En plena temporada de romances primaverales, hay aves que parecen conocer por puro instinto algo sorprendente: la fidelidad no siempre compensa . Al menos eso es lo que sugiere un exhaustivo estudio científico centrado en el papamoscas cerrojillo (
Ficedula hypoleuca ), un pequeño migrador que cada año viaja desde África para criar en
Europa y que, según la ciencia, mejora su éxito reproductivo cuando decide “cambiar de pareja”. La investigación, liderada por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) del
CSIC y publicada en la revista
Ibis , ha seguido durante 37 años a una población de estas aves en la sierra norte de
Madrid . Es una documentada serie histórica de la vida íntima de más de 800 eventos reproductores de estas aves. El resultado es tan llamativo como contraintuitivo: aquellos individuos que cambiaron de pareja de un año a otro lograron sacar adelante más pollos. Una pareja diferente cada año El dato rompe con la imagen romántica —y bastante humana— de la pareja estable como garantía de éxito. De hecho, apenas un 3,5% de los papamoscas cerrojillos repitieron compañero entre temporadas. La inmensa mayoría optó por tejer nuevas alianzas, y no les fue peor. En realidad fue justo al contrario. Tanto machos como hembras mejoraron sus resultados reproductivos independientemente de su edad o del tipo de hábitat en el que criaban. “Los resultados indican que tanto los machos como las hembras que cambiaron de pareja sacaron adelante más pollos que en la temporada anterior, independientemente de la edad de los individuos o el tipo de hábitat en el que criaron”, explica el investigador del MNCN,
David Canal. “El reto ahora es saber si las ventajas del divorcio se mantienen en el largo plazo, por ejemplo, en la supervivencia adulta o en el rendimiento reproductor de la descendencia”, puntualiza
Daniel R. Rodríguez-Solís también del MNCN. Lógica evolutiva Detrás de este comportamiento hay una lógica evolutiva. El papamoscas cerrojillo es una especie de vida corta , pues la mayoría de los adultos apenas alcanza los tres años de edad . En ese contexto, cada temporada cuenta, y mucho. El riesgo de no reencontrarse con la pareja del año anterior tras la migración pesa más que los posibles beneficios de la experiencia compartida. En un mundo incierto, diversificar se convierte en la mejor estrategia. Los investigadores apuntan varias explicaciones para este fenómeno. Cambiar de pareja podría mejorar la compatibilidad genética , facilitar el acceso a territorios de mayor calidad o permitir emparejarse con individuos más aptos para la reproducción. Es una especie de “selección natural acelerada”, donde cada primavera ofrece una nueva oportunidad. Estudios de largo recorrido El trabajo también pone de relieve la importancia de los estudios a largo plazo, esos que requieren de paciencia, constancia, financiación y muchas horas de campo. Si el equipo ha podido determinar si una pareja se vuelve a juntar o no es gracias al anillamiento y exhaustivo seguimiento anual de la población. “Cada ave tiene una anilla con un código individual, lo que equivale a llevar el DNI encima y eso nos permite identificarlo cuando vuelve a criar”, aclara Rodríguez-Solís. En cada temporada se marcan todos los individuos asociados a las casi 250 cajas nido que utiliza la población . Cada año se anilla a todos los pollos que nacen en ellas y se capturan los adultos que están criando. “Teniendo en cuenta que normalmente nacen entre cuatro y seis pollos por caja, estamos hablamos de más de 1000 pollos anillados al año , además de los adultos reproductores que se capturan y marcan si no estaban previamente marcados”, apunta la investigadora del MNCN Iraida Redondo. Un seguimiento tan intenso permite reconstruir la historia reproductiva de cada individuo y generar una base excepcional de información sobre cómo cambian las poblaciones a lo largo del tiempo. “El gran valor de lo estudios a largo plazo es que nos permiten entender cómo las presiones evolutivas actúan sobre los individuos y como esos efectos se traducen en cambios poblacionales. Solo mediante este seguimiento anual e individualizado es posible revelar procesos sutiles pero decisivos, como la adaptación a cambios ambientales o la respuesta de las poblaciones a la alteración del hábitat o la disponibilidad de recursos, que de otro modo pasarían desapercibidos”, explica Canal. Año tras año, los datos se han ido acumulando, desde fechas de puesta, número de huevos y pollos que logran volar. Más de mil crías anilladas cada temporada han permitido dibujar un retrato detallado de cómo funciona esta población y cómo responde a su entorno . Es precisamente esa mirada prolongada en el tiempo la que permite detectar patrones que de otro modo pasarían desapercibidos.