Apple cumple medio siglo . Hace pocos días, hablando de un hito de otra reconocida marca del sector tecnológico, citaba a Gardel diciendo que 20 años no es nada. Decía también que es posible que mirándolo desde una perspectiva filosófica, incluso humanística, dos décadas parezcan poco tiempo. Pero si nos ponemos individualistas no es algo menor. Y, desde luego, en tecnología supone un mundo de diferencia. En 50 años, por ejemplo, hemos desarrollado la tecnología necesaria para volver a la Luna, algo que si las condiciones meteorológicas lo permiten está a punto de ocurrir . De hecho, la tecnología que guio al
Apollo 11 hasta la superficie lunar tenía menos potencia que el móvil que hoy llevamos encima. Pero es que entonces la tecnología no era el centro de nuestras vidas: no vibraba en el bolsillo, ni interrumpía conversaciones, ni nos acompañaba a todas horas. Los dispositivos tecnológicos se encendían con cierta ceremonia, hacían ruido y requerían paciencia. Y en medio de ese mundo más lento y más tangible nacía el 1 de abril de 1976 una empresa llamada
Apple Inc . La historia es de las más conocidas y veneradas en
Silicon Valley. Dos jóvenes de melena al viento unidos por una idea sencilla pero hasta entonces inconcebible: desarrollar un ordenador que pudiera usar cualquier persona.
Steve Jobs y
Steve Wozniak no hacían esto en un laboratorio ni en un centro de ingeniería, sino desde el garaje de casa de los padres adoptivos de Jobs en
Los Altos,
California. A ellos se sumó un tercer socio,
Ronald Wayne, que participó en los primeros pasos de la compañía, aunque poco después abandonó el proyecto sin imaginar lo que estaba por venir. Dato curioso: vendió su 10 % por solo 800 dólares. Por supuesto, estos tres emprendedores —cuando el término ni siquiera existía en el imaginario colectivo— no contaban con rondas de financiación, business angels ni inversiones millonarias. Jobs incluso tuvo que vender su furgoneta para seguir con el proyecto. El primer resultado fue el
Apple I , que aunque era los cimientos de la historia no era un ordenador personal como los entendemos hoy, ya que no tenía carcasa, ni teclado integrado, ni pantalla. Era, básicamente, una placa que el usuario tenía que completar. Pero la clave estaba en que lograba por primera vez ser algo accesible. No en términos absolutos —seguía siendo un objeto extraño, casi críptico—, sino en la intención que había detrás. Apple no nacía únicamente para fabricar máquinas, sino para intentar acercarlas a las personas, para reducir esa distancia que durante años había separado la informática del día a día . Ese matiz, que entonces podía parecer casi anecdótico, es el que explica buena parte de lo que vino después. En los años siguientes, Apple fue dando pasos que, vistos con perspectiva, resultan mucho más significativos por lo que cambiaban en el uso que por lo que suponían a nivel técnico. El Apple II (1977) , por ejemplo, empezó a encontrar su lugar fuera de los círculos de aficionados, colándose poco a poco en hogares , centros educativos y pequeños negocios, donde el ordenador dejaba de ser una curiosidad para convertirse en una herramienta con una función concreta. No era todavía un objeto cotidiano, pero ya empezaba a tener un espacio propio. A medida que avanzaba la década de los ochenta, ese proceso se fue consolidando y Apple dio uno de sus pasos más decisivos con el Macintosh (1984) . Más allá de sus limitaciones técnicas, lo verdaderamente relevante fue la manera en la que planteaba la interacción: una interfaz gráfica, iconos reconocibles, el uso del ratón . Elementos que hoy resultan evidentes, pero que en aquel momento suponían un cambio profundo. Por primera vez, la tecnología empezaba a adaptarse, aunque fuera tímidamente, a la forma de pensar de las personas. Sin embargo, ese camino no fue lineal. Durante los años noventa, Apple atravesó una etapa de incertidumbre en la que la compañía parecía haber perdido parte de esa claridad inicial, en un contexto en el que la industria tecnológica avanzaba a gran velocidad y en múltiples direcciones. La competencia crecía , el mercado se fragmentaba y Apple, que había sido pionera en muchos aspectos, se encontraba intentando redefinir su lugar. El regreso del hijo pródigo Es popularmente conocido que hubo un tiempo en que Apple existió sin
