Tiene el t�pico de la moda que salir al escenario. Debe, una vez m�s, ejercer de muleta. Cuando
Andy estira su jersey,
Miranda traza el camino que el color de la lana que ha elegido aquella ma�ana ha debido seguir para acabar en su armario. Varias temporadas atr�s, �scar de la Renta hab�a escogido aquella tonalidad exacta, mezcla de celeste, malva y gris, para uno de sus dise�os. El contagio de ideas y la aspiraci�n social hab�a sido la responsable de que, un a�o despu�s, aquel mismo color se presentara en forma de jersey en la balda de una tienda con puertas a la calle automatizadas, donde no se requieren se�ores vestidos de negro que permitan el paso y sostengan el port�n de cristal a las clientas. Si 20 a�os m�s tarde, al borde del estreno de la secuela de El diablo viste de Prada, la escena se empe�a en repetirse, el personaje de
Anne Hathaway descubrir�a gracias a
Meryl Streep que el vestido de seda turquesa que
Jonathan Anderson present� en su pen�ltima colecci�n para
Loewe es, en parte, el responsable de que hoy los colores vibrantes se dispongan a pasear de nuevo por las calles. El Mediterr�neo ibicenco junto al que el dise�ador norirland�s pas� los veranos de su adolescencia manch� la l�nea de manera natural: el azul el�ctrico, a�il, el verde y el rojo de los tomates bajo amarillos vibrantes colorearon el primer envite a la pantonera pastel. M�s tarde,
Miuccia Prada y
Raf Simons encendieron los tonos rosas y pistachos, los azules y los berenjenas.
Matthieu Blazy llev� sus naranjas y verdes al movimiento de los flecos y la sinuosidad de la piel trenzada de
Bottega Veneta y el rojo, ya en su primera propuesta para
Chanel, se agit� sobre la pasarela en faldas con cola. Dario Vitale, en la �nica colecci�n que ide� para Versace antes de que Donatella vendiera la firma al grupo Prada, estableci� el rango crom�tico fundacional. Entre morados, azules, rojos y amarillos, su propuesta para la primavera-verano de 2026 condensa el esp�ritu de la moda venidera con una invocaci�n a la d�cada de los 80.Las chaquetas se ampl�an sobre los hombros y, en un juego de proporciones, el pantal�n recto de talle alto marca la cintura. Vitale sortea las normas del color-blocking dosmilero: cada parte del cuerpo queda segmentada, asignada a un color diferente como si se tratara de un Playmobil. Se presentan como piezas de un puzle que no necesitan pesta�as o huecos. Ensamblan la identidad bajo la renuncia aparente a las normas.El lujo rompe el voto de silencioEl lujo no quiere callarse. Incluso los colores primarios, como en Burberry, Lanvin, Jean Paul Gaultier, Thierry Mugler o Ala�a, han roto el voto de silencio. Aquello del quiet luxury, beis por arriba, gris por abajo, se desahucia a los titulares de 2022, cuando la familia Roy saltaba entre helipuertos de Manhattan y las influencers vistieron sus casas de tonos crema. "Aquello", se�ala Miguel Becer, profesor del m�ster de Tecnolog�a en Dise�o de Moda de la Universidad Polit�cnica de Madrid y fundador de la firma Man� Man�, "ol�a ya a cerrado. Se convirti� en el uniforme del 'quiero y no puedo' de Instagram, una est�tica tan perfecta que daba pereza por lo previsible que era. Estamos siendo testigos de la ley del p�ndulo. El color vibrante vuelve como un grito de autenticidad frente a esa neutralidad aspiracional que busca no molestar a nadie. El momento cultural pide pasar de lo invisible a lo hipervisible. La gente quiere volver a divertirse. Est� cansada de ser un clon minimalista".Cuando la tendencia gotea y, desde la pasarela o la m�s alta de las clases sociales, acababa por empapar a un p�blico masivo, afirman las leyes de la sociolog�a, la �lite refresca sus deseos y normas. "El quiet luxury se difundi� muy r�pido gracias a las redes sociales y los creadores de contenido", explica Roc�o El�zaga Puig, profesora del ISEM Fashion Business School de la Universidad de Navarra. "A partir de ese momento deja de ser distintivo. En los a�os 80, el pensador franc�s Pierre Bourdieu explicaba que el gusto funciona como mecanismo de diferenciaci�n social: si todo el mundo adopta el mismo c�digo, ese c�digo deja de marcar posici�n. El regreso del color puede leerse en esa l�gica. En un ecosistema digital competitivo, proyectar una imagen potente es