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NO-DO en los 70, vendi� caro en los 80, pero en los 90 se esfum�. En el ocaso de su vida, busca de nuevo la luz: "Pasar a la historia me importa un pepino"Actualizado Jueves, 2 abril 2026 - 22:42Tiene 83 a�os y la mirada de una chiquilla. Se mueve con agilidad por su casa, un intrincado �tico en el centro de
Madrid, una buhardilla de las de antes, llena de altillos, cuartitos y recovecos en la cuarta planta de un edificio sin ascensor. �La compr� en los 70 por cuatro duros, ahora estoy buscando algo m�s c�modo. Estoy un poco vieja�.Entrar en el universo de �ngela abruma, primero; fascina, despu�s. No queda un cent�metro libre, ni en las paredes ni en el suelo. Todo, hasta donde abarca la vista, emana arte. Todo est� pulcramente ordenado y limpio, limp�simo. Hay esculturas, claro. Las hay muy grandes y muy chiquititas. Hay dibujos compuestos de sencillos trazos negro sobre blanco. Hay lienzos colgados y papeles coloreados en montones alineados sobre cada mesa. Cuando las manos le dolieron demasiado tras toda una vida empapadas en barro, se pas� al pincel. Hay animales y hay cuerpos desnudos. Tambi�n, im�genes religiosas, aunque no gustar�an a la ortodoxia.Penetrar en la guarida de �ngela es asomarse a un universo te�ido de morado como sus cejas, como la cinta que ha enredado en una de las trenzas que le enmarcan la cara, como los motivos mexicanos de su vestido. Es coqueta, consigo misma y con su arte, que le emerge de dentro como un g�iser incontrolable sin boceto previo, sin r�plica posible, sin t�tulo, al fin. Como ella. �S�lo �ngela, por favor, sin apellidos. �ngela la escultora�.��ngela es una muchacha infatigable en el trabajo y una enamorada de su arte. Nada deja al azar ni al cuidado de otras manos, desde el amasado hasta el acabado de cada pieza�, recita la caracter�stica voz nasal del
NO-DO, que aquel 11 de enero de 1971 visitaba en blanco y negro el primer estudio de nuestra protagonista en
Madrid. �ngela la escultora era, entonces, un nombre habitual en el ambiente art�stico madrile�o, una asidua del Caf� Gij�n que compart�a mesa y tertulia con el pintor �Anto�ito� L�pez, con los arquitectos
Fernando Higueras y C�sar Manrique, �con artistas, poetas y tal�, resuelve ella r�pido el recuerdo.Para saber m�sVend�a su arte para vivir, y no viv�a mal. �Cobraba por un busto un mill�n de pesetas de entonces�, asegura. Su memoria se acumula en un centenar de art�culos de prensa recortados y escaneados por orden cronol�gico, algunos ya apenas legibles por el paso del tiempo. Arrancan a principios de los 70, son muchos y muy variados en el siguiente cambio de d�cada, se vuelven casi anecd�ticos en los 90 y se apagan en 1999.�ngela la escultora desapareci�.Fue voluntario, dice, se cans� de la fama y de la exigencia art�stica del prestigio. Pero el ocaso de su vida le ha hecho nacer un deseo: volver a ser, perdurar a trav�s de su arte.�ngela busca museos que quieran albergar su obra. No quiere vender nada, s�lo donarla a quien sepa apreciar y mimar ese imaginario en barro y bronce del que vive rodeada.La c�mara sigue a una joven de 28 a�os de larga melena lisa y oscura, flequillo hasta bien entradas las cejas y camisa abullonada remangada por debajo del codo. Enfoca sus manos, peque�as y �giles, cuando sus dedos, enmara�ados de anillos, se hunden en el barro. �Mientras cada pieza adquiere en el horno el tono y dureza definitivos, la joven artista fuma tranquilamente su pipa y da rienda suelta a su fantas�a so�ando con la nueva tanda de obras que pronto han de seguir a esta �ltima hornada�, corona la narraci�n el reportaje. �Era muy bohemia�, suspira ahora mientras abre la puertecita de su estudio, en lo alto de una escalerilla de caracol que trepa con extremo cuidado. La edad le ha despertado nuevos miedos. �Baja delante de m�, por si acaso�, solicita. En la linde que separa la vivienda del espacio de trabajo, un peque�o cartel de cer�mica floreado indica �Angela's room�. La misma insignia coronaba la entrada a su estudio cuando vino a grabarla la televisi�n."Me hart� de la fama, obligaba a mucho trabajo y la escultura es muy, muy dura, pero no me arrepiento. Ya hab�a vivido la gloria y quer�a estar tranquila"55 a�os despu�s, otra c�mara recorre las entra�as art�sticas de una mujer diferente a todas las dem�s. El periodista Julen Hern�ndez relata la historia desconocida de la artista famosa que se esfum� sin dar explicaciones en un documental, Donar su obra antes de morir. De �ngela la escultora a �ngela la divina, que se puede ver en su canal de YouTube. �Estaba investigando para un libro sobre
Madrid y di con su reportaje en el