Steve Jobs . Su icónico fundador salió de la compañía en 1985 tras una lucha de poder dentro de la dirección y, durante más de una década, la empresa navegó entre distintos productos y estrategias sin terminar de encontrar una línea clara, mientras el resto del sector avanzaba con rapidez. En 1997 Apple adquirió NeXT —la compañía que Jobs había fundado tras su salida— y el hijo pródigo regresó a casa. Y con él volvió algo más que un cambio de liderazgo. Entre medias, sin embargo, Jobs no había desaparecido del mapa. Durante esos años también impulsó Pixar , un pequeño estudio de animación que acabaría firmando algunas de las películas más influyentes de su tiempo y que terminaría siendo adquirido por Disney. Aquella etapa fuera de Apple no solo reforzó su perfil como empresario, sino que consolidó una forma de entender la tecnología y la creatividad que más tarde volvería a trasladar a Cupertino. La vuelta de Jobs representó una especie de reordenación interna, un intento por recuperar esa idea original de simplificar y dar coherencia a la tecnología . El iMac (1998) es un buen ejemplo de ello: no solo proponía un diseño distinto, más cercano y menos intimidante, sino que también apostaba por eliminar elementos que hasta entonces parecían imprescindibles, como la disquetera, anticipando un cambio en la forma de almacenar y compartir información. A partir de ese momento, la evolución de Apple se fue entrelazando cada vez más con la vida cotidiana de los usuarios . El iPod (2001) no fue únicamente un reproductor de música más pequeño o más avanzado, sino que transformó la manera en la que las personas se relacionaban con su propia biblioteca musical, haciéndola portátil, inmediata y, en cierto modo, más personal. Poco después, el iPhone (2007) terminó de consolidar ese cambio al integrar en un único dispositivo funciones que hasta entonces estaban dispersas, eliminando barreras y reduciendo la fricción en el uso diario de la tecnología. Y rompió con todo: el móvil de Apple se sigue considerando la gran revolución tecnológica del siglo, un dispositivo que modificó completamente nuestra manera de relacionarnos con el mundo digital y al que han seguido la estela cientos de fabricantes. De hecho, actualmente todavía muchos están buscando ese nuevo Santo Grial , ese dispositivo que sustituirá al iPhone —o al concepto que representa, el smartphone —. Algunos apuestan por unas gafas, otros por péndulos y otros incluso por chips cerebrales. Pero todos tienen claro que el siguiente elemento revolucionario será llevable. 50 años siendo icónicos Hoy, bajo la dirección de Tim Cook , quien asumió el mando en 2011 tras el fallecimiento de
Steve Jobs, Apple es una compañía inmensa, medida en cifras que ya casi no caben en la cabeza (su valor se cifra en torno a 3,6 billones de dólares). “Hemos pasado cinco décadas redefiniendo lo que es posible y poniendo potentes herramientas en las manos de la gente, del primer ordenador de Apple al Mac, del iPod al iPhone, del iPad al Apple Watch y los AirPods, así como los servicios que usamos a diario, incluidos el App Store, Apple Music, Apple Pay, iCloud y Apple TV. En cada logro nos ha guiado la misma idea: que el mundo avanza gracias a las personas que piensan diferente”, dice Cook en su mensaje por el 50 aniversario . El CEO de la compañía de Cupertino apela a algo mucho más pequeño: a ese gesto cotidiano de hacer una foto, escuchar una canción o escribir un mensaje. “Cada innovación que traemos al mundo es solo el principio de una historia”, añade. Curiosamente en su mensaje no menciona a ninguno de los fundadores de la compañía, incluso se atreve a dejar un pequeño dardo ante la nostalgia: “En Apple nos centramos más en construir el mañana que en recordar el ayer”. Ese mañana, sin embargo, ya tiene nombre propio: inteligencia artificial. Y es ahí donde Apple parece moverse en un terreno más incómodo del que acostumbraba . Mientras otras compañías han hecho de la IA su principal bandera en los últimos años, los de Cupertino han sido percibidos como más cautos —o, directamente, más lentos— a la hora de mostrar sus cartas. Una estrategia que algunos interpretan como prudencia y otros como falta de liderazgo en un cambio de paradigma que ya está en marcha. Las críticas no son nuevas: durante décadas, Apple ha sido acusada de no ser la primera en llegar, sino la que llega después para ordenar lo que otros han empezado . La diferencia es que, en esta ocasión, la carrera parece ir más rápido que nunca y con más actores que nunca. Y la incógnita, quizá por primera vez en mucho tiempo, es si Apple volverá a marcar el ritmo o tendrá que adaptarse al de los demás. Guerras internas aparte, Apple es un icono . Seas lover o hater de la marca de la manzana mordida, sería mentir no reconocerle a esta empresa su inmensa aportación a la tecnología de consumo. Porque aunque muchos la tachen de continuista y conservadora, o incluso le reprochen haberse quedado anclada en un diseño de hace 20 años , Apple sigue apostando por hacer tecnología con sentido y no solo por innovar para brillar . Sus productos apelan a ese core de Jobs de crear dispositivos que cualquiera pueda usar. Y ahí es donde reside su magia y su éxito.