El matrimonio ha dejado de ocupar el lugar incuestionable que durante décadas sostuvo en la estructura social. Ya no se presenta únicamente como un destino natural, sino como una opción que compite con otras formas de relacionarse igualmente válidas. Este cambio no responde a una única causa, sino a una transformación más amplia en la manera en que se entienden la autonomía, la estabilidad y la realización personal.Según el último dato disponible del
Pew Research Center, alrededor de 111 millones de adultos de 18 años o más en Estados Unidos son solteros, lo que representa un aumento considerable frente a los 70 millones registrados en 1990. El consenso general entre los investigadores indica que, tras años de descenso constante en las tasas de matrimonio, la institución ha perdido atractivo para un número significativo de personas.Lee tambiénRichard Fry, investigador de tendencias sociales, reflexionó sobre ello en una conversación recogida en
The New York Times: “Solía decir que no sabíamos si el matrimonio se estaba retrasando o abandonando. Creo que ahora la evidencia es bastante clara. No es solo que los adultos estén retrasando el matrimonio, es que lo están descartando”, añadió.Instituciones como el
National Center for Family and Marriage Research, de la
Bowling Green State University, encontraron que la tasa de parejas que se casaban estaba en su nivel más bajo desde 1971. Su codirectora,
Wendy D. Manning, afirma que las opciones alternativas a pasar por el altar son cada vez más atractivas para la sociedad actual. Según ella, muchas parejas que conviven sienten que su relación ya equivale a un matrimonio y no ven la necesidad de formalizarla legalmente.Imagen de archivo de la boda de una pareja, con el tradicional momento del lanzamiento de granos de arroz a los novios Getty ImagesOtras experiencias plantean un escenario algo distinto. Es el caso de mujeres como
Shani Silver (43 años), que crecieron creyendo que el matrimonio y la formación de una familia formarían parte natural de su vida. “Como millenials, llegamos a la edad en la que se nos prometió que todas esas cosas sucederían, y nunca ocurrieron. Estamos empezando a ver un futuro que puede dar miedo porque nadie nos lo ha trazado realmente”, empieza diciendo”.Silver considera que, debido a sesgos culturales, las mujeres han tenido la responsabilidad de moldearse como compañeras perfectas: “Hemos trabajado en nosotras mismas a lo largo de nuestras vidas para convertirnos en las parejas deseables que nos dijeron que deberíamos ser”, comenta. En cambio, afirma que los hombres no han evolucionado al mismo ritmo y se han estancado: “Hay desequilibrios en las responsabilidades domésticas, en el trabajo emocional y en la gestión del hogar”, critica. Esta disparidad refleja cómo las expectativas desiguales siguen marcando las relaciones y el atractivo del matrimonio en la sociedad actual.Por su parte, Peter McGraw, científico del comportamiento y docente en la Leeds School of Business de la Universidad de Colorado, reconoce en su testimonio que las mujeres siguen cargando con el peso del antiguo estigma asociado a permanecer solteras: “No hace tanto tiempo, las mujeres no podían votar ni tener una hipoteca o una tarjeta de crédito sin un hombre. El mundo estaba configurado de tal manera que, si querías vivir fuera de la casa de tu padre, necesitabas casarte”, reflexiona. El caso de la Generación ZLa Generación Z, nacida en un mundo de crisis económicas, pandemias e incertidumbre social, tiende a ser adversa al riesgo, lo que influye en sus decisiones de vida y relaciones. Esta cautela se refleja en retrasar la independencia, posponer o evitar el matrimonio y buscar empleos estables antes que aventuras inciertas.Por otro lado, también hay una parte de esta generación que anhela el matrimonio por su estabilidad: “Basándome en conversaciones con mis amigos, sé que ya estamos cansados de la cultura de citas de deslizar a izquierda y derecha y que anhelamos un compromiso real. Quiero casarme cuando tenga 30 años, pero estoy intentando estar contenta con mi soltería y prepararme por si no sucede”, afirma Alia Rose Ginevra, cantante de 22 años, en una conversación con
The New York Times. La doctora Manning no considera que estas decepciones marquen un supuesto descenso del valor del matrimonio: “Creo que valoramos tanto el matrimonio que queremos esperar hasta estar realmente preparados. Queremos asegurarnos de tener todos los recursos adecuados antes de empezar. La mayoría de personas todavía quieren casarse y esperan hacerlo”, termina diciendo. El año pasado los órganos judiciales tramitaron en España un total de 84.424 demandas de divorcio y separaciónGetty ImagesEn el caso de España, Cristina González, responsable de prensa y comunicación de Bodas.net, afirmó en una conversación con La Vanguardia que el interés por casarse nunca se ha perdido: “Quizás lo que sí que ha cambiado a lo largo de los años han sido los motivos para pasar por el altar”, afirma. Según el Libro Imprescindible de las Bodas, publicado por Bodas.net en colaboración con el profesor de ESADE, Carles Torrecilla, las principales motivaciones actuales de las parejas para casarse son, entre otras, las ganas de dar un paso más en su relación (56%), una excusa para celebrarlo con amigos y/o familiares (16%) o formalizar la relación por los hijos (10%).Purificació Mascarell, profesora en la Universitat de València, señala que este cambio de tendencia también puede entenderse a partir de la influencia cultural que han tenido las películas románticas de la década de los 2000, como El diario de Bridget Jones, El diario de Noa o 27 vestidos, entre otras. Según explica, estas historias contribuyeron a construir una imagen idealizada del matrimonio. El engaño del príncipe azul no solo ha funcionado en los cuentos: ha sido la manera de llevar al altar a una gran cantidad de mujeres convencidas de ir a vivir una historia de felicidad que solía caerse en pedazos tras la luna de miel, o incluso antes”, cuenta a La Vanguardia.Separarse implica doblar gastos y muchas parejas, con lo que cuesta hoy la vida, no tienen capacidad para asumir esa nueva situaciónJesús OderizAbogado de familiaEn otro punto están aquellas parejas que, ante las dificultades económicas de dejar de vivir en el mismo techo, deciden posponer la disolución matrimonial. Elena Crespo, abogada de familia, reflexionó sobre ello: “Encontrar otro piso o casa, con el alquiler por las nubes, e iniciar una nueva vida en solitario no está hoy al alcance de muchas de las parejas que quieren romper. Hay más parejas que deciden seguir compartiendo techo con la relación rota, a la espera de encontrar los medios necesarios para iniciar vidas separadas. En la misma línea coincide Jesús Oderiz, abogado de familia: “Separarse implica doblar gastos y muchas parejas, con lo que cuesta hoy la vida, no tienen capacidad para asumir esa nueva situación. Ese descenso de demandas de divorcio y separaciones no es porque ahora haya menos conflictos de pareja, es porque muchas deciden seguir compartiendo techo juntos, pero no revueltos por pura obligación y supervivencia”, señala.A pesar de estos cambios, el matrimonio no ha desaparecido, pero sí ha pasado a ser una opción más dentro de un abanico de modelos de vida. Factores culturales, económicos y generacionales han transformado la manera en que se entiende, retrasando o reformulando su papel en la sociedad actual.Redactor especializado en redes sociales, tecnología, tendencias virales y del mundo del entretenimiento