Carme Portaceli se acerca al final de su mandato como directora artística del
TNC, de modo que se ha activado el mecanismo para nombrar la nueva dirección. Ayer, según la valoración curricular, fueron seleccionadas una decena de candidaturas a dirigir la próxima etapa, de entre las 40 que se presentaron. Ahora han de diseñar su proyecto, para que la comisión de valoración acabe escogiendo quién será la persona que tomará las riendas. En junio se sabrá.
La Vanguardia ha hablado con media docena de dramaturgos y directores, dos de los cuales también dirigieron el
TNC (
Sergi Belbel y Xavier Albertí), para captar las ideas que deberían marcar el futuro de este equipamiento emblemático del teatro catalán.Albertí lo tiene claro: “La primera misión de un teatro nacional, ahora y siempre, es que la gente tiene que entrar como espectadora y salir como ciudadana. ¿Qué significa? Pues que no vas a entretenerte, vas a tener una reflexión sobre esas cosas que te constituyen como ciudadano y, por lo tanto, dentro de la ciudadanía. Por una parte están las cosas que la sociedad reclama cada día, pero, sobre todo, ha de satisfacer los derechos universales de acceso a la cultura, que son: tener acceso a tu propio legado y que tu lengua sea tratada de un modo extraordinario, porque un teatro es un altar cívico de representación de nuestra cultura y la lengua es lo que la dictamina en primera instancia”.A punto de estrenar Beethoven en los Teatres del Farró, Albertí remarca otro aspecto, en el que coinciden los seis entrevistados: “Tiene que dar un clarísimo impulso a la creación contemporánea catalana, con todos los géneros que las artes escénicas están desarrollando hoy. Y eso vale para hoy, vale para diez años atrás y vale para dentro de cincuenta años”.“Creo que la línea principal del
TNC tendría que ser de altísima calidad y de identidad”, asegura Àlex Rigola, director del
Heartbreak Hotel, donde ha estrenado Retorn a Haifa. “Esta identidad no es tanto por los grandes clásicos catalanes, que tampoco hay tantos, sino por propuestas contemporáneas de autores de aquí, que puedan manejar presupuestos que no existen en las otras salas”.Rigola considera que “la identidad se hace sobre todo con artistas que puedas reconocer que pertenecen a esa casa durante un tiempo, más que querer contentar a todos. Eso da continuidad e identidad al equipamiento. Y cuando se acaba ese periodo, esas personas no tienen por qué quedarse”.El apoyo a la autoría catalana actual, con recursos y acceso a la sala Gran, es un grito unánimeAdemás del apoyo a la creación catalana, Glòria Balañà, que ha acabado las funciones de Dones valentes en el Teatre Lliure, añade: “El
TNC tiene que apostar por que las producciones propias tengan una vida larga y giren por el territorio, y ofrecer más dramaturgias de la imagen. También es importante apoyar la creación hecha por mujeres, y que establezca conexiones con otros teatros europeos e internacionales que permitan proyectar la creación escénica hecha en Catalunya”.
Sergi Belbel coincide con Balañà a “dar impulso a la dramaturgia contemporánea textual y también no textual, como la danza y la escena híbrida”. Recuerda que hay un contrato programa que marca porcentajes que garanticen la autoría catalana. Y subraya: “Los dos ejes fundamentales son tradición y contemporaneidad de la dramaturgia catalana. Ahora bien, eso no significa que no se pueda hacer un Shakespeare o un Calderón”.“Desde hace un tiempo veo que los autores y autoras estamos un poco dejados de la mano de Dios, hay una cierta dispersión de la creatividad –denuncia Belbel–. Es decir, espectáculos como La tercera fuga de Victoria Szpunberg en la sala Gran no tendrían que ser una excepción, sino la norma. La misión de un teatro público es dar oxígeno, carta blanca a sus autores, para ir más allá de las obras de tres personajes en un salón”. Casos como el de La corona d’espines, que ha dirigido Albertí, “tienen que llegar a dos o tres espectáculos por temporada, es decir, que fuera la norma. Porque la percepción que tiene la cultura catalana de su pasado es muy anómala, seguramente porque no hay un Estado detrás que la proteja”.Marta Buchaca, que estrena Una bufetada a temps en La Villarroel, declara: “Lo más importante es que el
