, una emoción o una transformación. Por ello podemos asegurar que
Rosalía no solo actúa, sino que interpreta, y lo hace también a través de lo que viste. El resultado es un espectáculo en el que la estética no acompaña, sino que construye significado. Lux Tour confirma algo que ya es marca de la artista: su capacidad para convertir la música en una experiencia total, donde imagen, sonido y concepto avanzan en la misma dirección. Y en ese viaje, el vestuario se convierte en uno de sus lenguajes más poderosos.