Un “
Judas” es un “hombre alevoso, traidor” según la RAE, por alusión al personaje bíblico que –tras compartir meses de enseñanza y aprendizaje con
Jesús– acaba vendiéndolo a sus enemigos. Las razones de esa traición de
Judas –existiera o no el personaje– fueron cuestionadas casi desde los albores de la Iglesia primitiva.Pocos años después de los hechos que narra la Biblia –hacia mediados o finales del siglo II– ya circulaba un texto, el Evangelio de
Judas, que, lejos de definirlo como un traidor, lo eleva a la categoría del discípulo más importante de
Jesús y el artífice de que se cumpliera el papel dado al Mesías. Esas dudas llegan hasta nuestros días, alentadas por la literatura y el cine, y, sobre todo, por la aparición de un ejemplar del Evangelio de
Judas que se creía perdido.Las discusiones actuales entre teólogos ya se dieron hace 1.800 años. En el siglo II,
Irineo, obispo de
Lyon, trató de cortar de raíz cualquier interpretación alternativa del papel de
Judas y situó el Evangelio de
Judas fuera de la ortodoxia, calificándolo como falso. Probablemente no existen copias, salvo una que se descubrió en la década de los setenta del siglo XX en
Egipto, como parte del llamado códice Tchacos. Escrito en copto, data del siglo IV y es, supuestamente, una traducción de un original griego, del que no se conserva ningún ejemplar. Ese texto gnóstico se dio a conocer al mundo en 2006, de la mano de
National Geographic.¿Por treinta monedas de plata?Pero, ¿qué dicen de las causas de la traición los cuatro Evangelios canónicos?
Mateo,
Marcos y
Lucas apuntan a razones crematísticas: las famosas treinta monedas de plata que los sacerdotes judíos habrían ofrecido a
Judas a cambio de que les revelara el lugar donde estaba
Jesús, para poder apresarlo. Por su parte,
Lucas añade que en
Judas entró Satanás.
Juan –el último evangelista en escribir su texto, que recoge y reinterpreta la tradición de los otros tres– sostiene que “el diablo había suscitado en el corazón de
Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo”.No hay salvación en el mundo antiguo sin sacrificio, y no hay sacrificio sin sangre, y por eso
Jesús termina en la cruz y derrama su sangre”Antonio PiñeroUniversidad Complutense de MadridLo cierto es que la traición a Cristo es fundamental para cumplir con el relato de la Biblia. De ahí es de donde pueden surgir las primeras dudas sobre su papel.
Antonio Piñero, catedrático emérito de Filología Griega en la
Universidad Complutense de Madrid y especialista en los Evangelios, explica que el proceso que sigue el personaje de
Judas es el habitual entre los primeros cristianos: repensar o reescribir la historia de lo que pasó o de lo que se cree que pasó. Piñero ve “irrisoria” la cantidad de 30 monedas de plata obtenidas por
Judas por traicionar a su maestro. “Por eso se han inventado nuevos motivos para justificar lo que hizo
Judas. Algunos, positivos”, apunta.El catedrático señala que, en el mundo antiguo, es necesario hacer un sacrificio –como Agamenón en la guerra de Troya con su hija Ifigenia– para que algo se cumpla. Si se da un sacrificio, los dioses se muestran favorables.
Judas habría sido quien activa el citado sacrificio.Sacrificio y clarividenciaSegún una de las teorías, “como el ser humano necesita la redención, y la redención, en aquel momento, era que
Jesús fuera apresado y muriera en una cruz, pues
Judas, que es más clarividente que los demás discípulos, se encargó de ese sublime acto, que es la traición, para que se cumpliera el sacrificio de sangre y la redención”. Y aunque después “las generaciones posteriores le vayan a llamar traidor, pues no le importa”, porque
Judas ha cumplido un papel fundamental: “no hay salvación en el mundo antiguo sin sacrificio, y no hay sacrificio sin sangre. Por eso
Jesús termina en la cruz y derrama su sangre. Esa es la esencia del sacrificio en el Mediterráneo oriental inmediatamente antes de la era cristiana y en la era cristiana”.Según esta interpretación se estaría cumpliendo con la tradición: “tanto con la figura de
Judas, que es arquetípica, como con la Pasión de
Jesús, que es lo que celebramos ahora en Semana Santa, ya que se corresponden a unos motivos culturales y religiosos comunes, no solo en los judíos, sino en el Mediterráneo oriental en el siglo I”.Pero esa interpretación –aunque posible– no despeja las dudas acerca de la verosimilitud del Evangelio de
Judas. Armand Puig, presidente de la Agencia de la Santa Sede para la Evaluación y la Promoción de la Calidad de las Universidades y Facultades Eclesiásticas (Avepro), deja claro que “el Evangelio de
Judas y el personaje histórico de
Judas no tienen nada que ver. El Evangelio de
Judas es un texto en el cual
Judas se presenta de manera positiva, como alguien que llega a la plenitud. Y en cambio, en los Evangelios canónicos,
Judas aparece como una persona que falla, porque lleva a
Jesús a que lo detengan. Facilita la detención. Son dos realidades diferentes”.Colaboradores necesariosPuig tampoco cree que
Judas tenga un papel tan central en la Biblia. “La muerte de
Jesús no es debida solo a
Judas, sino a mucha otra gente. Por tanto, digamos, todos son colaboradores necesarios: Pilatos, los grandes sacerdotes, el pueblo, todos los que participan en la Pasión”, reflexiona.El Evangelio de
Judas y el personaje histórico de
Judas no tienen nada que ver”Armand PuigAveproAnalizado el impulso que pudo llevar a
Judas a tomar la decisión, el segundo gran interrogante es saber cómo murió, ya que de ahí podrían extraerse también justificaciones sobre lo que hizo.
