La contaminación por microplásticos cada vez más presente en los ecosistemas de la frágil y, hasta hace relativamente poco, impoluta Antártida y su fauna ya los tiene dentro. Lo último ha sido su detección en las playas de
Isla Decepción, en la
Península Antártica, donde
España tiene una de sus bases científicas, pero estos residuos ya antes fueron encontrados en el interior del continente blanco, en sus glaciares, en sus cordilleras e incluso en otras costas con menor presencia humana. Animales tan emblemáticos como focas, pingüinos, incluso mosquitos y, sobre todo, los organismos que habitan los sedimentos marinos ya los ingieren como parte de su dieta y no se conocen con precisión las consecuencias que tiene para su salud.Las últimas investigaciones publicadas, realizadas por científicos de la
Universidad de Cádiz, tras recoger muestras cerca de la base española
Gabriel de Castilla, indican estas partículas, de menos de cinco milímetros, proceden de plásticos más grandes degradados, como bolsas, botellas, envases… cuyo origen podría ser local o, apuntan, trasladados por corrientes, pero también del PVC como el que se utiliza en tuberías y cables y, sobre todo, de tejidos de poliéster y similares. Lee tambiénAlgunos científicos indican que la corriente circumpolar dificulta su llegada por mar hasta allí desde otros puntos del planeta, por lo que su origen sería local, pero también hay estudios recientes que indican que pueden ser transportados a través del viento desde lugares alejados, como la
Patagonia y en un plazo entre 24 y 48 horas. En el último trabajo español, encontraron entre dos y 31 microplásticos por cada kilo de arena en las 10 playas visitadas en torno a la caldera inundada del volcán de Decepción, justo en la zona intermareal en las que descansan muchos animales.La ‘invasión’ por estos fragmentos en un territorio polar que se creía prácticamente virgen hasta hace pocos años es cada vez más evidente. Hace ya unos años que el equipo del científico
Andrés Barbosa, ya fallecido, encontró microplásticos en las heces de varias especies de pingüinos. Al revisar las muestras recogidas por él mismo a comienzos de siglo, cuando aún no se estudiaba esta contaminación, resultó que ya las había. “Lo que no sabemos es cómo les impactan a estos centinelas ambientales”, señalaba entonces. Aún no se sabe. Más adelante se encontraron en el krill que alimenta a estas emblemáticas aves marinas, y en el salpa, un invertebrado gelatinoso que lo confunde con el fitoplacton y del que se alimentan, a su vez, peces y albatros.Es el primer informe de microplásticos en la placenta de mamíferos marinos antárticosJournal of Hazardous MaterialsMicroplásticos hallados en el océano.The ConversationTambién hay microplásticos en las focas, al menos de tres de las especies: la foca de Weddell, la cangrejera y el leopardo marino, como revelaron científicos argentinos en 2024. En febrero pasado, investigadores chinos publicaron las primeras evidencias de microplásticos en la placenta de las de Wedell, sobre todo restos acrílicos y de poliéster los más frecuentes. “Es el primer informe de microplásticos en la placenta de mamíferos marinos antárticos y establecen evidencia de su presencia en los fetos, lo que respalda una evaluación más exhaustiva de las posibles implicaciones para la función placentaria y el desarrollo temprano”, señalan en un trabajo publicado en Journal of Hazardous Materials. Pero incluso están en los diminutos insectos: otra investigación liderada por la Universidad de Kentucky los detectó en el intestino del único insecto nativo de la Antártida, lo que podría generar “efectos en su equilibrio energético”, según los autores.“No están en todos los lados por igual. Los análisis son complejos para que los resultados sean fiables, sin contaminaciones de los propios que recogen las muestras, pero lo que está claro es que están por todos los lados. Restos muy pequeños de fibras que se desprenden de la ropa pueden acumularse en los invertebrados, interactuar con algas en el hielo, viajar hasta allí con microorganismos o patógenos pegados. Incluso se han encontrado pellets, la materia prima para hacer plástico, que es evidente que han llegado hasta allí flotando o en las aves”, ha comentado el biólogo González Pleiter, de la Universidad Autónoma de Madrid, en charlas sobre este tema. Él lidero un proyecto que localizó estos residuos hace unos años en la protegida Península de Byers. No estaban en el mar, sino en un arroyo estacional de agua dulce. Y científicos británicos también los han detectado, en 2025, cerca de sus campamentos sobre glaciares del interior del continente.Y si están en muchos ecosistemas antárticos, y en la fauna más emblemática, su presencia aún es mayor en los sedimentos marinos, según una investigación aún sin publicar de Lluis Cardona, de la Universidad de Barcelona, que lideró el proyecto MicroAnt en la pasada campaña antártica 2024-2025. “Los microplásticos acaban por caer a los sedimentos marinos y los moluscos que filtran el agua y otros organismos bentónicos, que viven en el fondo, los ingieren. A algunos se los comen luego peces o el krill y entran en la cadena trófica, pero cuanto más alta está un animal en esa cadena, menos tiene, unos resultados que vamos a publicar en breve”, explica Cardona a La Vanguardia.Los microplásticos acaban por caer a los sedimentos marinos y los moluscos otros organismo, los ingieren(...) A algunos se los comen luego peces o el krill y entran en la cadena tróficaLluis CardonaUniversidad de BarcelonaSi bien el científico reconoce que es difícil saber qué impacto tienen en la longevidad o capacidad reproductora de estos organismos, más claro tiene su origen: “La mayoría son fibras textiles y proviene de la contaminación local, de los humanos que van a la Antártida. Son científicos, pero sobre todo son esos 120.000 turistas que van anualmente. Por ello, es un asunto que queremos abordar con los operadores turísticos para que conozcan el problema”, señala Carmona. ¿Y cómo llegan al fondo? Los densos como el PVC se hunden directamente, pero otras fibras aumentan de peso al adherírseles pequeños organismos y al quedar atrapadas en excrementos.Las soluciones, de momento, no son fáciles. Bases como las españolas ya hacen un filtrado de partículas cuando lavan la ropa de sus ocupantes, casi toda sintética, para evitar las fibras, pero la medida debería generalizarse a otros sectores, apunta Cardona. A nivel general, las recomendaciones de los científicos pasan por poner límites a la producción de este material, algo que se intentó con el Tratado Global del Plástico que promovía la ONU, y ha quedado varado de momento tras no alcanzarse un acuerdo. Mientras tanto, la Antártida, aunque a un ritmo mucho mejor que el resto del mundo, tampoco se salva de formar parte de la era del ‘plasticoceno’, como la llamó el biólogo Jason Stager.