TNC cree futuro: que dé oportunidades a actores y actrices, creadores, dramaturgos..., pero con proyectos que piensen a largo plazo, como fue el T6. También creo que el teatro joven y familiar debería tener mucho peso”.La única dramaturga y directora que ha estrenado una obra propia en catalán en la sala Gran, Victoria Szpunberg, opina: El teatro público se tiene que cuidar para preservar la excelencia, de manera que esté al alcance de la ciudadanía. Tiene que estar orgulloso de sí mismo, con una gran dosis de autoestima y todo el apoyo de los artistas”. “La preservación del repertorio y la reinterpretación de la tradición es importante, pero creo que tiene que detectar las voces contemporáneas, porque el teatro es un arte del presente –continúa–. Y con toda la complejidad del mundo actual, el teatro también tiene que ser complejo y contribuir al pensamiento crítico, y no caer en la simplicidad o los discursos infantiloides”.“La misión de un teatro público es dar oxígeno a los autores para ir más allá de las obras de tres personajes en un salón”“Como representa a todo el país, tiene que tener conciencia pública fuerte y ser ambicioso, de modo que convoque muchas sensibilidades. No tiene que buscar a un público fácil, pero tampoco tiene que ser elitista ni caer en pedanterías ni aleccionamientos morales”, apunta. “El
TNC no puede competir ni fagocitar la escena alternativa ni la comercial. No puede estar obsesionado con los porcentajes de ocupación, porque hay una tarea fundamental de educación y de conexión con los institutos con un objetivo pedagógico”, concluye.Perfil de la nueva directora o directorMirada de artista o habilidad de gestorSobre cómo ha de ser la persona que desarrolle la dirección artística, los expertos consultados se debaten entre los perfiles más artísticos y los de gestión. Para Victoria Szpunberg, tiene que ser “alguien con una conciencia de la cosa pública, con altas dosis de generosidad, porque gestionar un espacio con tanto peso institucional y político pide una mirada y una escucha muy afinadas”. La dramaturga también cree que tiene que ser “una persona atrevida, porque es un trabajo de mucha exposición”. “La conciencia pública debe comportar una voluntad de excelencia con una vertiente hacia la popularidad, pero también tiene que haber un espacio para el riesgo y la experimentación”. Y añade: “En cuanto a los directores anteriores, hay que continuar las cosas que se han hecho bien, como en el caso de Portaceli por la igualdad”.Xavier Albertí apuesta por “una persona honesta, inteligente, sensible y conocedora, y basta”. Y continúa: “No tiene que ser buena gestora, porque el
TNC tiene unos equipos extraordinarios de gestión. Y no debe tener miedo a jerarquizar. El
TNC no tiene que ser un lugar de descubrimiento, sino un lugar de consolidación de carreras. El ecosistema teatral catalán tiene muchos espacios para poder jugar de un modo más tranquilo al descubrimiento”.“En el equipo del teatro ya hay gestores”, por ello Albertí y Rigola priorizan la vertiente artística de la direcciónPara Marta Buchaca, el perfil tendría que responder al de un “buen gestor o gestora, que conozca las artes escénicas de Catalunya y que tenga interés por crear patrimonio. También podría ser una dramaturga que tuviera sensibilidad y el objetivo de potenciar y hacer crecer la dramaturgia catalana. Eso es fundamental: que la dramaturgia catalana en el
TNC no sea una excepción, sino que tenga continuidad”.En cambio, Glòria Balañà considera: “El
TNC lo tendría que dirigir artísticamente una persona del ámbito de la creación escénica. Y quizá el perfil más idóneo es el de una directora o director escénico, por su visión amplia y conocimiento profundo del hecho escénico desde el interior, y también por la capacidad de construir un discurso con la programación de un teatro. También creo que tendría que ser una persona que viva en Catalunya y esté vinculada a nuestra cultura”.Àlex Rigola también es de esta opinión: “El perfil tiene que ser verdaderamente artístico, no un gerente, porque de estos ya hay en los equipamientos. Así tendrá una mirada que vaya un poco más allá y que salga de la normalidad para romper esquemas. Es evidente que tiene que ser una persona juiciosa, pero al mismo tiempo debe tener una cierta voluntad artística para tener una mirada especial, que es lo que acaba creando también identidad en una casa”.Finalmente,
Sergi Belbel prioriza la edad: “Después de haber pasado por la dirección del
TNC, creo que no tiene que ser una persona ni muy joven ni muy mayor: 40 o 50 años, que es cuando una persona está en plenitud, con fuerza y ya tiene unos conocimientos. Yo sigo haciendo muchas cosas, pero considero que ya se me habría pasado la edad para dirigir el
TNC”.Redactor de Cultura y coordinador de los libros de estilo de las ediciones en castellano y en catalán del diario. Profesor asociado de la UPF y miembro de la Secció Filològica del IEC