* El autor forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia El presidente norteamericano calificó recientemente a la OTAN de “tigre de papel”, al tiempo que tachó de “cobardes” a sus aliados ante la falta de apoyo a la apertura del estrecho de Ormuz. La reacción de
Donald Trump no fue únicamente un exabrupto; fue también una revelación. Sus palabras, en realidad, no sólo sugieren desprecio hacia la Alianza —eso ya lo sabíamos—, sino también cierta subestimación del papel de los propios Estados Unidos en su evolución reciente. Hasta hace poco, una OTAN sin Estados Unidos era difícil de concebir. El liderazgo norteamericano ha sido una constante desde su origen, tanto por razones históricas como por las capacidades militares puestas a disposición de los aliados. En el plano político, este papel se ha ejercido de forma discreta mediante la combinación de un bajo perfil en el Consejo y una diplomacia eficaz en el ámbito bilateral, fórmula orientada a construir consenso desde el respeto y sin necesidad de imposición. Hasta hace poco, una OTAN sin Estados Unidos era difícil de concebirEn el plano militar, por el contrario, ha sido mucho más explícito, y así lo refleja el propio diseño de la estructura: la máxima responsabilidad en el planeamiento y la conducción de las operaciones militares recae tradicionalmente en un general estadounidense. Además, las reformas recientes de la estructura militar tienden, en realidad, a reforzar el papel de Estados Unidos, aunque hayan sido presentadas como una transferencia de responsabilidades hacia los aliados europeos.
Donald Trump, con el símbolo de la OTAN. JOHN THYS / AFP El caso es que Estados Unidos ha sostenido durante décadas la OTAN, cierto, pero también la ha moldeado como una organización que multiplica y hasta cierto punto legitima su capacidad política, diplomática y militar. Y no sólo eso: también ha operado en su favor en momentos críticos. De hecho, si alguna vez el Artículo 5 se ha invocado en la historia, fue tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando los aliados acudieron en ayuda de
Washington. Hasta el propio discurso oficial de Moscú ha presentado tradicionalmente a la OTAN como una mera extensión del poder estadounidense. Se trata, sin duda, de una lectura hostil y despectiva, que olvida los intereses europeos presentes en la Alianza. Ahora bien, incluso llevada a ese extremo, la posición del
Kremlin termina rozando una realidad que algunos parecen olvidar: la OTAN sigue siendo un cauce decisivo para articular la influencia de Estados Unidos en Europa. Todo ello resulta, cuando menos, irónico si se contrasta con algunas de las percepciones que hoy emergen en
Washington. La OTAN sigue siendo un cauce decisivo para articular la influencia de Estados Unidos en EuropaLa Alianza de hoy es distinta de la que se configuró en 1949. Su evolución en los últimos años —en particular desde la puesta en marcha de la agenda OTAN 2030— ha supuesto la adopción de una concepción amplia de la seguridad, más allá de la defensa estrictamente militar. La OTAN actual no se limita a una estructura de respuesta ante una eventual invocación del Artículo 5. La Alianza proporciona un marco político de consulta permanente, canales diplomáticos consolidados y una interoperabilidad militar construida durante décadas. Su renovado ADN incorpora ya aspectos tales como el fortalecimiento de la resiliencia de las sociedades, la innovación tecnológica o la intensificación de la cooperación con socios en todo el mundo. Pero, sobre todo, representa un compromiso con valores compartidos tales como libertad, democracia, derechos humanos e imperio de la ley.
Donald Trump, en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Los aliados europeos, en general, nos sentimos identificados con esta nueva OTAN. Defiende valores que Europa había asumido desde hace tiempo y a los que —a la vista de los últimos debates— no parece dispuesta a renunciar. Sin embargo, la actual Administración norteamericana insiste en alejarse de ese marco. Sus movimientos recientes apuntan a una lógica de poder menos ligada a principios compartidos, más marcada por la unilateralidad y más inclinada a entender las alianzas en términos estrictamente transaccionales. Esta divergencia podría estar acelerando la aparición de una nueva realidad geopolítica en Europa. Quizá surja al margen de la Unión Europea, que no fue pensada para esto, como ya dijo alguien. No se trata ya de la tantas veces invocada autonomía estratégica, sino de asumir más responsabilidad, reforzar capacidades y prepararse para escenarios hasta hace poco difíciles de imaginar. Una fórmula de seguridad occidental construida sobre bases distintas y sin Estados Unidos no es un horizonte deseable, pero ha dejado de ser impensable. Una fórmula de seguridad occidental construida sobre bases distintas y sin Estados Unidos no es un horizonte deseable, pero ha dejado de ser impensableEl vínculo transatlántico está hoy más equilibrado que nunca. Su ruptura supondría una pérdida para los europeos, sin duda, pero también para Estados Unidos. Perdería un marco privilegiado de influencia política y militar sobre el continente, un instrumento de legitimación de su liderazgo y una red de aliados, socios y capacidades construida durante décadas. En el fondo, lo que está en juego no es sólo una alianza, sino una comunidad estratégica asentada sobre una cierta idea de civilización: la voluntad de seguir defendiendo, con serenidad y firmeza, unos valores que consideramos irrenunciables. La cuestión, a estas alturas, ya no es qué perdería Europa sin
Washington, sino qué perdería
Washington si decidiera situarse al margen de la OTAN. Y esto es algo que hasta Putin parece entender. * Miguel Peco Yeste es coronel del Ejército de Tierra y ex asesor en el gabinete del Secretario General de la OTAN (2020-2023) ■ ¿CÓMO PUEDO PARTICIPAR EN LA COMUNIDAD DE LA VANGUARDIA? ¡Participa! ¿Quieres compartir tus conocimientos?Si tienen interés en participar en Lectores Expertos pueden escribir un email a la dirección de correo de nuestra sección de Participación (participacion@lavanguardia.es) adjuntando sus datos biográficos y el texto que proponen para su publicación.