Justo después de orinar o de realizar sus deposiciones, algunos perros se transforman en excavadoras rascando con las patas traseras y lanzando tierra hacia atrás con sorprendente energía. Para muchas de las personas que presencian esa conducta es una manía desconcertante, pero para los perros es una forma de dejar un mensaje . Lejos de ser una simple excentricidad, esta conducta forma parte de un sofisticado sistema de comunicación que combina el olor, una señal visual e incluso sonido. Y no todos los perros la practican. De hecho, es menos frecuente de lo que solemos pensar. No todos los perros lo hacen Aunque pueda parecer habitual en parques y pipicanes, distintos expertos coinciden en que solo una minoría de los perros rasca el suelo de forma sistemática tras hacer sus necesidades. La conductista veterinaria
Rosie Bescoby , de la
Association of Pet Behaviour Counsellors de Estados Unidos , estima que ronda el 10% . Esto ya nos da una pista importante al revelar que no es una conducta imprescindible ni universal . Algunos perros nunca lo hacen, y eso no indica ningún problema. Como ocurre con el marcaje urinario elevado o con el aullido, hay diferencias individuales muy marcadas. Un mensaje en varios formatos El reputado etólogo
Marc Bekoff fue uno de los primeros en describir este comportamiento como una ‘señal compuesta’. Es decir, un comportamiento que combina distintos canales sensoriales para amplificar el mensaje. Cuando el perro rasca deja una marca visual en el suelo. Dispersa el olor de la orina o las heces recién depositadas. Libera feromonas desde las glándulas de las almohadillas y la zona interdigital. En algunos casos, produce incluso un componente auditivo (el ruido del rascado). Desde el Kennel Club Americano (AKC) subrayan que las feromonas de las patas pueden durar más en el entorno que el olor de la propia orina. Es decir, el perro está colocando un cartel químico bastante persistente al realizar este gesto. Herencia de los cánidos salvajes Este comportamiento no es exclusivo de los perros domésticos y lobos, coyotes e incluso otros mamíferos lo practican. El veterinario conductista
Carlo Siracusa, de la
Universidad de Pensilvania, explica para el medio Live Science que, en el caso de los lobos y otros cánidos salvajes, rascar la tierra con las patas traseras tiene un claro componente territorial , especialmente en ejemplares dominantes, de manera que puede funcionar como delimitación de territorio frente a extraños. En perros, sin embargo, la cosa es más matizada, ya que no gestionan territorios como sus parientes salvajes. Más que un ‘no pases’, el mensaje podría traducirse como ‘hola, estoy por aquí’ . Una forma de regular encuentros sociales y reducir conflictos en espacios compartidos. ¿Es una conducta agresiva? Puede parecer un gesto desafiante, sobre todo cuando va acompañado de postura erguida y mirada fija. Pero los especialistas insisten en que no es intrínsecamente agresivo.
Carlo Siracusa apunta que, en perros nerviosos o inseguros, podría ser una manera de controlar el entorno, dejando señales que haga más predecible el espacio. En esos casos, el rascar no sería un desafío, sino una estrategia de gestión emocional . Otros perros, simplemente, parecen disfrutarlo. Mark Bekoff describe casos de perros que rascan con auténtico entusiasmo donde, además de comunicar, probablemente estén satisfaciendo una motivación interna. Influencia del sexo y estado reproductivo Aquí la evidencia es interesante pero no concluyente. En estudios de perros en libertad, los machos rascan más que las hembras , especialmente cuando hay otros perros presentes. Y, por otro lado, algunas observaciones sugieren que las hembras esterilizadas podrían hacerlo más que las enteras , aunque los datos aún son limitados. En general, sin embargo, el comportamiento aparece tanto en machos como en hembras. No es, por tanto, una conducta exclusiva de perros sin esterilizar o castrar ni desaparece necesariamente con la cirugía reproductiva. ¿Dice algo de su carácter? En la experiencia clínica, algunos profesionales veterinarios han observado mayor frecuencia de este comportamiento en perros inseguros , especialmente en lugares nuevos o cargados de olor ajeno, lo que se interpreta como una forma de reforzar su propia firma olfativa y ganar confianza. Sin embargo, no todos los perros que rascan con sus patas traseras son ansiosos. En muchos casos es simplemente una conducta comunicativa normal . La clave está en el contexto y si aparece solo tras hacer sus necesidades y solo en zonas nuevas, probablemente se trate de marcaje social. Si su práctica aumenta de forma brusca y va acompañado de tensión corporal, puede estar reflejando estrés, pero si el perro rasca el suelo con las patas traseras con una energía relajada y una expresión risueña, entonces y con casi toda seguridad se combinan la comunicación rutinaria canina con la satisfacción. ¿Debemos impedirlo? Desde el punto de vista del bienestar, la recomendación general es que conviene permitirlo . Interrumpir sistemáticamente esta conducta natural podría aumentar la frustración en perros que la usan como herramienta de comunicación. Eso sí, si empieza a hacerlo compulsivamente sobre superficies duras o hasta lesionarse las almohadillas, toca revisar el contexto emocional, el estado físico y cosultar con su veterinario. Entonces, ¿por qué algunos nunca lo hacen? Porque no todos los perros necesitan comunicar de la misma manera. La personalidad, la experiencia social, el entorno y la historia individual influyen más que el sexo o la raza. Al final, el comportamiento de rascar o frotar las patas traseras contra el suelo es una pieza más del complejo lenguaje canino . Algunos individuos escriben mensajes largos y bien subrayados mientras que otros prefieren pasar desapercibidos.