NO-DO. Se me hizo espectacular que en ese contexto pol�tico hubiese una ceramista mujer a la que diesen tanto bombo y de una manera tan curiosa. Era una diva maravillosa�, relata.A �ngela la pulsi�n art�stica le lleg� casi por casualidad. Reci�n inaugurada la veintena se fue a Londres con un trabajito de au pair y el objetivo de aprender ingl�s. �Era una cr�a. Como soy zurda y disl�xica, en realidad, nunca lo habl� bien�, cuenta. La experiencia londinense, sin embargo, le gust� tanto que busc� una beca de estudios para no tener que volver. �Me matricul� en una escuela de arte, dibujando, y el profesor se enamor� de m�. Dec�a que yo ten�a mucho talento y colgaba todo lo que yo pintaba en las paredes�, rememora.Y entonces, lleg� la cer�mica, y aquella pulsi�n art�stica todav�a t�mida explot�. Hab�a nacido �ngela la escultora. �Al principio hac�a piececitas peque�as, tambi�n colgantes que vend�a por los mercados. �T� sabes ese parque tan grande en Londres donde la gente vende su arte? Pues all� estaba yo siempre. Me dec�an �ngela la hippie�. All� la vio un galerista, y luego otro, y los colgantes fueron creciendo hasta convertirse en tallas considerables, y llegaron las exposiciones y al borde de la treintena decidi� volver a Espa�a, ya convertida en artista.�Fue toda una aventura�, relata, y se le encienden todav�a m�s los ojos vivarachos. �Me trajo un tipo un poco raro en una furgoneta, con todas mis esculturas metidas en ba�les, y en lugar de en
Madrid, me dej� en Barcelona�. Cuando encontr� la manera de llegar a la capital con todo aquel equipaje, alquil� un peque�o estudio. Enseguida lleg� la primera exposici�n, en la Galer�a C�rculo 2, que se extingui� en 1981 pero entonces era de primer nivel. �Puse un horno en mi estudio y empec� a trabajar, a exponer, a dar entrevistas, tambi�n a emborracharme y a salir, era muy bohemia�.�ngela la escultora era muy conocida pero ganaba lo justo para poder seguir creando. �Mi obra no era vendible al gran p�blico. Era er�tica, y aqu� eran muy religiosos. Me compraban, sobre todo, otros artistas�, dice. Ese erotismo le brotaba de las manos sin planear nada, cog�a un trozo de barro y le sal�an cuerpos enredados, desnudos, siempre sin cabeza ni extremidades. A veces les a�ad�a cabezas de animales, m�s en consonancia con su naturaleza, sobre el cuello o entre las piernas. �Yo nunca he sido pr�ctica en la vida. Los brazos sirven para hacer cosas, como la cabeza. El intelecto no es interesante en un artista. Solo me interesan los torsos. �Y qu� cosa hay m�s bella que un torso desnudo?�.Fue, sin embargo, la practicidad m�s absoluta la que le hizo pasarse, cuando tuvo los medios, del barro al bronce. �El barro se rompe�, alega. Modelaba a la cera perdida, para que cada pieza fuera �nica. Y hac�a bustos por encargo y torsos por gusto. �El retrato requer�a mucho tiempo. Si el modelo no pod�a quedarse tanto, le tiraba 30 o 40 fotos y le hac�a venir cinco o seis veces para rematar. Me ped�an much�simos�, cuenta. Cuando el metal se enfriaba, le aplicaba la p�tina, con su brocha y su soplete y el acabado se tornaba m�s verde, m�s rojizo, m�s dorado. �Am� el bronce y la cera tanto como el barro�, reconoce.Dec�an de ella que era �fatalmente escultora� y ella habla de la tierra, de c�mo le gustaba sentirla con las manos. �El amor es materia�, resume. �ngela necesitaba sacar de dentro las im�genes que le nac�an dentro. Era una necesidad f�sica. Si no lo hac�a, su cuerpo le castigaba con sue�os terribles. �Cada escultura era un impulso que sal�a de m�. La escultura espantaba mis pesadillas. Si no, no pod�a vivir. So�aba que una escultura enorme y monstruosa ven�a hacia m� y me ahogaba�, describe. Nunca bautiz� su obra, es imposible poner palabras a un sentimiento."No quiero deshacerme de mis esculturas en vida porque disfruto vi�ndolas, pero llegar� un momento en que no pueda mantenerlas. Estoy un poco vieja"Aquella llamada sobrenatural la acompa�� hasta que las manos dijeron basta, pero en los albores del nuevo milenio eligi� retirarse de la primera l�nea. �Me hart�, asegura. �Exponer obligaba a trabajar much�simo y la escultura es muy, muy pesada, as� que prefer� que mi arte quedara para m� y para los m�os. Y nunca me arrepent�, ya hab�a vivido la gloria y prefer�a estar tranquila�.La muerte de su gran amor, el arquitecto Jos� Enrique Ruiz-Castillo, hace una d�cada, le despert� la necesidad de pensar en el despu�s, de sacar su obra a la luz y devolv�rsela al p�blico. De vivir para siempre en su legado. �Me di cuenta de que no me quedaba mucho. Yo no quiero deshacerme de mis esculturas en vida porque disfruto vi�ndolas, pero llegar� un momento en que no pueda seguir conviviendo con ellas aqu�, en esta casa tan complicada para una mujer mayor. Y me gustar�a darles el hogar que merecen�, dice.�ngela la escultora quiere regalar su arte a los museos. Ya est� en conversaciones con algunos, pero su herencia art�stica tiene tal magnitud que hace un llamamiento a quien quiera escuchar. �C�mo querr�a �ngela que recordaran su obra? �C�mo querr�a pasar a la historia del arte? �El ser humano siempre me ha interesado�, responde. �Me fascina, sobre todo, su capacidad de sentir. Pasar a la historia me importa un pepino. Lo que me importa es lo que despierta en los dem�s cuando miren una de mis creaciones�.Y se dirige a la periodista: �Me importa que escribas lo que has sentido aqu�, en mi estudio, con todas mis esculturas y mis dibujos. Que lo cuentes�. Espero, �ngela, haber sabido transmitir la oleada de amor y sensualidad de tu buhardilla, impecablemente ca�tica.