“El instalador estará en su domicilio entre las 9.00 h y las 14.00 h” tendría que ser delito en el Código Penal por secuestro domiciliario. Porque el agresor da por hecho que el agredido no tiene nada más que hacer si no es estar cinco horas con Mario delibesrando en casa. Que no trabaja, que no sale a correr, que no tiene que hacer la compra. Es un total menosprecio. Una falta de respeto por el tiempo ajeno y una expropiación ilegal del tiempo vital. Son horas de productividad (laborales u ociosas, da igual) perdidas que no se recuperan..CanvaLa libertad de higiene, además, se acota. Porque implica una ducha matinal si no deseas que baje
Murphy y lo vea. Tiene que ser anterior a las 9 h. Un momento en el que los vecinos se vociferan. Las prisas, ya se sabe: la madre grita para que el niño se dé prisa con la mochila; el padre a la niña, quejándose de que “de todos los mundos que hay en la galaxia por qué has venido precisamente al mío”. De rifirrafe entre madre y padre, porque “si gritas tú al niño mientras yo grito a la niña aquí no hay quien entienda nada”. Y tú, allí, al otro lado, con la oreja pegada a la pared, de pie en el plato de la ducha, dejando correr el agua ahora sí, ahora no. Porque no hay nada más molesto que no lograr entender bien qué dicen los vecinos cuando discuten.Afortunadamente, en Semana Santa te libras de todo esto. La mayoría de los instaladores no se gritan unos a otros y los vecinos no instalan. Dispones de margen las cuatro paredes y todo lo que las rebasa para poner a todo trapo el volumen de la tele y ver el combinado nacional de fútbol preferido. Pero son amistosos, ojo, y hay peligro de que sean aburridos y te lleve a pensar, pensar y pensar hasta sobrepensar y bloquearte. Ya lo decía Descartas: “Pienso, luego existo; sobrepienso, luego no hago nada”.Observa el caso, si no, de @Juandihilismo, que de aburrimiento ante un
Islas Caimán-
Bahamas sobrepensó hasta límites insospechados: “Si
Charles Darwin era tan bueno, ¿por qué nunca llevó a la selección natural a un mundial?”. Tuvo suerte. Solo @Remaster89 pudo sacarlo de la catatonia: “Porque siempre se le leccionaban los eslabones claves”.Sobrepensar lleva a hacerse demasiadas preguntas. “Pregunta seria: ¿las personas de 40 hacia arriba qué buscan realmente?”. “Las gafas”, contesta @MrsLalupa a @AlejandraM78461.Lee tambiénY Semana Santa no está para eso. Es tiempo de descanso. De remolonear en la cama hasta darte cuenta de que lo peor que has hecho por dinero es levantarte pronto para ir a trabajar. Para los cristianos debería ser tiempo de reflexión. Pero sin pasarse: @darosselli opina que reflexionar en exceso es precisamente lo que puede hacer que alguien vea la luz y se convierta al ateísmo.Y también es el momento de expiar pecados. El más común: la mentira. La practicas cada día cuando clicas en “He leído y acepto los términos y condiciones de uso”. La potencias cuando aseguras que recuerdas perfectamente dónde has aparcado el coche. Y la elevas si eres instalador porque nunca llegas entre las 9.00 h y las 14.00 h. Hoy tampoco. Has preferido llegar a las 14.30 h y has condenado a quien te ha estado esperando todo este rato a esta cadena perpetua de pensamientos.Redactor de Cultura. Estuvo en Política del 2014 al 2025. En La Vanguardia desde el 2007, anteriormente colaboró en El País. Licenciado en Humanidades y en Periodismo por la UPF