“I aquí encara soc” (Y aquí todavía estoy).
Dolors Miquel (
Lleida, 1960) acaba asíEl pit adormit(Edicions 62), porque, tras haber pasado un cáncer de pecho y una cardiopatía, celebra que está viva y comparte, quizá no su camino, pero sí su salvación. “Sin este libro no sé qué hubiera hecho, cada día era pensar en él, escribir, leer, tenerlo en mi cabeza era todo el rato, excepto en los momentos horribles cuando no tenía ni pizca de energía. Este libro me permitió vivir”, recuerda desde su casa, en
Torredembarra. Ha escrito un ensayo literario sobre dos columnas: por una parte investiga a partir de su cáncer la historia del pecho femenino, y por la otra narra la aventura que un grupo de poetas emprendieron en 1997 haciendo giras de recitales poéticos por
Catalunya encabezados por
Enric Casasses. Una obra magmática e hipnótica escrita dándole a cada fragmento de texto un carácter único, para que pueda ser leído casi de forma independiente. Casi se puede tomar el libro por una página al azar y quedarse atrapado en sus palabras, sentirse arrastrado por una historia a la vez íntima y pública, desde el pasado mítico al presente, en una épica literaria individual y colectiva. Además, acaba de salir la traducción al castellano de su Mata’m psicosi (Temporal, traducción de
Corina Oproae y epílogo de
Lucia Del Greco).¿Cómo se puede conjugar cáncer y poesía?Parecen muy separados, pero en el fondo la poesía es la proyección del adentro hacia el de fuera. El libro es un tapiz, un tejido de hilos diferentes, algunos más gruesos, otros más finos, en una estructura muy libre. Como la cubierta del libro, hecha a partir de los dibujos de Miquel Barceló bordados por su madre,
Francisca Artigues, es decir, coger materiales diversos para crear una obra nueva. Es como la vida, en que todo está mezclado y con una estructura caótica.Lee tambiénEscribió mirando a la muerte de cara...Antes del diagnóstico, durante una resonancia magnética, intuí que me venía algo fuerte y pensé que tenía que agarrarme a algo, y lo único que tengo en esta vida, aparte del amor, es la literatura, y ya me vino a la cabeza el título del libro, y yo sabía que estaba en alta mar y necesitaba una boya. Vivía dos vidas: la asquerosa de los médicos, hospitales y tratamientos horribles y la que me daba el libro. Desde el primer momento no miré el cáncer solo de forma negativa, sino intentando transformar en belleza los momentos duros, hacer una transmutación para poder aceptar lo que me pasaba, y así el libro me sirve para hacer esta alquimia. De hecho escribir era un acto de amor, porque la literatura es puro amor y publicar es compartirlo. Este es básicamente un libro de amor, y como dice Casasses, “el amor lo cura todo”.El cáncer“Intentaba transformar en belleza los momentos duros para poder aceptar lo que me pasaba”La gira poética, a raíz del libro Uh de Casasses, fue un hito literario hoy casi soterrado, ya un mito.Queríamos cambiar el mundo y de algún modo lo hicimos, aunque luego entró el dinero y cuando se normalizaron los recitales incluso había una cierta rivalidad, y a veces quien triunfaba era quien más hacía reír, y eso no tiene ningún sentido. Hubo un desplazamiento, porque todas las cosas se estropean porque son materia, y fue un poco decepcionante porque soy muy idealista. Todo aquello casi no se había explicado, y yo lo hago a mi manera, intentando que salgan todos los que estuvieron, empezando por el enérgico Víctor Nik, que lo puso en marcha, o Albert Roig, quien justamente sin estar comparte disidencia de lo que tenía que ser la poesía, pero con otro tipo de búsqueda.Pusieron las bases del presente poético.Hoy ya casi ni se concibe otra cosa. Incluso los que no estaban involucrados han acabado recitando como locos, sean neonoucentistas o de la poesía de la experiencia, todos allí recitando, con piano, con saxo... y hasta un espacio como el Horiginal no se puede entender sin esto detrás, porque antes ir a un recital de poesía era como ir a una misa, sin emoción.El público también había cambiado.Sí, eran gente joven que estaba entusiasmada con la poesía y la vivían con una actitud totalmente distinta.
Dolors Miquel, en su casa, en
Torredembarra, con su perro DucXavi Jurio¿En este libro se desnuda más que en los poemas?Cuando entró en imprenta tuve la sensación de estar expuesta de una manera íntima. Me da igual si la gente sabe con quién me he encamado, hay cosas que salen aquí que para mí son intimidad pura, y no me había dado cuenta antes, porque yo estaba escribiendo pensando que me moriría, la mayor parte de las veces, en un momento determinado incluso me quería morir, no quería continuar. No escribía para los demás, pero tampoco para mí, era otra vida que yo tenía conmigo y que necesitaba escribir.Es reconocida como una poeta provocadora y que hace reír, pero en el libro muestra todo lo que hay detrás.Es curioso, y es así. Hay un poema mío, La que mai no es dispintina, con el que la gente siempre se ríe, por ejemplo, pero en realidad es un poema de la tragedia de la vida de mi madre, un desgarro interior total. Mi cabeza hace un clic ante las desgracias, me sale un chiste y a través del humor salgo adelante. El libro tiene mucho de palimpsesto, con muchas citas, porque todas las palabras que tenemos nos las han dado otros, y con muchas lenguas y alfabetos, porque de pequeña lo que más me llamaba la atención de la escritura eran los símbolos, la pura estética y misterio.También hay espiritualidad.La poesía también es un trance y yo me introducía en la emoción, el recuerdo y el sentimiento para escribir, pero con un sentido de lo sagrado y del misterio, que está muy presente. También porque la carne es muy importante, es la materia prima del cristianismo, con la idea de la resurrección, y también con las santas martirizadas a través de la carne convertida en reliquia: un canibalismo espiritual y místico, inquietante y fantástico.¿Poesía para hacer reír?“Mi cabeza hace un clic ante las desgracias, me sale un chiste y a través del humor salgo adelante”Estar enfermo es, también, estar vivo.Sí, pero de una manera muy extraña, como en un limbo, y entonces la vida normal pierde el sentido, para un enfermo, y tiene una visión cruda del mundo, ante una sociedad que le inutiliza. Al mismo tiempo, no tenemos ningún tipo de poder sobre el cuerpo, en realidad, el cuerpo hace lo que quiere.También es un homenaje a los compañeros caídos, como Pau Riba, Lis Costa o Ester Xargay.Sus muertes, y especialmente la de Xargay, fueron de las cosas más dolorosas de este libro, porque no sabes por qué tú has quedado viva y ellos no, no tiene ninguna lógica, todo es misterio. Creemos que la tecnocracia en que vivimos lo puede explicar todo, pero no es así, la razón se ha ido a tomar viento y hay un descrédito de la razón, menos en el arte de verdad y la poesía en particular.A menudo era la única mujer recitando en el escenario.Sí, pero como había encontrado gente con la misma vibración sobre qué tenía que ser el arte, la cultura o la vida, ni me daba cuenta de ello. Después hubo más, como Núria Martínez-Vernis o Helena Porteros. Hay que decir que aquí estamos y hemos estado: con Rodoreda, Víctor Català, Sexton, Woolf, Emily Dickinson, Plath, Tsvetàieva, Ajmátova, Marçal, Carmelina, Leveroni, Salvà...Redactor de Cultura. Autor de 'Febre amb gel (Fonoll, 2023) y 'Roger Mas. La pell i l'os' (Satélite K, 2011). Licenciado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)