[Este artículo contiene SPOILERS del capítulo final de 'Si es martes, es asesinato']Si es lunes, se masca la tragedia. Un lunes empezó la aventura del grupito a bordo del infame autobús de Prometeo viajes. Una semana han pasado
Fabio (Álex García),
Alicia (Inma Cuesta), Pura (Ana Wagener) y
Daniel (Biel Montero) recorriendo las calles de
Lisboa mientras intentan resolver el asesinato de
Fernando, uno de sus compañeros de viaje. Un lunes, por tanto, tenía que ser la fecha indicada para resolver esta gran partida de Cluedo que propone Si es martes, es asesinato.Para eso, hay que remontarse primero a 1755, año del gran terremoto de
Lisboa, tantas veces mencionado a lo largo de la serie. Con un flashback, el episodio empieza con un marqués intentando ocultar su tesoro en un sótano. Cuando su criado intenta traicionarlo, lo asesina y, sellando la guarida con una losa, escapa de una
Lisboa en llamas. Ese es el primer crimen que, siglos después, acaba provocando el resto de los asesinatos que arruinan las vacaciones de este accidentado grupo turístico.El lugar escogido para desvelar este improbable reguero de sangre no podría ser otro que un gran teatro lisboeta. Porque esta gran revelación con la que culminan los whodunit, o misterios criminales, siempre tiene un gran componente escénico: es el momento en el que el detective se luce con su monólogo y se dedica a desenmascarar, uno a uno, a los sospechosos. Pero aquí no hay ningún inspector profesional, sino cuatro aficionados al crimen, así que las cosas se ponen mucho más complicadas.Las vergüenzas al aireEl camino hasta llegar a este gran momento, no ha sido fácil para el grupito.
Fabio al fin ha reconocido que se llama Víctor, un ladrón que se hizo pasar por el difunto
Fabio Torres después de robar en su casa. Pero su viuda le ha encontrado y ahora quiere que busque para ella el tesoro perdido del marqués. Lo mismo sucede con
Alicia, que se ha revelado como una policía de baja que buscaba encontrarse con
Fabio Torres para resolver la desaparición de su sobrina.En el caso de Pura, viajó hasta
Lisboa para conocer, sin que se enterase su marido, al hombre con el que llevaba tiempo chateando online. Sin embargo, al acudir finalmente a la cita descubrió que ese hombre era en realidad su propio marido que quería devolverle la llama a un matrimonio que los dos daban por muerto. Por su parte,
Daniel se tuvo que enfrentar por primera vez a abandonar a sus padres cuando se le acusó de la muerte de
Nicolau, un secuaz del verdadero asesino de
Fernando.Pero
Daniel utilizó muy bien su tiempo solo y, cuando se runió de nuevo con los otros tres, consiguió resolver tanto el misterio relacionado con la caja de música que
Fernando robó antes de morir como el de su propio asesinato. Una vez los cuatro han vivido sus propias catarsis, ya están listos para desvelar las vergüenzas del resto de compañeros de viaje. ¡Que empiece el espectáculo!Una catarsis tras otraLa propia intro de la serie recrea las tres tarjetas —de arma, lugar y culpable— indispensables para ganar en cualquier partida de Cluedo y, llegados al final, es el momento de desvelarlas en el gran teatro. Pero antes toca ir descartando a los posibles sospechosos. La primera en recibir es Mónica, la joven influencer, que se desvela como la hija perdida de
Fernando. Su padre se alistó al viaje para coincidir con ella antes de perpetrar el robo, pero apenas tuvieron tiempo de estar juntos. Descartada.Luego le toca a la pareja de amigas de despedida de soltera. Las pobres nunca estuvieron en la verdadera ecuación de sospechosas, pero al menos descubren que una engañaba a la otra con su futuro marido. La disputa acaba incluso con pelucas volando. Pero tampoco son relevantes para la investigación. Más sospechas levanta la familia de Pilar, que arrastra una empresa en la ruina con una preocupante fascinación por los impulsos cainitas.Su hijo intentó cortar los frenos de su kart turístico, pero ni con esas se acercan al verdadero asesino. Pilar se ve obligada a deshacerse de la silla con la que fingía una discapacidad para gritar a viva voz que el único crimen que ha cometido es criar a una familia así de avariciosa. Lleva más razón que una santa, pero las opciones disponibles son cada vez menores y para desvelar al asesino resulta vital centrarse en un pequeño detalle.Junto al cadáver de
Fernando encontraron la cajita musical que había robado ese mismo día en el museo del histórico asesino Diego Alves y que encierra el camino para encontrar el tesoro del marqués. Por tanto, el móvil del asesino no pudo ser económico, sino personal y eso reduce los sospechosos a solo uno: el inspector Gonçalo Mendes. El único que debería haber investigado profesionalmente desde el principio y que, sin embargo, se ha pasado la serie haciendo de todo menos eso.Hace unos años
Fernando, profesor de historia, cayó en el alcoholismo. Su mujer y su hija le abandonaron. Cuando parecía que no podía caer más bajo atropelló sin querer a un peatón, que justamente era la mujer del inspector, pero apenas recibió castigo penal. Para recuperar su vida decidió encontrar el tesoro del marqués a través de la cajita de música, pero antes de poder hacerlo fue asesinado por Mendes, que no había conseguido levantar cabeza desde que su mujer entrara en coma.Como bien se repite a lo largo de la historia: "Nadie es nunca del todo feliz en
Lisboa". Por eso, el propio inspector sabe, cuando empieza su huida, que no llegará muy lejos. Por no salir, no sale ni del teatro antes de ser arrestado. Pero, después de desvelar al culpable, al grupito aún le queda un misterio por resolver: aquel que ocultaba la cajita musical que robó
Fernando.Los cabos sueltos del MarquésEl día del terremoto de
Lisboa cayeron todas las iglesias y solo los burdeles se mantuvieron en pie. De allí que el marqués decidiera enterrar su fortuna en uno de ellos. La pista estuvo siempre allí oculta a plena luz en el gran cartel de entrada del hotel cochambroso en el que se hospedaba el grupo turístico. Edificado sobre un antiguo burdel, el hotel Marqués encerraba el tesoro mucho más cerca de lo que pensaban.El grupito lo descubre prácticamente intacto en el sótano, pero decide entregárselo a las autoridades. Por su parte, Víctor consigue engañar a la viuda del verdadero de
Fabio Torres y entregarla a la policía. Libres de cargas, se despiden al fin de
Lisboa con todos los misterios resultados. O, por lo menos, eso es lo que piensan.Tiempo después,
Alicia parece completamente retirada de su papel como policía. Usa sus dotes de retratista policial para disfrutar de la pintura cuando recibe una llamada. Es Víctor, pero también están con él Pura y
Daniel. Encerrados en un contenedor de carga, le confiesan a
Alicia, antes de salir corriendo, que estaba en lo cierto siguiendo a
Fabio Torres para averiguar el paradero de su sobrina.¿Quién fue en realidad
Fabio Torres? ¿Por qué Víctor decidió suplantarle el nombre y robarle justamente a él? ¿Y qué tiene que ver toda esa trama corrupta con la familia de
Alicia? De confirmarse una segunda temporada, se resolverán estas incógnitas. Hasta entonces solo tenemos una certeza: esta nueva aventura, como muestra el epílogo, empieza en un día muy concreto. Ha pasado un año, pero sigue siendo martes y, si es martes, seguro que es asesinato.