Hay establecimientos que cuentan historias, y el Áurea
Washington Irving, en
Granada, es uno de ellos. Está justo al lado de la cara sur de la
Alhambra, frente a la puerta de los Siete Suelos. Dicen que por ahí salió el sultán
Boabdil para entregar la ciudad a los
Reyes Católicos en 1492, y que después pidió que se sellara para siempre. Pero, bueno, es solo una leyenda.Si queremos ir al origen real del hotel, hay que viajar más adelante en el tiempo, tras la Reconquista. En esa época
Granada empezó a llenarse de nuevas posadas y alojamientos para acoger a comerciantes, viajeros y curiosos que pasaban por la ciudad, sobre todo fuera de las murallas. Las Ventanillas era entonces una zona repleta de fondas, lo que hoy son hoteles. A principios del siglo XIX, el terreno donde hoy se alza el hotel no era más que un huerto con un pequeño corral. Lo compró el Real Patrimonio de la
Alhambra y, años después, pasó a manos de don
Benigno Ortiz, y en 1870 abriría
La Fonda de Ortiz, todo un lujo para su época, con habitaciones que ya tenían agua fría y caliente. El terreno donde hoy se alza el hotel no era más que un huerto con un pequeño corralHabitaciones con vistas a la AlhambraRoberto LaraMientras tanto, la
Alhambra, el antiguo palacio de los sultanes nazaríes, caía en el abandono más terrible. Pero todo cambió con la llegada de los viajeros, escritores y soñadores románticos que quedaron hechizados por el aire exótico de la fortaleza. Uno de los más importantes fue
Washington Irving. Tal fue su fascinación que incluso se atrevió a vivir dentro del recinto en 1829. En sus escritos explicaba cómo se bañaba en las piscinas de los patios, cómo desayunaba en el de los Leones o cómo paseaba por el Albaicín en busca de las leyendas que se contaban del palacio. De ahí saldrían sus famosos Cuentos de la
Alhambra. “La
Alhambra es un regalo de la historia que perdura en el tiempo como un símbolo de grandeza”, escribió. Y tenía razón.Hoy el hotel es un cinco estrellas con 63 habitaciones modernas y elegantes, en tonos marrones y ocres, salpicadas de detalles dorados. Muchas miran directamente a las murallas de la
Alhambra. En los pasillos, en las habitaciones y en algunas salas aparecen citas de algunos escritores que pasaron por
Granada, como Lorca, el propio Irving o Hemingway. Además, tiene una terraza exterior con piscina desde la que se ve el Carmen de los Mártires, y donde aún se conserva la puerta de hierro original de la posada.En distintas partes del hotel pueden leerse citas célebres de escritores que pasaron por el establecimientoRoberto LaraEspacio spa para relajarseRoberto LaraTambién cuenta con un baño de vapor y un pequeño gimnasio con vistas. Y está el restaurante Garnata, una apuesta por la cocina andaluza tradicional. Ahí se sirven también los desayunos bufet, con panes, embutidos, fruta, yogures y un rincón regional para probar productos típicos. También es posible degustar algunas de las recetas que el chef elabora basándoese en recetas nazaríes. En el vestíbulo hay un bar perfecto para tomarse un cóctel sin prisas, y en verano incluso se puede pedir algo en la zona de la piscina mientras suena la música de la guitarra.Rincon regional durante el desayunoL.BernausPara rematar, en la biblioteca se exponen primeras ediciones de Cuentos de la
Alhambra como homenaje al escritor. Y, siguiendo la estela literaria, una vez al mes, en los hoteles Áurea, se celebra el evento Wine and Books, una cita muy especial en la que la cultura se acerca tanto a locales como a turistas. Invitando a escritores para que presenten su libro y compartan su historia y, al final, se ofrece una degustación de vino local y pequeños bocados gastronómicos. En este hotel, el pasado enero, la protagonista fue Susana Martín Gijón, que presentó La Capitana, una novela negra histórica ambientada en la
Granada posterior a la Reconquista. Una historia intensa, llena de sombras y secretos.Redactora en el 'Magazine', especializada en viajes y estilo de vida