Qué guapo soy y qué tipo tengo! Alborozo gubernamental por las cifras récord de recaudación en el 2025. ¡Superávit primario! ¡Más ingresos que gastos!
Hacienda es el nuevo rey Midas, el hacedor del milagro de la abundancia y de que en España puedan atarse los perros con las longanizas del gasto público.Entre tanta jarana no caben los aguafiestas, siempre mal vistos por emponzoñar el vino y las viandas. Pero ya que todo marcha tan estupendamente bien, no estaría de más que en la barra libre también se sirviese algo de bebida a las clases medias; concepto este en revisión que en muchos casos no es más que el disfraz aspiracional del asalariado o autónomo que vive aferrado a la calculadora del gasto.
Hacienda son todos, pero unos más que otros. En España no se ha tocado el mínimo personal exento de
IRPF desde el 1 de enero del 2015, fecha en la que quedó fijado en 5.550 euros anuales. Esa es la cantidad que, según los prebostes gubernamentales, usted necesita para vivir y que por tanto no tributa en su declaración. Solo que desde entonces el coste de la vida, en especial a causa del último quinquenio, está cerca de haberse incrementado un 30%. Pero, a pesar de esa escalada inflacionaria, una década después
Hacienda sigue considerando que lo que usted ha de menester para sobrevivir es el mismo montante que hace una década, uno de los suelos más bajos de los países de nuestro entorno. En
Portugal e Italia, por ejemplo, es más del doble.Pero es que cuando utiliza la mano del gasto, el mismo Gobierno considera que es imposible manejarse con esa cantidad. De ahí que el ingreso mínimo vital, lo que recibe como regalía del Estado una persona que no tenga ingresos, se sitúe en 8.800 euros anuales. ¿En qué quedamos? Pero no acaban ahí las contradicciones. El salario mínimo está en España en los 17.094 euros/año. El Ejecutivo ha considerado que esas ganancias tributen al 0% de
IRPF, por entender, suponemos, que también esos ingresos sirven como baremo para fijar el importe de las necesidades básicas anuales de una persona. Tres cantidades distintas para juzgar el mínimo que exige un bolsillo para sobrevivir. Por lo que se ve, a ojos de nuestros gobernantes, en España hay quien solo desayuna, quien desayuna y almuerza y otros que incluso cenan.
Pedro Sánchez.Dani DuchSumémosle al argumento del mínimo exento la no deflactación de los tramos de ingresos que articulan el
IRPF. Tampoco se han actualizado desde esa misma fecha. Sus incrementos de salario, que con suerte habrán igualado la inflación oficial –de la otra ya ni hablamos–, le hacen a usted a ojos del fisco más rico que en el 2015. Si es así, enhorabuena. Nos alegramos de verdad. Pero no es esa la situación de la inmensa mayoría de españoles que viven de la renta de su trabajo.No es literatura. Ahí están los estudios y proyecciones del Instituto de Estudios Económicos, Funcas, Registro de Economistas Asesores Fiscales, entre otros. El récord de recaudación, el superávit primario del Estado (ingresos respecto a gastos antes del pago de intereses) descansa en una subida de impuestos silenciosa a las clases medias, sin debate público alguno y ejecutada con nocturnidad y alevosía. Los especialistas, poco dados a calentarse, hablan con términos más desapasionados: progresividad fría, rémora fiscal, bracket creep , moras de actualización. Monta tanto, tanto monta: subir los impuestos por la puerta de atrás.A uno le gustaría pensar que el tesoro que le ha caído del cielo al Gobierno con la inflación está sirviendo para sanear estructuralmente las cuentas públicas. En primer lugar, para que estemos preparados ante un enfriamiento del ciclo económico. Pero también para acometer cuanto antes un acto de justicia, procediendo a la necesaria actualización del mínimo exento y de los tramos del
IRPF. Pero el gasto público sigue creciendo a un ritmo superior al 5% y la parte estructural del mismo, difícilmente reversible en caso de necesidad, es la que se lleva la parte del león con diferencia.Así que quizás conviene abandonar toda esperanza. Nos queda la resignación, la exigencia de que al menos no se presuma de un acto de injusticia y el derecho a demandar una mayor transparencia a nuestros gobernantes respecto a la fiscalidad. Hagan de la deflactación de tramos y la actualización del mínimo exento vital acorde a la inflación una obligación legal. Y después, si es el caso, explíquennos cada año que han decidido subirnos los impuestos. ¡Uy, no! Eso se correspondería a una sociedad en la que gobernantes y ciudadanos se tratan con claridad y respeto. Demasiado pedir a este Gobierno. Y, vista la experiencia previa, también a los que puedan venir. Estado rico, ciudadanos pobres.