Mateo cuenta que devolvió las treinta monedas, se arrepintió y se ahorcó. El resto nada relata del final del traidor, o supuesto traidor. Pablo Alonso, profesor de Teología de la Universidad de Comillas, señala que “en los Hechos de los Apóstoles que escribe
Lucas se da otra versión en la que
Judas no se arrepiente y, por tanto, no devuelve el dinero, sino que se compra un campo, y luego no se suicida, sino que muere, vamos a decirlo así, de accidente, una caída muy violenta”. Muchos años después, otro autor cristiano, Apolinar, en el siglo IV, citando a un obispo del siglo II, cuenta que “en un momento dado a
Judas se le empezó a hinchar la cabeza, se le empezaron a hinchar los párpados, le empezaron a salir gusanos por los ojos y finalmente le estalló la cabeza”. Dejando esta última historia de lado, el hecho de que haya dos versiones (suicidio y muerte accidental en un campo) en los Evangelios “puede apuntar a que realmente la Iglesia primitiva no conocía exactamente lo que había ocurrido con
Judas”.De ahí también que los gnósticos trataran de crear su propia historia con el Evangelio de
Judas. Cuando se publicó, hace veinte años, hubo una profusión de ensayos sobre lo que significaba este texto apócrifo. Quizás uno de los más interesantes es el de la profesora de Historia Eclesiástica en la Escuela de Divinidad en Harvard, Elaine Pagels. La autora sostiene que tanto ese texto como el resto de los Evangelios gnósticos “nos permiten escuchar voces perdidas durante 15 siglos, silenciadas por quienes ganaron el blasón de la ortodoxia”. Es lo que Piñero define como los cristianismos derrotados.
Judas en el capitel de la Basílica de Santa María Magdalena de VézelayEn el libro, Pages explica cómo
Irineo, en el siglo II, en su texto Contra las herejías, afirmaba que un grupo de cristianos “declaran que
Judas el traidor estaba absolutamente al tanto de estos asuntos, y que él solo, sabedor de una verdad que otros ignoraban, realizó el misterio de la traición; por su mediación todas las cosas, tanto en la tierra como en el cielo, fueron arrojadas en la confusión”.Alonso apunta también que los gnósticos, como los que escribieron el Evangelio de
Judas, creen que “el principio espiritual es lo valioso y rechazan el cuerpo”. Por eso ven a
Judas como la persona que “con su traición desencadena el proceso que conduce a la muerte de
Jesús y por tanto a la liberación del espíritu, del alma de
Jesús de la carne que lo aprisionaba”.La Iglesia primitiva no conocía exactamente lo que había ocurrido con
Judas”Pablo AlonsoUniversidad de ComillasTan controvertida es su figura, que algunos autores incluso han querido ver una semilla de antisemitismo en el propio nombre de
Judas, al relacionarlo con el conjunto del pueblo judío, de la propia Judea. Puig ve improbable esta opción, porque
Judas ya tenía ese nombre cuando se unió a los seguidores de
Jesús. No lo adoptó después, como sí pasó con otros discípulos a quienes Cristo les cambió el nombre.Sea como fuere,
Judas es quizás uno de los personajes bíblicos más interesantes y que más controversias han despertado a lo largo de 20 siglos. La gran duda es si
Jesús pudo equivocarse al escoger a su reducidísimo grupo de discípulos.En 2020, el papa Francisco en una misa introdujo una nuevo elemento que aunque simple es revelador. Recordó que a
Judas “
Jesús nunca le llama 'traidor'; dice que será traicionado, pero no le llama a él 'traidor'. Nunca dice: 'Vete, traidor'. ¡Nunca! Es más, le dice: 'Amigo', y lo besa”.Barcelona, 1975. En la sección de economía desde 2001 proveniente de Cinco Días. Antes trabajé en programas de economía en TV3. Licenciado en Periodismo por la UAB, PDD por IESE y estudio Geografía e Historia (UNED).