una forma de no diluirse. Desde la teor�a cl�sica de la moda, esto encaja tambi�n con la idea de George Simmel: cuando un c�digo pierde fuerza distintiva, el sistema genera otro m�s visible". La popularizaci�n de la discreci�n minimalista, pulcra y fr�a, supone a su vez su vulgarizaci�n. Para recuperar la distancia social, distinguirse se convierte en urgencia.GETTY / LAUNCHMETRICS SPOTLIGHTLa evoluci�n en espiral, en cualquier caso, en la pasarela se presupone inevitable. Como con soniquete advierte una madre, todo vuelve. Y la alternancia es tambi�n crom�tica. Para Juan Ferrando, director del Grado en Dise�o de Moda de la Universidad de Nebrija, "ahora mismo las tendencias necesitan incorporar el color. Si nos fijamos en las propuestas de firmas como Prada o Ala�a, el concepto de las prendas es el mismo, patrones limpios con detalles espaciales, pero en lugar de tejidos en blanco, han sido pintados. A nivel de percepci�n parece que ha cambiado todo, pero s�lo hemos introducido el color".Y labios que se curvan. La moda ahora tambi�n quiere sonre�r. Las modelos de
Chanel dan una vuelta sobre s� mismas antes de desaparecer de la pasarela y escurrirse entre bambalinas y, en su �ltima campa�a, las de Dior, amigas que pasean por Par�s, r�en c�mplices. Contrarrestan desde la est�tica una de las hip�tesis que los jovencitos activistas de internet viralizan en microv�deos de un minuto: tras el arquetipo promovido por la tendencia clean girl (pelo recogido, mejillas sonrosadas como un querub�n, labios jugosos, pesta�as definidas con naturalidad) y las paletas crom�ticas neutras (gris, blanco, beis) se agazapan, aseguran, impulsos fascistoides. En la ruptura de la uniformidad y en la renuncia a la pulcritud est�tica, a la apariencia, en definitiva, de perfecci�n, se encuentra, por tanto, la reivindicaci�n de la identidad individual. De, o sea, la libertad.El color como acto de rebeld�aRom�n Pad�n, autor de Historia de las tendencias de la moda, cambia de marcha. En la actualidad, asegura, "el gusto no existe. Est� anulado. Lo �nico v�lido es lo cute y lo cool, pero sin contenido. Resisten algunos reductos, como Sevilla, Bilbao o Mil�n, donde se mantiene un criterio". Becer se inclina hacia el optimismo. Existe y, como prueba el regreso del color, se sobrepone a los caprichos de internet. "El algoritmo es un dictador aburrido; te da lo que ya sabe que vas a consumir. Crea una uniformidad digital que asusta. Esta explosi�n crom�tica es un acto de rebeld�a. Es proponer algo que el algoritmo no sabe clasificar a la primera y rompe el scroll infinito. Implica recuperar el error, el exceso y el riesgo humano frente a la perfecci�n matem�tica y plana de la IA".El dise�ador entrev� en la diversidad crom�tica un "desfibrilador". En el esp�ritu ochentero observa "s�ntomas de revigorizaci�n. Estamos ante un cambio de �nimo colectivo. Como dice la psic�loga Karen Haller, se trata de una respuesta emocional directa ante lo que vemos. En un mundo donde abres el m�vil y te cae encima una crisis clim�tica y tres dramas globales, el color funciona como dopamina visual".Pero, advierten los te�ricos, las similitudes con la est�tica de la d�cada de los 80 se agotan al contemplar los contextos. A diferencia de la euforia econ�mica que canaliz� el power-dressing, el actual "es un entorno incierto y saturado de est�mulos. Por eso la recuperaci�n de ese imaginario no es una copia, sino una reinterpretaci�n. Muchas formas de nostalgia contempor�nea no intentan reconstruir el pasado, sino reutilizar sus c�digos de manera consciente". La reinterpretaci�n se ejecuta con iron�a, aclara Becer. "Si en los 80 el color dec�a 'tengo �xito', hoy dice 'tengo actitud'. Es otra declaraci�n de poder: aunque el mundo est� raro, no vamos a pasar desapercibidos".Tampoco puede obviarse la fecha de nacimiento de los directores creativos que hoy encabezan las grandes firmas de moda. Sobresalen en el rompecabezas de las tendencias: la mayor�a, como Vitale o Simon Porte Jacquemus, crecieron en los 90 con la est�tica ochentera como armaz�n de la mitolog�a materna. "Su universo e imaginario creativo", muestra Ferrando, "se sustentan en estos recuerdos". De nuevo, la raz�n de una madre. El futuro de la moda estaba dobladito en su armario.